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sábado, 19 de marzo de 2022

Bicentenario de Perú: ¿cuál fue realmente el último país sudamericano en independizarse de España?

El país andino es la última excolonia española en América del Sur en celebrar su bicentenario. Los otros ocho países sudamericanos que se emanciparon de la corona española celebraron sus bicentenarios mucho tiempo antes. Bolivia y Ecuador lo conmemoraron en 2009. Venezuela, Argentina, Colombia y Chile, en 2010. Y Paraguay y Uruguay, en 2011. Sería lógico concluir que el desfasaje se debe a que Perú se independizó una década más tarde que los otros países de la región, pero no fue así. De hecho, el lugar que fue el centro del poder español en Sudamérica ni siquiera fue el último territorio de esta región en formar un estado independiente. 
¿Cómo se explica entonces que esté festejando su bicentenario tanto tiempo después que sus vecinos? Y ¿cuál fue realmente el último país sudamericano en lograr su independencia?


"Primer Grito Libertario" 
La respuesta a la primera incógnita es que, mientras que Perú conmemora los 200 años desde que el general José de San Martín proclamó la independencia, muchos de sus vecinos sudamericanos optaron por conmemorar el bicentenario no de su emancipación, sino del inicio de las revoluciones que eventualmente los llevarían a ser naciones libres años más tarde.
Esto explica por qué Bolivia fue el primer país de la región en celebrar su bicentenario, el 25 de mayo de 2009, a pesar de que cumplirá 200 años de independencia el 6 de agosto de 2025.

Lo que conmemoró el entonces presidente Evo Morales fue el bicentenario de la llamada Revolución de Chuquisaca, que es considerada por muchos el "Primer Grito Libertario de América" (aunque algunos sostienen que fue en realidad en La Paz o Quito donde se marcó el inicio independentista).
La Revolución de Chuquisaca fue un levantamiento popular ocurrido el 25 de mayo de 1809 en la ciudad que hoy es Sucre y que en la época colonial formaba parte del Virreinato del Río de la Plata.
Los criollos destituyeron al gobernador y formaron una Junta de Gobierno, que fue sofocada en 1810. Esta revolución fue el puntapié inicial de una serie de procesos similares a lo largo de Hispanoamérica.

Lo que gatilló estas revoluciones fue la invasión francesa de España, en 1808, que llevó al rey Carlos IV y su hijo, Fernando VII, a abdicar a favor de Napoleón Bonaparte, quien nombró a su hermano José como nuevo rey español. Pero en las colonias americanas las elites criollas no reconocieron a José I y aprovecharon el vacío de poder para crear sus propios gobiernos.
Si bien estas primeras Juntas de Gobierno inicialmente juraron fidelidad a Fernando VII, eventualmente rompieron con la corona, inspirados en las recientes independencias de Estados Unidos (1776) y Haití (1804), y en la Revolución Francesa (1789). Así inició una larga y complicada oleada independentista que fragmentaría a la región, resultando eventualmente en las naciones que conocemos hoy.

Revolución vs independencia
Fue el bicentenario de estas revoluciones o "gritos libertarios" los que conmemoraron entre 2009 y 2011 países como Bolivia, Venezuela, Argentina, Colombia, Chile y Uruguay, que luego realizaron festejos más modestos para marcar los 200 años desde que proclamaron de hecho su soberanía.
Pero ¿por qué estos países no celebraron directamente la fecha en que efectivamente lograron su liberación (que en muchos casos es considerado su "día de la independencia" oficial)?

Y ¿por qué consideran como el inicio de su emancipación la instalación de las primeras Juntas de Gobierno cuando estas todavía eran fieles a la corona española?

La historiadora argentina Beatriz Bragoni, autora de "San Martin: Una biografía política del Libertador" (2019), le dijo a BBC Mundo que no se trató de una decisión "fortuita".
"Instalar una fecha o una efeméride responde a los intereses de los Estados en crear sus propias narrativas nacionales y sus propias identidades nacionales", señaló. "En términos estrictos, en 1809-11 no había vocación de independencia en relación con España", aclaró.
No obstante, resaltó que "las conmemoraciones son procesos de reconstrucción y de recuerdos selectivos que hacen todas las naciones".


¿Cuál fue el último?
Entonces ¿cuál fue realmente la última colonia española en Sudamérica en independizarse?

La respuesta depende de cómo se lo mire. Si nos fijamos cuál fue la última nación en declararse un Estado soberano la respuesta es Uruguay. El país rioplatense conmemora su día de la independencia cada 25 de agosto, porque fue en esa fecha, de 1825, cuando una asamblea de representantes firmó la declaración de independencia.
Sin embargo, Uruguay -que entonces se llamaba Provincia Oriental- no se estaba independizando de España, del cual ya se había emancipado.
Se estaba rebelando contra la corona portuguesa y el Imperio de Brasil, que lo había invadido, para sumarse a las Provincias Unidas del Río de la Plata, como se llamó al territorio independentista que suplantó al Virreinato del Río de la Plata.

Fue solo en 1828 que la nación logró su soberanía, tras una mediación de Inglaterra entre Brasil y las Provincias Unidas (conformadas principalmente por la actual Argentina).
Dos años más tarde, con la firma de la Constitución, adoptó el nombre de Estado Oriental del Uruguay, por el río que define parte de su territorio.

El último: ¿Cuál fue entonces el último en emanciparse de España?

Pues Perú fue el último en dar su "grito libertario" ya que Lima, al ser el centro del poder realista en Sudamérica, fue la que más resistió la revolución libertadora.
"El virrey del Perú, José Fernando de Abascal, cumplió un rol crucial en la defensa de los intereses del rey y de la monarquía mediante una enfática política de exterminio de lo que llamó insurgentes o revolucionarios americanos", cuenta Bragoni.
Con la caída de Napoleón en Europa y el restablecimiento de Fernando VII en España, en 1814, los españoles dieron batalla contra los movimientos separatistas americanos, y la capital del Virreinato del Perú jugó un papel clave.
"Lima fue el centro de la contrarrevolución porque ahí estaba la mayor opinión pública a favor de sostener la legitimidad monárquica y, al mismo tiempo, sus comerciantes, sus elites, financiaron la guerra en América del Sur", detalla la historiadora.

Fue así que, recién tras realizar su famoso cruce de los Andes y de liberar a Chile, en 1818, el libertador argentino San Martín llegó con su ejército a Lima, y declaró la independencia de Perú el 28 de julio de 1821.
Sin embargo, este no fue, en rigor, el último país sudamericano en liberarse de la corona española. Como ya hemos mencionado, Bolivia se declaró un estado independiente recién en 1825, cuatro años más tarde que Perú. Resulta que el lugar que dio el primer grito libertario terminó siendo el último en lograr su independencia.
El entonces llamado Alto Perú era una región autónoma que primero había sido dependiente del Virreinato del Perú y luego del Virreinato del Río de la Plata, pero, cuando estalló la revolución en Buenos Aires en 1810, el virrey Abascal lo volvió a reincorporar provisionalmente al territorio bajo su mando. Llevaría 15 años -y una larga guerra de guerrillas- liberar todo el territorio altoperuano del dominio español y poder fundar una nueva patria. La última nación sudamericana en independizarse de España fue bautizada República de Bolívar, en honor al libertador venezolano Simón Bolívar, pero en octubre de 1825 recibió su nombre actual de República de Bolivia.

FUENTE: BBC News Mundo

domingo, 21 de febrero de 2016

Bolívar y San Martín diseñaron un país sobre las bases de la marginación del indígena

Mark Thurner, historiador americano, investigó los orígenes del Perú bicentenario. Bolívar y San Martín en su visión republicana excluyeron y subestimaron al indio en la formación de un país que sigue discriminándolos.
El sujeto nombrado “indígena” entra en el escenario peruano con los Borbones. Se trata de un esfuerzo por desplazar al sujeto “indio” de las Leyes Indias de los Austrias, por medio de un proyecto fiscal afrancesado y modernizante, que busca redefinirlo como contribuyente y ya no como tributario. Entre las décadas del 1790-1810, tanto “indios” como “indígenas”, aparecen en los registros oficiales. A partir de las Cortes de Cádiz, “La Nación Yndica” es abolida, y todo “indio” o “indígena” es ahora un “español”. Sin embargo, los documentos de la época sugieren que la mayoría de los indios en el Perú habrían preferido ser nombrados –por el Estado- “indios tributarios”, para así mantener acceso a sus tierras y otros privilegios. En 1821, San Martín declara que los “indios o naturales” serían nombrados “peruanos”. Luego, Bolívar reintroduce el nombre borbónico de “indígena” –sobre todo por razones fiscales y políticos-, para así desplazar al “peruano”, declarado por San Martín. Esto se debe a que Bolívar considera a los indios como seres infantilizados, incapaces de gobernarse a sí mismos. Según él, los indios requieren de una legislación tutelar de protección como “indígenas”. Para Bolívar, el “indio” es el buen salvaje venido a menos. En resumen, “indígena” es una noción colonialista afrancesado, luego bolivariana y, finalmente, naturalista o indigenista.



El predicamento postcolonial criollo
Las repúblicas iberoamericanas no fueron un derivado político de las luchas de una clase media contra las clases dominante aristocrática. En lugar de ello, fueron estados creados desde arriba por las elites terratenientes coloniales que buscaron liberarse de una metrópoli decadente, cuyos representantes seguían monopolizando los privilegios políticos y económicos en las colonias. Pero las descontentas elites criollas fueron al mismo tiempo acicateadas hacia la independencia “por el temor a las movilizaciones de la ‘clase baja’, a saber, los levantamientos de los indios o los esclavos negros”. En suma, “la contradicción perenne de la posición (criolla) era estar siempre cogido entre la autoridad intrusa de la metrópoli europea y el descontento explosivo de las masas nativas”.

Las fisuras de la nación criolla
Para Bolívar y su republicanismo bonapartista con el que él traficaba, “América no tenía ninguna historia útil”, ya fuera europea o india, colonial o precolonial. Sucedía que ella estaba de un lado “separada tanto cultural como geográficamente de Europa”, y “habitada por pueblos cuya herencia cultural había sido obliterada por la conquista” del otro.
Para Bolívar, “ningún indio podía ser el portador de un pasado significativo o el dirigente espiritual de un futuro republicano, no importa cuán ficticio”. Bolívar en general pensaba en lo indios, cuando lo hacía, como una masa esencialmente dócil y no politizable que “sólo desea el descanso y la soledad”. Bolívar parece haber visto lo que quedaba de la nobleza india del Perú con un desprecio similar. Ella había sido cómplice del “despótico” dominio hispano.

El predicamento andino postcolonial
¿Pero cómo podría lo “peruano” ser leído por la mayoría “india”? El análisis del discurso político-legal revela traducciones subalternas no anticipadas del discurso nacionalista criollo. En Huaylas, “ex-indios” o “peruanos” interpretarían el proyecto nacional republicano en formas que San Martín y la elite criolla peruana no se habrían imaginado.
El proyecto criollo de construcción ciudadana que rebautizó a los “indios” como “peruanos”, lógicamente implicaba en teoría la negación o el desplazamiento de los distintos “derechos” o “privilegios” virreinales y el estatus derivado de la pertenencia a la república de indios, en favor del modelo civil unitario de la nacionalidad liberal en la República Peruana.

Entre la nacionalidad dual colonial y la unitaria postcolonial
En su decreto más célebre, San Martín declaró que todos los “indios” o “naturales” serían conocidos en adelante como “peruanos”. Pero al menos en la Huaylas postcolonial, su proclama parece haber sido tomada más literalmente y de forma más excluyente de lo que el Libertador había esperado. Allí, “peruanos” fue originalmente aplicado a los comuneros indios y no a la ciudadanía en general.

Tomado del libro: Republicanos Andinos 
Mark Thurner 
historiador americano.

sábado, 1 de agosto de 2015

Carlos Marx y su polémica con Simón Bolívar

por Carlos M. Ayala Corao 
Periodista boliviano, editor de El Heraldo

Karl Marx se refirió a Simón Bolívar como el "canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque", (carta de Marx a Engels de fecha 14-2-1858). En esa misma oportunidad, afirmó que Bolívar era un mito de la fantasía popular: "La fuerza creadora de los mitos, característica de la fantasía popular, en todas las épocas ha probado su eficacia inventando grandes hombres. El ejemplo más notable de este tipo es, sin duda, el de Simón Bolívar". 
En días pasados, por mera casualidad nos topamos con un pequeño opúsculo titulado Simón Bolívar, cuyo autor es Karl Marx, publicado por Ediciones Sequitur, Madrid, 2001. Confieso la impresión que nos llevamos al constatar la existencia de esta obra la cual ignoraba, como creo que es el caso de muchos venezolanos. 
La verdad es que con sus distancias geográficas y su diferencia de edades (Bolívar nacido en Caracas en 1783 y Marx en Tréveris en 1818), nada nos podía hacer suponer que alguno de ellos sería objeto de atención por el otro. Pero la coincidencia ocurrió cuando en 1857, Charles Dana, director del New York Daily Tribune, solicitó a Marx y a Engels un grupo de biografías para incorporarlo en la New American Cyclopaedia. 
Es el propio Marx quien en la referida carta a Engels, nos dio noticias de los reparos de Dana contra su artículo sobre Bolívar, porque estaba escrito en un tono prejuiciado y, además, le había exigido más fuentes. A Dana, no le faltó razón para rechazar el artículo de Marx, pues como incluso lo reconoció este último, ciertamente se salía del tono enciclopédico. 
Marx comienza su artículo refiriéndose a Bolívar como un descendiente de familias mantuanas, que en la época de la dominación española constituían la nobleza criolla en Venezuela. Luego, Marx continúa su relato emitiendo una serie de afirmaciones y conceptos ciertamente prejuiciados, inexactos o deformados sobre la vida del Libertador. En este sentido afirma que el Libertador rehusó adherirse a la revolución que estalló en Caracas el 19 de abril de 1810, a pesar de las instancias de su primo José Félix Ribas. En cuanto a la misión de Bolívar a Londres en 1811 (junto con Bello y López Méndez), Marx afirma que ésta se redujo a la autorización para exportar armas, teniendo que abonarlas de contado y pagar fuertes derechos.  La pérdida de la plaza de Puerto Cabello en la Primera República, Marx la describe como una huida cobarde y a escondidas de Bolívar para ocultarse en San Mateo y con posterioridad participar, personalmente, en el asalto y detención de Miranda en La Guaira, traicionándolo de esta forma al entregarlo engrillado al general español Monteverde -quien lo envió a Cádiz donde luego moriría-. Esta traición la reseña Marx como debidamente recompensada con la expedición del pasaporte español a Bolívar, en reconocimiento por su 'servicio prestado al Rey de España con la entrega de Miranda'. 

SIMÓN BOLÍVAR
Marx describe la victoria en la toma de Santa Marta en 1814 como una hazaña en la cual, a pesar de que la ciudad ya había capitulado, Bolívar le permitió a sus soldados que la saquearan durante cuarenta y ocho horas. La retirada a Jamaica en 1815 es descrita como una huida de Bolívar durante ocho largos meses, mientras los generales patriotas ofrecían su tenaz resistencia en Venezuela; y la Carta de Jamaica es una defensa de Bolívar ante su fuga de los españoles, en la cual pretendió presentar su renuncia al mando supuestamente en aras de la paz pública. Marx describe otra huida cobarde de Bolívar en 1816 frente a una diminuta fuerza del general Morales en Valencia, que lo llevó a retroceder a rienda suelta hasta Ocumare (de la Costa) para saltar y embarcarse a bordo del Diana rumbo a Bonaire, 'dejando a todos sus compañeros privados del menor auxilio'. De allí _relata el autor_ que Piar haya amenazado a Bolívar con someterlo a un consejo de guerra por deserción y cobardía. Piar es para Marx el héroe singular de la conquista de Guayana que le da un vuelco favorable a la guerra de Independencia. Bolívar es el dictador traidor y cobarde que (de nuevo) abandona a Arismendi en 1817 en Margarita en manos de los españoles, y luego a Freites en la Casa de la Misericordia en Barcelona, donde éste muere en batalla. Frente a ello, Piar no escatimaba sarcasmos contra Bolívar como el 'Napoleón de las retiradas'. Pero bajo 'falsas imputaciones' de haber conspirado contra los blancos, atentado contra la vida de Bolívar y aspirado al poder supremo, es que Piar es fusilado en Angostura. 
La conquista de Nueva Granada no se le debe a Bolívar y a las tropas patriotas, sino a 'las tropas extranjeras, compuestas fundamentalmente por ingleses'. Por ello -anota Marx- tras dejar en funciones al Congreso granadino y al general Santander como comandante, Bolívar marchó a Pamplona, 'donde pasó más de dos meses en festejos y saraos'. 
A la cobardía de Bolívar en Calabozo en 1819, al no haber decidido avanzar sobre las tropas inferiores en número de Morillo, se debe la prolongación de la guerra por cinco años más; y la tregua del Convenio de Trujillo en 1820 con Morillo fue hecha 'a espaldas del Congreso de Colombia'. 
En cuanto a la Batalla de Carabobo (1821), Marx relata que a Bolívar le pareció tan imponente la posición del enemigo, 'que propuso a su consejo de guerra la concertación de una nueva tregua, idea que, sin embargo, rechazaron sus subalternos'. Los éxitos de la campaña de Quito (1822) 'se debieron a los oficiales británicos'. Y en Bolivia, 'sometida a las bayonetas de Sucre', Bolívar 'dio curso libre a sus tendencias de despotismo'. 

El Congreso de Panamá (1826) 
Fue convocado por Bolívar con la intención real de unificar América del Sur en una república federal, cuyo dictador quería ser él mismo. Los diversos mandatos de Bolívar al frente de la Gran Colombia fueron planeados por él para satisfacer sus apetencias de poderes dictatoriales. 
Finalmente en 1830 Bolívar pretendía invadir a Venezuela desde Colombia para someterla, pero se asustó frente al ejército de Páez, y se vio entonces obligado a presentar su dimisión, a condición de que se retirara al extranjero favorecido con una pensión anual. 
En la descripción personal de Bolívar que Marx cita de Docoudary-Holstein, se lee entre otras perlas lo siguiente: 
"Tiene frecuentes y súbitos arrebatos de ira, y entonces se pone como loco, se arroja en la hamaca y se desata en improperios y maldiciones contra cuantos lo rodean. Le gusta proferir sarcasmos contra los ausentes, no lee más que literatura francesa de carácter liviano ... Le agrada oírse hablar, y pronunciar brindis le deleita". 

Este texto de Marx, suerte de 'leyenda negra' de nuestro Libertador Simón Bolívar, fue descubierto en 1935 por Aníbal Ponce en los archivos del Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú, y tras ser traducido, fue publicado por primera vez en castellano en la revista Dialéctica de Buenos Aires en 1936. 
No podemos menos que expresar que resulta insólito un texto histórico tan prejuiciado como el escrito por Marx sobre Bolívar. Posiblemente en ello influyó sobre Marx la noción hegeliana de los 'pueblos sin historia'. Pero aun así, ello pone de relieve los errores de mezclar la ideología con la historia. 
Lo curioso es que esta visión del proceso revolucionario de la independencia latinoamericana haya sido compartida por marxistas acríticos de tendencia historiográfica soviética, prácticamente hasta 1959, cuando en la segunda edición en ruso de las obras de Marx y Engels se incluyó por primera vez una severa crítica de las posiciones sostenidas en el artículo de Marx sobre Bolívar.entonces, que aprendamos la historia de los historiadores y viceversa, para no cometer sus propios errores.