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martes, 22 de marzo de 2016

Manco Inca (1515-1545)

El huascarista Manco Inca se alió con Pizarro para la toma del Cusco y consolidó la conquista. Luego, se dio cuenta de la calaña de los chapetones y se rebeló, iniciándose un proceso de reconquista que duró tres siglos.

¿Quién fue Manco Inca Yupanqui o Manco II?
Manco Inca, llamado también Manco II, era uno de los hijos de Huaina Cápac con la Coya imperial del Cusco. Nació, probablemente, en 1515. Fue nominado Zapa Inca pizarrista al poco tiempo de morir Túpac Huallpa (Toparpa). Su ascenso a Zapa Inca fue pactado en el encuentro que tuvo con Pizarro en Jaquijahuana. Su reconocimiento y colocación de la mascapaycha se produjo en el Cusco. Fiel a los términos del compromiso adquirido, al principio colaboró en todo con Pizarro. Llegó a ayudarlo en la guerra contra las tropas rebeldes del general Quízquiz, hasta alejarlo de Huánuco y situarlo a merced de los españoles y huascaristas en las tierras norteñas. Pero la armonía entre Francisco Pizarro y Manco Inca duró muy poco. No por culpa de él sino de los chapetones, hasta que llegó Hernando Pizarro de España y lo puso en libertad en febrero de 1536; pero sin que pueda salir del Cusco.


Su huida a Calca
Harto de esa situación, tramó un engaño. “Como prueba de gratitud”-dice-, le regaló a Hernando Pizarro una vajilla de oro, algunas estatuas de oro, aríbalos llenos de oro en polvo y vigas de plata del Coricancha. Cuando observó que la ambición del conquistador iba creciendo, le dijo a Hernando Pizarro que iba a traerle la estatua de Huaina Cápac, “toda de oro, incluso las tripas”. El ambicioso español le creyó. Manco Inca salió del Cusco el 18 de abril de 1536 y ya no regresó. Su primer refugio fue Calca. En coordinación con el sumo sacerdote Villac Umo o Villaoma (hay duda si era título o nombre propio) llamó a sus fieles generales y curacas y armó un poderoso ejército. Tenía la ventaja que había convivido con los españoles y sabía de sus costumbres, sus “malas artes”, la potencia y manejo de sus armas, sus tácticas de guerra, el dominio de la cabalgadura y sus aperos y de su ambición desmedida por el oro y la plata.

Una vibrante proclama
Desde su refugio en Calca, Manco Inca Yupanqui lanzó la siguiente arenga: “Yo estoy determinado de no dejar cristiano en vida en toda la tierra y para esto quiero primero poner cerco en el Cusco; quien de vosotros pensare servirme, servirme en esto, ha de poner sobre tal caso la vida; beba por estos vasos y no
con otra condición”. Fueron llegando sus generales y cada uno de ellos bebió la chicha (bebida sagrada) en señal de aprobación y entrega por la causa de la reconquista. Nombró a Villaoma como jefe de su ejército y a Paucar Huaman como maestre de campo.

Manco Inca gana en las batallas de Calca y Yucay
Miles de guerreros incas se le unieron, incluso un español. Hernando Pizarro, con la conciencia de sentirse culpable de la evasión del Inca, organizó su ejército y se dirigió en su búsqueda a Calca. Las tropas de Manco Inca se enfrentaron a los españoles y los hicieron huir, persiguiéndolos hasta las cercanías del Cusco.
En el valle de Yucay vuelve a trabar lucha contra las fuerzas de Gonzalo Pizarro; pero también los derrota y los hace huir.

Se formaron dos frentes de ataque contra los conquistadores
Desde mayo de 1536, Manco Inca preparó el ataque contra los conquistadores por dos frentes: uno, a Lima; otro, al Cusco. Su objetivo era cortar las comunicaciones entre Francisco Pizarro y Hernando Pizarro. Que no haya ningún auxilio entre los ejércitos españoles de ambas ciudades. Él mismo se encargó de la ofensiva a la ciudad imperial. El príncipe Quisu Yupanqui encabezó la ofensiva a Lima. La primera ofensiva duró de mayo de 1536 a abril de 1537. Para entonces, muchos jefes y guerreros de ambas tropas imperiales habían aprendido a emplear los elementos de guerra europeos (montar a caballo, usar arcabuces, ballestas, etc.).

Las tropas de Manco Inca toman el Cusco
En el mes de mayo de 1536, Manco Inca, con el cerco al Cusco, estaba dejando para la historia lecciones de heroicidad. Estaba “dispuesto a liquidar a los barbudos o suncasapas”. Luego de una semana de luchas encarnizadas, las tropas de Manco Inca y Villaoma lograron arrinconar a los enemigos en los edificios céntricos de la ciudad y en la plaza mayor. Al verse casi derrotados, los españoles se arrodillaban, pedían misericordia. “¡Santiago! Válgame Santiago. ¡Santa María! Válgame Santa María. ¡Ayúdanos Dios!”.

Manco Inca, el nuevo Zapa Inca, aparece al lado derecho
de la lustración
Hernando Pizarro rompe el cerco
En el séptimo día, Hernando Pizarro trama una desesperada estratagema.
a). Ordena que su caballería salga por el camino a Chinchasuyu, simulando la huida. 
b). Curi Atao, Cuillas y Taype, los generales que, con sus tropas, cuidaban esa parte del cerco caen en el ardid y ordenan que les dejen pasar porque “a Castilla se van; ¡atajadlos!”. Prefieren perseguirlos en campo traviesa. Allí los caballos son más veloces. 
c). Roto el cerco,Hernando Pizarro decide dirigirse a Sacsayhuamán y tomarlo. 
d). El general Pascaq, su aliado, avisado de la estrategia de Hernando Pizarro, va en su socorro y se acerca a la fortaleza. 
e). Villaoma y Paucar ordenan a sus ejércitos replegarse a la fortaleza, porque corrían peligro de ser derrotados al pie de ella por las fuerzas combinadas de Hernando Pizarro y Pascaq.

La pelea por la fortaleza y la muerte de Juan Pizarro
La fortaleza de Sacsahuamán o Sacsayhuamán (ubicada a 3 691 m de altitud), puerta de entrada al Cusco, fue lugar de continuos combates entre ambos ejércitos. El ejército de Villaoma y Paucar trataba, por todos los medios, de defenderla; era un bastión rebelde de gran significado. Los Pizarro- Pascaq y los Huaypar e Inguill (hermanos de Manco Inca) hacían todo lo posible para ganar la fortaleza y terminar con el asedio del Cusco. En uno de esos enfrentamientos Juan Pizarro recibió una pedrada en la cabeza “[...] y desde allí a quince días murió”.

Los incas de cercadores pasan a ser cercados
La tropa indígeno-española tomó, entonces, la decisión de cercar la fortaleza. De esa manera, imposibilitaron a los rebeldes de Manco Inca el recibir apoyo, alimentos y pertrechos. Cuando dichos elementos empezaron a escasear en Sacsayhuamán, el lugarteniente del Zapa Inca consultó a su estado mayor qué hacer. La mayoría estuvo de acuerdo con retirarse; pero hubo un osado guerrero indígena que luchó hasta ofrendar su vida por la reconquista. Para Edmundo Guillén, se llamaba Titu Kusi Huallpa, “uno de los juramentados de Calca”. Para otros, es simplemente Cahuide. Pedro Pizarro narra cómo murió Cahuide: “Subiendo a uno de los españoles por dos o tres partes ganaron el cubo. Visto este orejón que se lo habían tomado por dos o tres partes el fuerte, arrojando las armas se arrojó del cubo abajo más de cien estados y así se hizo pedazos”. Muerto Cahuide, fue fácil para los españoles tomar la fortaleza de Sacsayhuamán. Dos mil guerreros incas fueron pasados a cuchillo por las sanguinarias huestes del ejército combinado indígeno-español. Los Pizarro harían quedar para la historia que fue otra hazaña suya. Lo cierto es que ese resultado adverso para los rebeldes y para la reconquista fue dirimido entre los propios incas, en un episodio más de la rivalidad tradicional de las panacas reales.

Manco Inca rechaza a Pizarro
Manco Inca, para entonces, había escogido la fortaleza de Ollantaytambo como su centro de operaciones.
Se dice que, en una operación militar muy audaz, Hernando Pizarro alistó un ejército y se propuso tomar dicho bastión rebelde. Marchó del Cusco con su caballería y 30 mil guerreros indios. Eran las tropas de los incas Huaypao e Inguill. Armó su campamento en el valle de Urubamba, muy cerca de Ollantaytambo. Un día, se atrevió a tomar por asalto la fortaleza; pero vio que Manco Inca cabalgaba un brioso corcel, disponiendo a sus tropas a repelerla agresión. Se produjo la contraofensiva del Inca, con varios disparos de arcabuces y la aparición de miles de guerreros por los parapetos de la pucara. A Hernando Pizarro no le quedó otra alternativa que ordenar el repliegue. Manco Inca ya estaba disponiéndose a atacarlos en su campamento base. Olfateando el inminente peligro y aprovechando la llegada de la noche, Hernando Pizarro dispuso el retorno al Cusco. Tan apresurada fue esa medida que los españoles dejaron abandonados los
toldos de campaña.
Manco Inca y su corte, según Felipe Guaman Poma de Ayala
Almagro y Paullu Inca dominan la situación
La secreta alianza Almagro-Paullu Inca tuvo muy pronto su expresión pública. Luego de una escaramuza, tomaron el Cusco y apresaron a los hermanos Pizarro. Manco Inca decidió alejarse de Ollantaytambo y refugiarse en Vitcos y Vilcabamba, para alistarse y reiniciar la guerra de reconquista. El 12 de julio de 1537, la alianza Almagro-Paullu Inca derrotó en Abancay a las tropas de Alonso de Alvarado. Almagro, para consolidarse en el poder, nombra a Paullu Inca como Zapa Inca. El nuevo “Zapa Inca” pierde una oportunidad histórica Manco Inca Yupanqui mandó decir, en secreto, a Paullu Inca que se le uniese para aniquilar a los españoles y restaurar el Tahuantinsuyu. Paullu Inca no aceptó. Le pidió rendirse. “Los españoles son muchos”, le dijo. Le garantizaba un “buen tratamiento” y que “podría entregarle la mascapaycha”. Ante esa inaudita respuesta, Manco Inca y su pequeño ejército se dirigieron por el valle de Amaybamba. Para cuidar su retirada, porque Almagro había ordenado al mariscal Rodrigo de Orgóñez que vaya en su persecución y lo aprese o mate, hace quemar los puentes. Pero la tropa de Orgóñez-Paullu Inca siguió avanzando. Manco Inca cruzó el puente de Chuquicara y se guareció en el palacio de Vitcos. Allí lo sorprendió el ejército indígeno-español. Manco Inca, Villaoma y sus leales apenas pudieron escaparse y esconderse en una comarca cercana.

El saqueo de Vitcos y el alejamiento de Almagro
Lo primero que hace Orgóñez es saquear Vitcos. Encuentra abundante oro y plata, donde destaca una
gran imagen del sol, hecha de oro fino. También, el cuerpo de Huaina Cápac, embalsamado, y que los incas
habían llevado allí para esconderlo de la vista de los españoles cuando llegaron al Cusco. La momia de Huaina Cápac y el Inti de oro fueron entregados a Paullu Inca en recompensa por sus servicios. Cuando Orgóñez se disponía a seguir la persecución recibe la orden de Almagro de retornar al Cusco. Tenían que ir a la Ciudad de los Reyes a culminar unas negociaciones sobre su gobernación con Francisco Pizarro. En efecto, Almagro deja el Cusco el 15 de noviembre de 1537, llevando prisionero a Hernando Pizarro.

Manco Inca se retira
Manco Inca, cuyo centro principal de resistencia ya era Vilcabamba, aprovecha esta situación y organiza varias expediciones a la zona central del Perú, entre los primeros meses de 1538. Su propósito era unificar a los curacas de la región y rehacer su ejército. Pero se encuentra con serias dificultades, aquellas que se arrastraban desde antaño y se manifestaban en un resentimiento contra los cusqueños y una adhesión actual a los españoles, sus “liberadores”. Por ejemplo, los huancas se declaran sus enemigos acérrimos. Enfrentan a varias de sus expediciones, matando a algunos de sus generales y a cientos de sus soldados. La última expedición es comandada por él mismo. Logra castigar a los huancas sacando al ídolo Huari Huillca de su templo, arrastrándolo y botándolo al río Mantaro. Pero ni con esa temeraria medida logró la colaboración de esa etnia ni de otras de la zona central del Perú. Manco Inca, desengañado, ordenó la retirada a Vilcabamba. Por eso, cuando Francisco Pizarro pasó por Hatun Jauja el 28 de julio de 1538, la zona estaba totalmente apaciguada, más anticusqueña que nunca.

Paullu Inca y un golpe de suerte
Los Pizarro-Paullu dominaron toda la zona sur. Manco Inca se había refugiado en Vilcabamba. Gonzalo Pizarro y Paullu Inca iniciaron su campaña contra el último bastión rebelde en julio de 1539. En el paso de Chuquillusca, los incas no sometidos casi los hicieron huir. Paullu Inca impidió la fuga de los españoles porque les increpó su conducta. Solamente para no ser tildados de cobardes, los pizarristas siguieron en la expedición. Cerca de Hatun Pucara iban a caer en una terrible emboscada. La suerte los acompañó una vez más, porque una piedrecilla cayó desde lo alto a las botas de Gonzalo Pizarro, alertándolo. De inmediato, Pizarro ordenó guarecerse a sus tropas, mientras enormes rocas caían desde lo alto. El paso quedó totalmente cubierto. A muy poca distancia había quedado el ejército Pizarro-Paullu, sano y salvo.

Pintura de la National Geographic donde se ilustra cómo habría sido la batalla de Sacsayhuamán
La feroz batalla en el Hatun Pucara
Terminado el susto y pasados unos días, los Pizarro-Paullu llegaron a la base del Hatun Pucara, listos para tomarla. Esa fortaleza estaba ubicada en la ribera del río Pampacona, en la cima de un barranco, a 3 leguas (16,5 km) de la ciudad de Vilcabamba. Allí se habían parapetado las fuerzas de Manco Inca. Los Pizarro-Paullu les hicieron cerco y les asediaron ferozmente. Las escaramuzas duraron unos 10 días. Se combatió en accidentada zona selvática, llena de riscos, bosques y yerbajos. Las fuerzas de Manco Inca lograron dar muerte a Huaypar e Inguill, los traidores hermanos del Inca. Pero, en un contraataque, los Pizarro-Paullu tomaron la parte alta del barranco, por encima de la fortaleza. Desde esa posición, los arcabuces, ballestas y pedradas empezaron a hacer mella en el ejército inca. La esposa del Inca, la Coya Cura Ocllo y su hermano Cusi Rimachi fueron tomados prisioneros. Manco Inca, a instancias de sus leales, se tiró al río Pampacona, lo cruzó a nado y escapó de los Pizarro-Paullu.

Muerte y premonición
Gonzalo Pizarro mandó decir a Manco Inca que le daba un plazo de 30 días para que se entregue. Pero este no respondió. Apremiado por el clima hostil de la Rupa-rupa, Gonzalo Pizarro tuvo que regresarse al valle de Yucay. En noviembre de 1539 también lo hizo Francisco Pizarro. Entre ambos hermanos acordaron chantajear a Manco Inca. Le mandaron decir que si no se entregaba, mataban “a flechazos” a su esposa y hermana la Coya Cura Ocllo, hermosa joven, hija de Huaina Cápac. Manco Inca mostró indignación ante la propuesta y la rechazó. Cura Ocllo también  respondió con valentía. Cuando los flecheros estaban frente a ella, les dijo: “¿En una mujer vengáis vuestros enojos? ¿Qué más hiciera otra mujer como yo? Dáos prisa, acabadme, porque se cumpla vuestros deseos en todo”. Pedro Pizarro, el cronista, reconoció que su tío tuvo un final trágico por haber hecho matar a esta “princesa inca”.

Los incas rebeldes jaquean a los pizarristas
Manco Inca se sobrepuso con valentía a esa tragedia. Con el convencimiento de que “muy pronto los Paullu incas se darían cuenta de la mala fe de los españoles” y se plegarían a sus huestes, organizó la guerra de guerrillas. Esa táctica consistía en atacar sorpresivamente y, luego, esconderse. Con ese sistema, tuvo en jaque a las fuerzas enemigas que se desplazaban entre San Juan de la Frontera de Huamanga y el Cusco. Illa Túpac también aplicó esa táctica en el Cápac Ñam, entre los huanucus y los caxamarcas.

Las tácticas de Manco Inca
Cuando en 1542 supo de la muerte de Francisco Pizarro, Manco Inca apoyó a Diego de Almagro “El Mozo”. Le envió caballos, armas y guerreros para que se enfrente a Vaca de Castro. Fatalmente, “El Mozo” fue derrotado en Chupas, el 16 de setiembre de 1542. Manco Inca, sin embargo, recibió a un grupo de almagristas que se refugiaron en Vitcos. Cuando se rebeló Gonzalo Pizarro contra la Corona española y se enfrentó al virrey Blasco Núñez de Vela, Manco Inca mandó decir al virrey que lo apoyaría. No hubo esa ocasión, porque Núñez de Vela fue muerto en la batalla de Añaquito.

Retrato de Manco Inca
Muerte de Manco Inca
El capitán Alonso de Toro, teniente gobernador del Cusco, con autorización de Gonzalo Pizarro, inició tratativas secretas con los almagristas de Vitcos. Les ofreció perdón y libertad si es que mataban al Inca. Los almagristas aceptan esa condición y asesinan a Manco Inca en los primeros meses del año 1545.
Según su hijo Titu Cusi Yupanqui, el asesinato de Manco Inca se habría producido de la siguiente manera: “Estaban un día con mucho regocijo jugando al herrón (nota: juego antiguo con tejo de hierro, que tenía hueco en el centro, y que se trataba de meter en un clavo hincado en el suelo) solos mi padre y ellos y yo, que entonces era muchacho, sin pensar mi padre cosa ninguna ni haber dado crédito a una india de uno de ellos, llamada Bauba, que le había dicho muchos días antes que le querían matar aquellos españoles. Sin ninguna sospecha de esto ni de otra cosa se holgaba con ellos como antes; y en este juego como dicho tengo, yendo mi padre a levantar el herrón para haber de jugar, descargaron todos sobre él con puñales y cuchillos y algunas espadas; y mi padre como se sintió herido, con mucha rabia de la muerte, procuraba defenderse de una parte y de otra; mas como era solo y ellos siete, y mi padre no tenía arma ninguna, al fin lo derrocaron al suelo con muchas heridas y lo dejaron por muerto. Y unos andes, que a la sazón llegaron y el capitán Rimachi Yupangui, les pararon luego de tal suerte, que antes que pudiesen huir mucho trecho, a unos tomaron el camino mal de su grado, derrocándolos de sus caballos abajo, y trayéndolos por fuerza para sacrificarlos. A todos los cuales dieron muy crudas muertes”. A pesar de sus mortales heridas, Manco Inca Yupanqui todavía vivió unos cuantos días más. Titu Cusi Yupanqui salió herido; pero, prontamente, se recuperó. Los 7 chapetones, luego de ser torturados, fueron ejecutados. Sus cráneos fueron puestos sobre unas picas y exhibidos durante largos años en la plaza de Vilcabamba, para escarmiento. Titu Cusi Yupanqui recuerda que en una de las últimas conversaciones que tuvo con su agonizante padre, éste le dijo: “...no consientas que entren en tu tierra, aunque más te conviden con palabras, porque sus palabras melosas me engañaron a mí y ansí harán a tí si los crees”.

FUENTE: Julio Villanueva Sotomayor
Biografias "Manco Inca"

martes, 2 de febrero de 2016

INÉS HUAYLAS YUPANQUI, "Símbolo de la mujer conquistada"

¿QUIÉN Y DE DÓNDE FUE?
Fue una princesa inca, de la más alta nobleza del Tahuantinsuyo. Su padre fue Huayna Cápac y su madre la coya Hanan Collque, hija de Huacachillac, el mayor señor del guamani Huaylas. Nació en un lugar denominado Tocash (Callejón de Huaylas).Hermana de Atahualpa, de estirpe señorial. Conquistó a dos españoles y se hizo respetar por los chapetones.
“Los Huacachillacs de Huaylas –dice el historiador R. Cúneo-Vidal- representaban por entonces la más alta nobleza peruana allegada al trono”.
En la “Genealogía de don Melchor Carlos Inga” hallada en el Archivo Nacional de Madrid, se dice: “Consta de declaraciones como Huayna Cápac tuvo por mujer legítima, según ley, a Hanan Collque, hija de Hacachillac, el mayor señor de la provincia de Huaylas, el cual, por ser señor principal, bien pudo casar a su hija con el dicho Emperador. La dicha Hanan Collque, mujer de Huayna Cápac, andaba en andas y con quitasol, y se llamaba coya, que era nombre de reina y se daba a las mujeres legítimas de los incas”.

Recreación de Inés Huaylas Yupanqui
Lo que pasó fue que en las últimas décadas del siglo XIV, llegó a ese lugar, en su viaje para conquistar a los “huaras”, “piscobambas” y “conchucos”, Túpac Inca Yupanqui, quien cumplió su cometido, aunque con gran esfuerzo y con una formidable tropa que contaba con miles de soldados, debido a la feroz resistencia que pusieron los habitantes del lado oriental de la Cordillera Blanca. Entre los trofeos que llevó al Cusco se encontraba la hija de uno de los curacas. Más tarde, con esa ñusta tuvo Huayna Cápac a una de sus hijas.
En el año 1532 llegaron los hombres de Occidente. Pizarro y su escaso ejército poseían armas de fuego, caballos, armaduras, espadas y perros amaestrados para cazar hombres. Eran guerreros recientemente fogueados en la lucha y expulsión de los árabes, de la conquista de Nueva España, además, firmes creyentes de que eran los elegidos de Dios.
Ayudados por indios huascaristas conquistaron un grandioso imperio apresando a Atahualpa Inca Yupanqui. La joven ñusta, que pertenecía a la corte del inca prisionero, fue bautizada a los 17 años, recibiendo el nombre de Inés Huaylas Yupanqui.

EL MARQUÉS ENCONTRÓ UNA PRINCESA
Pizarro se enamoró de ella y la escogió como su pareja, llegando a tener con ella dos hijos: Francisca Pizarro Yupanqui y Gonzalo Pizarro Yupanqui. El rey Carlos V, por cédula de Monzón del 12 de octubre de 1537, ordenó que se les tuviese por legítimos. Los descendientes directos de estos llegaron hasta la quinta generación. Doña Luisa Vicenta Pizarro y Fernández-Somoza, los últimos herederos de Pizarro y Huaylas, murieron en el año 1756.
Don Francisco Pizarro tuvo otro hijo más: Francisco Pizarro Yupanqui, tenido con otra ñusta, doña Angelina Yupanqui, hermana de doña Inés y de Huáscar. De él dice el Inca Garcilaso de la Vega, en sus “Comentarios Reales de los Incas”, que fue “grande amigo y émulo mío, porque, de ocho o nueve años que éramos, nos hacía correr y saltar su tío Gonzalo Pizarro”.

LOS CONQUISTADORES EN ÁNCASH
Laguna de Llanganuco, en el Callejón
de Huaylas, zona de la cual era doña Inés.
Francisco Pizarro, luego de la captura y muerte del último emperador Inca en Caxamarca (actual Cajamarca), en su viaje al Cusco, ingresó a la región Áncash, por la zona de Pallasca. El 23 de agosto de 1533, cruzó el río Tablachaca con su comitiva integrada por el padre Valverde, de doña Inés de Huaylas Yupanqui, Diego de Almagro, el nuevo Inca Inti Cussi Túpac Huallpa Yupanqui, el general Chalcochima,
como prisionero, el secretario del conquistador Pedro Sancho de la Hoz, 400 hombres, miles de indios auxiliares, negros, moriscos y sus perros. Una larga columna de cargueros indígenas, les seguía con el oro, la plata y los abastecimientos. El fértil valle de los Huaylas por su estratégica ubicación geográfica, resultaría paso obligado de los conquistadores.
Y es así que sin confirmarse el dato, el 20 de enero de 1572, día domingo, se fundaría el pueblo de Huaraz bajo la advocación de San Sebastián, por el capitán Alonso de Santoyo y Valverde.
Huaraz asume en esa fecha la sede del Corregimiento de Huaylas hasta 1784. Entre esa fecha y 1821, es capital del partido o subdelegación de Huaylas. El 12 de febrero de 1821, por disposición del Reglamento provisorio de Huaura, con la firma del general José de San Martín, en plena guerra de Independencia, se convierte en capital del departamento de Huaylas.

EL FUTURO DE DOÑA INÉS
Después de su viaje al Cusco, Pizarro busca en la costa andina un lugar seguro para fundar la capital de su gobernación. Funda la Ciudad de los Reyes el 18 de enero de 1535 y le da la categoría de ciudad-capital.
El vínculo con Inés Huaylas facilitó a Pizarro en el Cusco el apoyo de Manco Inca, hermano de la ñusta, contra los intentos de resistencia de los generales quiteños. No sabemos cómo reaccionó ella ante las profanaciones y el saqueo de los lugares sagrados incas. Algunas versiones aseguran que Inés colaboró con la rebelión de Manco Inca en 1536. Incluso se asegura que Inés facilitó al inca la fuga del Cusco, fuga que permitió a Manco Inca reunir un ejército y poner sitio a la ciudad. En todo caso, el vínculo con el jefe de la conquista se mantuvo inalterable hasta el año 1538.

¿POR QUÉ SE ROMPIÓ LA UNIÓN PIZARRO-YUPANQUI?
Entonces, súbitamente, se deshizo el matrimonio, a la usanza inca, e Inés contrajo prontas nupcias en Lima, ante los altares, con otro conquistador, Francisco de Ampuero, uno de los que había estado presente en la captura de Atahualpa Inca Yupanqui. Subsistió durante muchos años la versión que el propio Pizarro los instó a casarse, espada en mano, “tras haberlos sorprendido como amantes”. Pizarro murió en el año 1542, como sabemos, asesinado por los almagristas. “… no incluyó en su testamento ni a Inés ni a sus hijos, aunque éstos luego recibirían mercedes por su condición. Los hijos fueron enviados a España por Ampuero bajo la protección del rey. Francisco de Ampuero llegó a ser alcalde mayor de Lima y dio a su esposa india fortuna y buen nombre. Francisco de Ampuero tuvo con ella tres hijos y al morir dejó a su esposa sus bienes. Inés Huaylas sobrevivió a su viudez muchos años y murió en Lima en buena estima y con nutrida descendencia.
Cuenta José Antonio del Busto que la ilustre huaylina fue conocida como ‘la madre de los Ampueros’, por los ‘muchos y poderosos’ criollos limeños de ese nombre que heredaron su sangre” (“Áncash”, La República, 2003).

LA DESCENDENCIA DE LOS OTROS PIZARRO
Hernando Pizarro no tuvo hijos. Juan tuvo una hija, a quien llamó Francisca Pizarro, quien casó años después con el español Garcilópez Gonzáles, con quien tuvo dos hijas. Gonzalo tuvo tres hijos, dos de los cuales murieron en la infancia y solamente sobrevivió Inés, una hija tenida con una ñusta del ayllu Iunquill Túpac Yupanqui, de la corte de Inti Cussi Túpac Huallpa Yupanqui. En resumen, los 4 Pizarro solo tuvieron 7 hijos americanos.

¿CÓMO SE SENTIRÍAN LAS MUJERES DE LOS PIZARRO?
Duro predicamento debe haber sido sido para las esposas, concubinas o amantes de los conquistadores el estar al lado de ellos, responder pasivamente a las caricias de hombres en quienes veían al destructor de sus hermanos y demás parientes, así como al expoliador de su nación.

Lima, 6 de marzo de 2009. 
Julio R. Villanueva Sotomayor

jueves, 21 de enero de 2016

Cusco en descripción del secretario personal de Francisco Pizarro

El relato de Pedro Sancho, publicado en 1873, resume el asombro y admiración que los españoles tuvieron al poner los pies en el ombligo del mundo.

Pedro Sancho Secretario
personal de Pizarro
La ciudad del Cusco por ser la principal de todas en donde residían los principales señores, es tan grande, tan bella y con tantos edificios, que sería digna de ser vista en España, y toda llena de caseríos de señores, porque en ella no vive gente pobre, y todos los señores fabricaban en ella sus casas así como todos los caciques, aunque 110 residían continuamente en ella. La mayor parte de estas casas son de piedra, y las demás tienen solo la mitad de la fachada de piedra; hay muchas casas de tierra, y están fabricadas con bello orden; las calles son muy derechas, cruzadas, todas enlozadas, y en medio de cada una corre una acequia de agua cercada de piedras; el único defecto que tienen es de ser angostas, pues que por un lado del conducto apenas puede uno ir a caballo y otro al otro. Esta ciudad está situada en lo alto de una montaña; muchas caserías están colocadas en su misma falda, y otras más abajo de lo llano: la plaza es cuadrada, y en gran parte plana y enlozada de piedras menudas; a su derredor hay cuatro casas de señores que son las más suntuosas de la ciudad, pintadas, laboreadas y de piedra; y la mejor es la del cacique Huayna capac, cuya puerta principal es de mármol blanco, rojo y de otros colores; tiene además de esto en las azoteas otros edificios dignos de ser vistos: existen en esta ciudad otros muchos alojamientos y grandezas: pasan a sus flancos dos ríos que nacen una legua lejos sobre el Cusco, hasta que llegan a la ciudad, y dos leguas más abajo, los dos están empedrados para que el agua corra limpia y clara; y para que no inunde en la creciente tienen ambos sus puentes, por los que se entra a la ciudad: sobre la colina hacia la ciudad que es redonda y muy escarpada, hay una fortaleza hermosísima de tierra y piedra con grandes ventanas que miran hacia la ciudad y que la hacen aparecer más bella: en su interior hay muchos alojamientos y una torre principal en el medio, construida a manera de cuba y de cuatro a cinco vueltas, grandes unas superiores a las otras: los alojamientos y aposentos de adentro son pequeños, las piedras con las que es construida son muy bien labradas, y unidas de tal suerte que parece no haber mezcla de cal, y las piedras son tan lizas y pulidas que parecen tablones acepillados con lija, una puesta en contraria de la otra al uso de España: tiene ese edificio tantos cuartos y torres que una persona no podría verlos todos en un solo día, y muchos españoles que lo han visto y que han estado en Lombardía, y en otros reinos extranjeros, aseguran que jamás habían visto otra como esta fortaleza, ni castillo más fuerte. Podrían caber cómodamente adentro cinco mil hombres: no se puede batir por parte alguna, ni mirarla, porque está colocada sobre una peña viva; de la parte de la ciudad que es una colina muy escabrosa, no hay más que un girón, y por la otra parte opuesta que no es tan escabrosa hay tres, uno más alto que el otro, y el último más adentro es el más alto de todos.

Cusco en descripción del secretario personal de Francisco Pizarro

La cosa más bella que puede verse en estos edificios son estos girones, porque están construidos de piedras tan grandes, que el que las vea no podrá, creer que han sido colocadas por manos de hombres, pues que son tan grandes como pedazos de montañas pedregosas y escollos, y se ven muchas de la altura de 30 palmos y otro tanto de ancho, otras de 20 y 25 y otras de 15; pero no hay una siquiera de tamaño tan pequeño que pueda ser arrastrada por tres carretas: esta no es piedra liza, pero muy bien encajada o tejida la una con !a otra: los españoles que la ven dicen que ni el puente de Segovia, ni los otros edificios que hizo Hércules, ni los Romanos son tan dignos de ser vistos como este. La ciudad de Tarragona tiene en su muralla alguna obra de esta clase y muy parecida, pero no está construida con tanta solidez, ni con piedras de un tamaño tan enorme: estos girones son volteados de manera que si les diera batería no se le podría dar en lo llano sino a través de los jirones que sobresalen afuera, los que son todos de esta misma piedra, y entre una pared y la otra se ha colocado tierra, y en tanta cantidad que pueda caminar cómodamente tres carretas de frente. Están hechos a modo de tres gradas, que el uno comienza en la altura del otro y este en la del otro. Toda esta fortaleza era depósito de armas, mazas, lanzas, arcos, hondas, hachas, rodelas, almillas, fuertemente tejidas, y otras armas diversas, y vestimentas para soldados que se reunían allí de todas partes del país que estaba sujeto a los señores del Cusco. Tenían muchos colores azules, amarillos y otros muchos para pintar telas, y mucho estaño y plomo con otros metales, y mucha plata y algo de oro, y muchas mantas y almillas para los hombres de guerra. La causa porque esta fortaleza tiene tanto artificio, es, porque cuando se fundó la ciudad, que fue edificada por un señor Orejione, que vino de la parte de Cunti-Suyu hacia el mar, grande hombre, conquistó este país hasta Vilcas, y viendo que este era el mejor sitio para hacer su residencia, fundó aquella ciudad con la fortaleza, y todos los demás señores que le han sucedido después hicieron alguna mejora en la fortaleza, por cuya razón siempre estaba creciendo y engrandeciéndose.

Desde esta fortaleza se ven voltear en la ciudad muchas casas a un cuarto de legua, media legua y una legua: y en el valle que está al medio rodeado de colinas, hay más de cien mil casas, y muchas de ellas son de campo y recreo de los señores pasados, y otras de los caciques de todo el país que residen continuamente en la ciudad: las otras son casas o almacenes llenos de ropas, lanzas, armas, metales y telas, y de todas las cosas que nacen y se hacen en el país. Hay casas donde se conservan los tributos que las gentes dan a los caciques: y hay tal casa que en ella hay más de cien mil pájaros secos, porque de las plumas de ellos que son de muchos colores, se hacen vestidos y hay para ello muchas casas. Hay rodelas, planchas de cobre para cubrir las casas, cuchillos y otras herramientas: zapatos y peines para previsión de la gente de guerra, en tanta cantidad que no se puede calcular quienes hubiesen podido dar tan gran tributo de tantas y varias cosas. Cada señor nuestro tiene allí su casa de tributo de estas ropas que se le dieron en vida, porque ningún señor que le sucede (así es la ley entre ellos) puede después de la muerto del finado, llegar a ella en la heredad. Cada uno tiene su vajilla de oro y plata, su ropa y vestido aparte, y el que le sucede no se lo quita; y los señores y caciques muertos tienen cercadas sus casas de placer con los servicios de criados y mujeres, y se les siembran sus campos de maíz, del cual se pone un poco cuando son sepultados. Adoran el Sol, y le han construido muchos templos, y de las cosas que tienen, tanto ropa como maíz y de otra cosa ofrecen una parte al Sol, de lo cual se sirven después las gentes de guerra.

Documentos literarios del Perú colectados y arreglados por el coronel de caballería de ejército, fundador de la independencia, Manuel de Odriozola (páginas 61-64). 
Publicado en Lima en 1873.
Foto: perutripsplanner.com

sábado, 18 de enero de 2014

La Lima de "Taulichusco": prehispánica

Francisco Pizarro y los españoles llegaron a Pachacámac a fines de 1534. Venían desde Jauja buscando un lugar para fundar la capital del Perú.
El 6 de enero de 1535 un grupo de soldados fue a explorar el valle del Rímac. Una semana después regresó la expedición diciendo que habían encontrado el lugar perfecto.
El 18 de enero de 1535, Francisco Pizarro fundó la "Ciudad de los Reyes" en advocación a los reyes magos. Al llegar al valle del Rímac, los españoles encontraron lo que buscaban, un lugar con salida al mar, buen clima y donde los vientos eran saludables. El nombre de Rímac sonó a Limac a los oídos de los españoles, así nació el nombre de nuestra ciudad. Rímac significa hablador o hablar.

Fundación de Lima por Francisco Pizarro
Lima se ubica en un desierto natural, sin embargo, a la llegada de los españoles a Lima encontraron un gran valle cubierto de vegetación. Esto pudo ser posible gracias a la construcción de canales de regadío durante el intermedio temprano (200-700 d.C.) y que fueron perfeccionados en la época de la influencia Wari.
Del río Rímac salían grandes canales de regadío que por su regular tamaño fueron llamados ríos: río Guatica o Huatca, río Surco y Maranga.
Según Alejandro Reyes Flores y Fernando Flores Zúñiga, el río Huatica entraba a Lima por el Martinete (hoy jirón Amazonas), seguía por la calle de las carrozas, el barrio de Santa Clara, cruzaba la avenida Grau por el jirón Andahuaylas hacia la Victoria, de allí a Lince y San Isidro.
Luego de la fundación, se hizo el trazado en manzanas sobre las vías prehispánicas que ya existían. Se utilizó el modelo del castrum o campamento militar romano para su diseño.

Castrum romano o campamento militar dividido en manzanas.

Plano de la Ciudad de Líma
De esa Lima que encontraron los españoles nos queda poco. Según las reconstrucciones hechas por Santiago Agurto, Juan Günther y Fernando Flores Zuñiga, el actual centro histórico de Lima estaba atravesado por canales y caminos.
Por un lado se ubicaba el capac ñam o camino incaico que ingresaba al centro histórico siguiendo el jirón quilca. Según Juan Günther:
“Al sur del Tianguez, en el cruce del camino de los incas con el antiguo wari, actuales jirones Quilca y Miró Quesada, y actual plaza Elguera, se encontraba, según el Anónimo Portugués, el Tambo de Lima y lo que podríamos llamar terminal de comunicaciones”. (Günther 1992: 41)
Este era uno de los varios tambos que se ubicaban en las entradas de la comarca. Los nombres de algunas calles han dejado huella de su existencia, Juan Bromley señala algunos de estos:
“Tambo de los Caballeros de Balaguer, en la actual calle de Desamparados; los Tambos de Hinojosa, del Sol y de Huánuco, en el barrio de San Lázaro; el Tambo Blanco o Mesón Blanco, por las Nazarenas; el Tambo de Belén; el de la Estrella, en la calle de la Huaquilla; el de la Sirena, en la calle de este nombre”. (Bromley 2005: 124)
Las vías prehispánicas han desaparecido, actualmente solo se conservan el jirón Quilca, Junín y Miró Quesada. 
                          

El jirón de la Unión no existía, en su lugar había una vía que unía la esquina del jirón Quilca y Belén (cuadra 2 del jirón de la Unión) con la plaza principal (hoy plaza mayor). Pizarro desapareció este camino al hacer la cuadricula para las calles.
A pesar del nuevo orden urbano, algunas calles conservaron en sus nombres la existencia de construcciones prehispánicas, es el caso de las calles:
Huaquilla (cuadra 10 del jirón Ayacucho) que tomó su nombre de una pequeña huaca que fue demolida en la segunda mitad del siglo XVII.
Panteoncito (cuadra 3 del jirón Rufino Torrico) Juan Bromley cree que pudo existir en esta calle una pequeña huaca de indios.
Rastro de huaquilla (cuadra 1 del jirón Cangallo) donde se ubica la piedra horadada, que es considerada una piedra prehispánica. María Rostworowski no cree que esta piedra esté relacionada con la huaca de la plaza santa Ana (hoy Plaza Italia).
Tambo del sol (jirón Chalaco en el Rímac) que toma su nombre de una posada que acogía a los viajeros que venían por el camino inca desde el norte del Perú. No se descarta la existencia de un tambo prehispánico.
Jirón Trujillo (distrito del Rímac) toma su nombre por estar construido sobre el antiguo camino inca que iba a Trujillo. Este camino continuaba por el Rímac y salía hacia la actual avenida Túpac Amaru.

LA PLAZA MAYOR

La plaza prehispánica era de forma ligeramente triangular. Sobre esta se creó la Plaza Mayor. En este lugar se ubicaba el palacio de Taulichusco (actual palacio de Gobierno), a un lado una pequeña huaca llamada por Emilio Hart-Terré, Puma Inti (sobre esta se construyó la Catedral de Lima) y en el otro extremo un corral de llamas que era propiedad de Taulichusco (terreno hoy ocupado por la municipalidad de Lima). Sobre el palacio de Taulichusco Juan Günther anota:
“El palacio del curaca formaba una sola unidad con el solar de Jerónimo de Aliaga a la que se accedía por una rampa, paralela a la actual calle Palacio, que con el tiempo se ha convertido en la escalera que da acceso a las oficinas presidenciales desde la calle citada. Detrás del Palacio, como ya se dijo, estaba la bocatoma del más antiguo río artificial del valle y la huerta desde donde también se controlaba el riego del río Huatica.” (Günther 1991: 42)
La ubicación de la plaza mayor no fue cambiada, por ser este lugar un sitio estratégico para el control de los canales de regadío y los caminos incas.
En la primera cuadra del jirón de la Unión (calle de palacio) se encontraba una pequeña huaca, sobre ésta se construyó la casa Aliaga. La casa Aliaga es la más antigua de la ciudad de Lima. María Rostworowski cree que esta huaca estuvo unida al palacio de Taulichusco.

Casa Aliaga, la casa más antigua de Lima está construida sobre una huaca prehispánica 

LA CALLE MÁS ANTIGUA DE LIMA

El jirón Quilca es la calle más antigua de Lima que conserva su trazado prehispánico, pues está construida sobre el camino inca que dividía a la ciudad de este a oeste y seguía hacía el actual distrito del Rímac. Todas las demás vías desaparecieron bajo la cuadricula europea.

A simple vista un pasaje peatonal, en la época prehispánica fue parte del gran camino inca. Jirón Quilca visto desde la plaza San Martín 

En esta vía prehispánica se ubicó la calle alfareros (cuadra 3) donde vivían los artesanos indígenas que elaboraban cerámica utilitaria y los vendedores de pescado.
Otras vías prehispánicas que se han conservado son el jirón Junín, Rufino Torrico y Miró Quesada.

CIUDAD DE HUACAS

La huaca más importante de la zona se encontraba en la actual plaza Italia o plaza Santa Ana. Según María Rostworowski es por eso que esta plaza mantiene la forma trapezoidal de las plazas incaicas. Este lugar era muy importante para la población indígena y por eso allí fue fundado el hospital de indios de Santa Ana.
Waldemar Espinoza y Juan Günther creen que en este lugar estuvo el oráculo de Lima, siguiendo una información del cronista Cristóbal de Albornoz.
“Rimac, guaca de los indios de Lima que se dezían ychmas, donde está poblada la ciudad de los Reyes, era una piedra redonda. Está en un llano donde tiene la guerta Gerónimo Silva”. (Günther 1991: 41)
Plaza Santa Ana o Italia, en este lugar se ubicaba la huaca más importante de Lima 
Sitios arqueológicos de Lima prehispánica
¿QUIÉN FUE TAULICHUSCO?

Los curacazgos de Lima fueron conquistados por los incas. El gobierno del valle estaba en manos de Taulichusco, un curaca yana de Mama Vilo, mujer secundaria de Huayna Capac.
Francisco Pizarro fijó su residencia en el palacio de Taulichusco y lo despojó de su poder. Vivió algunos años. Sus hijos Francisco y Gonzalo fueron herederos de nada.
Sobre Taulichusco se conoce muy poco, apenas algunos documentos hallados por Lohmann Villena nos hablan de este curaca y sus descendientes.
En las últimas décadas la figura de este curaca yana ha sido rescatada del olvido. Durante la gestión del alcalde Alfonso Barrantes, se erigió un monumento a Taulichusco en el pasaje Santa Rosa, a un lado del edificio municipal.
A pesar de saber poco de él, desde el 2006, un grupo de congresistas y organizaciones neo-indigenistas han organizado un homenaje denominado la “fundación indígena de Lima”.
Este evento que habla de un personaje histórico, podría ser parte de una interpretación política. Hablar de Taulichusco como el último curaca o señor de Lima, nos crea una imagen algo falsa de nuestro pasado.
Recordemos a María Rostworowski y Waldemar Espinoza quienes han recalcado que era un curaca yana. Los curacas yanas no siempre eran originarios del lugar donde gobernaban. Tampoco eran libres, eran servidores del inca o de las panacas. Es decir, no eran señores de señorío, la tierra que gobernaban no les pertenecía, ni les perteneció.
Hablar de Taulichusco como un señor indígena, es muy relativo, estamos más bien ante un yana, un servidor que cuidaba las tierras, ganados y producción del inca. Además existen serias dudas sobre Taulichusco como último curaca de Lima, ya Raúl Porras Barrenechea ponía en duda que este curaca haya gobernado por su avanzada edad.
Algunos quieren utilizar la imagen de Taulichusco para recrear una identidad indígena de Lima desde el presente, sin embargo, esta manipulación histórica tiene bases muy frágiles. Si no, basta recordar la famosa polémica durante la gestión del alcalde Luis Castañeda cuando se hizo la mudanza del monumento de Pizarro al parque de la Muralla. Por eso, ante cualquier manipulación ideológica presente de nuestro pasado, es mejor recurrir a la investigación histórica.
Me olvidaba, feliz día a mi querida ciudad, a los limeños viejos y nuevos. A los que la conocieron siempre y a los que recién la descubren con ojos curiosos.

Monumento a Taulichusco, último curaca de Lima 
PLANO DE LIMA COLONIAL
BIBLIOGRAFIA
  • Álbum conmemorativo del IV centenario de la fundación de Lima. Lima: Imp. C. Ruiz, 1935
  • AGURTO, Santiago. Lima Prehispánica. Lima: Municipalidad de Lima – FINANPRO. 1984
  • BROMLEY, Juan. Las viejas calles de Lima. Lima: Municipalidad de Lima. 2005
  • GÜNTHER DOERING, Juan y Guillermo LOHMANN VILLENA. Lima. Madrid: Mapfre. 1992
  • LOHMANN VILLENA, Guillermo. “El testamento del curaca de Lima don Gonzalo Taulichusco (1562)”. Revista del Archivo General de la Nación, 7: 267-275. 1984
  • PORRAS BARRENECHEA, Raul. “La raíz india de Lima”.http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtual/libros/linguistica/legado_quechua/la_raiz.htm
  • ROSTWOROWSKI, María. “Lima antes de Lima”. (Entrevista)http://www.librosperuanos.com/autores/maria-rostworowski2.html
  • Fernando Flores Zúñiga y Alejandro Reyes. Foro sobre el río Huatica.
SITIOS ARQUOLÓGICOS DE LIMA