Mostrando entradas con la etiqueta incas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta incas. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de diciembre de 2021

Los incas y sus momias, una relación de ultratumba en la tierra.

Durante el incanato, los restos de los dignatarios eran momificados y tratados como personas vivas. Algunos hasta se casaban luego de muertos.

En el imperio incaico la muerte tenía fuertes vínculos con la vida cotidiana. Según los historiadores, esta sociedad andina tenía conceptos espirituales y del tiempo distintos a los de la civilización occidental. Por ello, creían que sus antepasados permanecían en la tierra después de su fallecimiento. Los muertos formaban parte de su entorno e intervenían en la toma de decisiones. 
Narran varios cronistas que los mandatarios y curacas más importantes eran sometidos a misteriosas técnicas de momificación tras su deceso. Estas momias, en vez de ser apartadas de la vida pública, ocupaban lugares privilegiados en sus palacios. Ahí recibían cuidados, las veneraban, las sacaban en procesión y también podían realizar actividades civiles como contraer matrimonio.


“Las momias no fueron percibidas como muertos, sino como vivos. Como tales, podían tener hambre, sed y frío. Tenían que comer y beber, calentarse con fuegos, ser limpiadas y cambiadas de ropa. Además participaban en las fiestas, se visitaban mutuamente y también a sus parientes vivos”, explica a El Comercio el investigador alemán Stefan Ziemendorff, quien ha estudiado a fondo la historia de las momias incas.
Según Ziemendorff, un testimonio insólito sobre el tratamiento de las momias en el incanato lo ofrece el encomendero español Polo de Ondegardo, quien en 1559 había incautado varias momias de las panacas del Cusco. En 1571, Polo de Ondegardo relató que el jefe de una panaca había bebido con y en nombre de una momia. Se narra incluso que este jefe llevaba la momia consigo a cuestas para hacerla orinar.


Mantenían sus posesiones
La tradición prehispánica señala que los incas después de muertos no dejaban herencia. Las momias seguían ‘viviendo’ en sus palacios en el Cusco e incluso mantenían sus casas de campo en los alrededores de la ciudad imperial. Según Ziemendorff, Chinchero era una región que pertenecía a Túpac Yupanqui, Calca a Wiracocha y Yucay a Huayna Capac. Tras su muerte, estos gobernantes mantuvieron sus posesiones.
“A manera de ejemplo, el escribano conquistador Sancho de la Hoz escribe en 1534: “Cada señor difunto tiene aquí su casa y todo lo que le tributaron en vida, porque ningún señor que sucede puede después de la muerte del antepasado tomar posesión de su herencia. Cada uno tiene su vajilla de oro, de plata, sus cosas y ropas aparte, el que le sucede nada le quita”, cita Ziemendorff.
En general, en el Tahuantinsuyo las viudas podían volver a casarse. La excepción eran las esposas de los soberanos incas que debían permanecer junto a sus momias cuando estos fallecían. Y tanta vigencia tenían estos muertos en la sociedad incaica que podían seguir casándose. 


El historiador Waldemar Espinoza refiere que en un documento colonial de Cajamarca se constató que la hija de un cacique de esa ciudad fue enviada como esposa a Huayna Cápac por órdenes de su hijo Atahualpa. Esto a pesar de que el gran gobernante Huayna Cápac ya había muerto cuatro o cinco años antes.

Descontento
Ziemendorff resalta también que aunque los súbditos del incanato respetaban a las momias, las numerosas tierras que los muertos habían acumulado llegaron a irritar a Huáscar, cuando este asumió el poder en el Cusco. 
“Huáscar propuso que todos los recursos sean usados en adelante solo para los vivos. Varios historiadores piensan que esta revolución contra las momias puso buena parte de la nobleza inca (particularmente a la panaca de Pachacútec) al lado de Atahualpa e inclinó la balanza en la guerra entre hermanos”, relata el investigador.




sábado, 15 de junio de 2019

Los Curacas: dirigentes incaicos

Los Curacas eran los dirigentes étnico incaicos que regulaban las funciones dentro del ayllu, base de organización andina, mediante el establecimiento de vínculos solidarios y la regulación de las funciones del grupo étnico o parental como la organización de las tareas agrícolas, la redistribución de recursos, administración de los bienes, la mita, etc.

 Los curacas tradicionales poseían funciones :
“rituales y ceremoniales, que tenían que ver con la adoración de los ancestros, fuente principal del poder y legitimidad del curaca”[1];
Este “especialista de lo sagrado” media entre los hombres y los seres sobrenaturales que guardan el orden cósmico, a la vez que organizaba las ofrendas o fiestas comunes. Los curacas poseían varias mujeres, conocidas como aqllas, escogidas castas por linaje y hermosura, beneficiando la creación de nuevas relaciones de parentesco se verán beneficiadas.


El nombramiento del mismo es una cuestión muy discutida, algunos cronistas afirman que
“el curaca no era un jefe hereditario, sino un hombre que llegaba al cargo por medio de un proceso de selección ritual, y que, en consecuencia, podía ser despojado del mismo mediante procedimientos similares”[2].
Sin embargo, esta tesis tiene poco respaldo respecto a la que defienden importantes investigadores como Jonh V. Murra, asegurando que el cargo es hereditario, no siempre en sentido patrilineal, pero si familiar:
“que muriendo el cacique principal si tenía hijo grande que pudiese mandar no se osaba de su autoridad […] que le diese licencia y silla de su cacicazgo y así el ynga se lo daba”[3].
La mayoría poseían un claro origen étnico y fueron nominados a través de rituales en cada unidad étnica, desde los cuales el cargo se retrasmitía, puesto que cada vez es más discutible que los curacas fueran nombrados por el Tawantinsuyu, y en casos puntuales por el Inka.
La función más importante del curaca era la de organizar las relaciones de reciprocidad, que suponían unas obligaciones dentro del ayllu, unas relaciones de intercambio; su relación con la población se hace aceptando la reciprocidad.
“Estos intercambios, que permitían el acceso simultáneo de una misma población a recursos muy distantes entre sí, han sido descritos como “comercio” por investigadores que usan modelos procedentes de otras latitudes […] con relaciones limitadas de trueque ritual o a intercambios de temporada”[4].
La sociedad carece de comercio, pero a pesar de ello es rica, expansiva y organizada, mediante intercambios o trueques, identificado por algunos historiadores como “trueque a modo de indios” [5], cuya existencia es innegable, tanto por signos lingüísticos como restos arqueológicos de cerámicas prehispánicas, etc. El mercado era inexistente, de este modo los depósitos podrían ser el principal valor económico de la comunidad;
“en contraste con la región andina, integrada políticamente por el poder centralizado de los incas, Mesoamérica estuvo políticamente siempre dividida. Pero lo que no hizo la política fue hecho por el comercio […] sistema complejo de intercambios desde el simple trueque en el interior de la aldea hasta los grandes mercados especializados de las ciudades y que culmina en un tráfico internacional.”[6]
Las ferias andinas surgirían durante el siglo XVI, añadiendo las pautas europeas de intercambio, ocupando el espacio de rituales y tradiciones anteriores y difundiendo los criterios mercantiles. La reciprocidad es identificada como equitativa, cuando un hombre recibe el trabajo de otro por reciprocidad, debe mostrarse «generoso» alimentarlo, alojarlo y vestirlo; el curaca debía cumplir con las obligaciones de los que le prestaban «servicio», aunque da apariencia de «rango superior». La mita sin embargo con el tiempo sí será una obligación con el poder, en el periodo colonial mucho más rigurosa que en el prehispánico.


La relación incluía cambios de presentes entre diferentes grupos, intercambio ceremonial que establecía relaciones entre los grupos vecinos, tanto de presentes o como bienes con carácter ritual, de hoja de coca por ejemplo, pero sin existir un mercado como tal; podemos afirmar por lo tanto que el Tawantinsuyu es una organización basada en la reciprocidad y la redistribución de bienes.

Las prestaciones que recibía el poder no se consideran un tributo como tal, puesto que no estamos ante un señor “tirano” que explota a la población, se piensa que se producía en especie por la ausencia de moneda y que parte de esa “renta tributaria” se repartía entre la población, de una manera más redistributiva que un reparto «caritativo».

La existencia de la mita andina se basaba en la entrega de la mano de obra al poder  para que éste organizara la producción de bienes redistribuibles, según la población. Esta movilización de gentes se usaba para la siembra, cosecha, recogida del mineral, etc.
Autor: Héctor Martínez Alonso para revistadehistoria.es

Bibliografía:

[1] RAMÍREZ, Susan E. (2001). “Curacas y cosmología: el poder ancestral en los Andes” en GARRIDO ARANDA, Antonio (coord.) “A propósito de Raúl Porras Barrenechea: viejos y nuevos temas de cultura andina” Secretariado de Publicaciones Universidad. Córdoba,p. 157

[2] MARTÍNEZ, José Luis (1982). “Una aproximación al concepto andino de autoridad, aplicado a los dirigentes étnicos durante el siglo XVI y principios del XVII”. Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima.

[3] ORTIZ DE ZUÑIGA, Iñigo. (1967)“Visita de la provincia de León de Huánuco en 1562”, ed. de John V. Murra, Lima.

[4] MURRA, John V.(1999).  “El Tawantinsuyu” en Historia General de América Latina. Vol. I: Las sociedades originarias. Madrid-París, UNESCO-Trotta, p. 489

[5] ROSTWOROWSKI DE DIEZ CANSECO, María: (1977). “Etnía y sociedad. Costa peruana prehispánica” Instituto de Estudios Peruanos, Lima, p. 133

[6] SEMO, Enrique.(2006).“Historia económica de México”. Vol. I: Los orígenes. De los cazadores y recolectores a las sociedades tributarias, 22000 aC a 1519 dC. México, Universidad Nacional Autónoma de México-Océano, 2006, p. 149

martes, 2 de febrero de 2016

INÉS HUAYLAS YUPANQUI, "Símbolo de la mujer conquistada"

¿QUIÉN Y DE DÓNDE FUE?
Fue una princesa inca, de la más alta nobleza del Tahuantinsuyo. Su padre fue Huayna Cápac y su madre la coya Hanan Collque, hija de Huacachillac, el mayor señor del guamani Huaylas. Nació en un lugar denominado Tocash (Callejón de Huaylas).Hermana de Atahualpa, de estirpe señorial. Conquistó a dos españoles y se hizo respetar por los chapetones.
“Los Huacachillacs de Huaylas –dice el historiador R. Cúneo-Vidal- representaban por entonces la más alta nobleza peruana allegada al trono”.
En la “Genealogía de don Melchor Carlos Inga” hallada en el Archivo Nacional de Madrid, se dice: “Consta de declaraciones como Huayna Cápac tuvo por mujer legítima, según ley, a Hanan Collque, hija de Hacachillac, el mayor señor de la provincia de Huaylas, el cual, por ser señor principal, bien pudo casar a su hija con el dicho Emperador. La dicha Hanan Collque, mujer de Huayna Cápac, andaba en andas y con quitasol, y se llamaba coya, que era nombre de reina y se daba a las mujeres legítimas de los incas”.

Recreación de Inés Huaylas Yupanqui
Lo que pasó fue que en las últimas décadas del siglo XIV, llegó a ese lugar, en su viaje para conquistar a los “huaras”, “piscobambas” y “conchucos”, Túpac Inca Yupanqui, quien cumplió su cometido, aunque con gran esfuerzo y con una formidable tropa que contaba con miles de soldados, debido a la feroz resistencia que pusieron los habitantes del lado oriental de la Cordillera Blanca. Entre los trofeos que llevó al Cusco se encontraba la hija de uno de los curacas. Más tarde, con esa ñusta tuvo Huayna Cápac a una de sus hijas.
En el año 1532 llegaron los hombres de Occidente. Pizarro y su escaso ejército poseían armas de fuego, caballos, armaduras, espadas y perros amaestrados para cazar hombres. Eran guerreros recientemente fogueados en la lucha y expulsión de los árabes, de la conquista de Nueva España, además, firmes creyentes de que eran los elegidos de Dios.
Ayudados por indios huascaristas conquistaron un grandioso imperio apresando a Atahualpa Inca Yupanqui. La joven ñusta, que pertenecía a la corte del inca prisionero, fue bautizada a los 17 años, recibiendo el nombre de Inés Huaylas Yupanqui.

EL MARQUÉS ENCONTRÓ UNA PRINCESA
Pizarro se enamoró de ella y la escogió como su pareja, llegando a tener con ella dos hijos: Francisca Pizarro Yupanqui y Gonzalo Pizarro Yupanqui. El rey Carlos V, por cédula de Monzón del 12 de octubre de 1537, ordenó que se les tuviese por legítimos. Los descendientes directos de estos llegaron hasta la quinta generación. Doña Luisa Vicenta Pizarro y Fernández-Somoza, los últimos herederos de Pizarro y Huaylas, murieron en el año 1756.
Don Francisco Pizarro tuvo otro hijo más: Francisco Pizarro Yupanqui, tenido con otra ñusta, doña Angelina Yupanqui, hermana de doña Inés y de Huáscar. De él dice el Inca Garcilaso de la Vega, en sus “Comentarios Reales de los Incas”, que fue “grande amigo y émulo mío, porque, de ocho o nueve años que éramos, nos hacía correr y saltar su tío Gonzalo Pizarro”.

LOS CONQUISTADORES EN ÁNCASH
Laguna de Llanganuco, en el Callejón
de Huaylas, zona de la cual era doña Inés.
Francisco Pizarro, luego de la captura y muerte del último emperador Inca en Caxamarca (actual Cajamarca), en su viaje al Cusco, ingresó a la región Áncash, por la zona de Pallasca. El 23 de agosto de 1533, cruzó el río Tablachaca con su comitiva integrada por el padre Valverde, de doña Inés de Huaylas Yupanqui, Diego de Almagro, el nuevo Inca Inti Cussi Túpac Huallpa Yupanqui, el general Chalcochima,
como prisionero, el secretario del conquistador Pedro Sancho de la Hoz, 400 hombres, miles de indios auxiliares, negros, moriscos y sus perros. Una larga columna de cargueros indígenas, les seguía con el oro, la plata y los abastecimientos. El fértil valle de los Huaylas por su estratégica ubicación geográfica, resultaría paso obligado de los conquistadores.
Y es así que sin confirmarse el dato, el 20 de enero de 1572, día domingo, se fundaría el pueblo de Huaraz bajo la advocación de San Sebastián, por el capitán Alonso de Santoyo y Valverde.
Huaraz asume en esa fecha la sede del Corregimiento de Huaylas hasta 1784. Entre esa fecha y 1821, es capital del partido o subdelegación de Huaylas. El 12 de febrero de 1821, por disposición del Reglamento provisorio de Huaura, con la firma del general José de San Martín, en plena guerra de Independencia, se convierte en capital del departamento de Huaylas.

EL FUTURO DE DOÑA INÉS
Después de su viaje al Cusco, Pizarro busca en la costa andina un lugar seguro para fundar la capital de su gobernación. Funda la Ciudad de los Reyes el 18 de enero de 1535 y le da la categoría de ciudad-capital.
El vínculo con Inés Huaylas facilitó a Pizarro en el Cusco el apoyo de Manco Inca, hermano de la ñusta, contra los intentos de resistencia de los generales quiteños. No sabemos cómo reaccionó ella ante las profanaciones y el saqueo de los lugares sagrados incas. Algunas versiones aseguran que Inés colaboró con la rebelión de Manco Inca en 1536. Incluso se asegura que Inés facilitó al inca la fuga del Cusco, fuga que permitió a Manco Inca reunir un ejército y poner sitio a la ciudad. En todo caso, el vínculo con el jefe de la conquista se mantuvo inalterable hasta el año 1538.

¿POR QUÉ SE ROMPIÓ LA UNIÓN PIZARRO-YUPANQUI?
Entonces, súbitamente, se deshizo el matrimonio, a la usanza inca, e Inés contrajo prontas nupcias en Lima, ante los altares, con otro conquistador, Francisco de Ampuero, uno de los que había estado presente en la captura de Atahualpa Inca Yupanqui. Subsistió durante muchos años la versión que el propio Pizarro los instó a casarse, espada en mano, “tras haberlos sorprendido como amantes”. Pizarro murió en el año 1542, como sabemos, asesinado por los almagristas. “… no incluyó en su testamento ni a Inés ni a sus hijos, aunque éstos luego recibirían mercedes por su condición. Los hijos fueron enviados a España por Ampuero bajo la protección del rey. Francisco de Ampuero llegó a ser alcalde mayor de Lima y dio a su esposa india fortuna y buen nombre. Francisco de Ampuero tuvo con ella tres hijos y al morir dejó a su esposa sus bienes. Inés Huaylas sobrevivió a su viudez muchos años y murió en Lima en buena estima y con nutrida descendencia.
Cuenta José Antonio del Busto que la ilustre huaylina fue conocida como ‘la madre de los Ampueros’, por los ‘muchos y poderosos’ criollos limeños de ese nombre que heredaron su sangre” (“Áncash”, La República, 2003).

LA DESCENDENCIA DE LOS OTROS PIZARRO
Hernando Pizarro no tuvo hijos. Juan tuvo una hija, a quien llamó Francisca Pizarro, quien casó años después con el español Garcilópez Gonzáles, con quien tuvo dos hijas. Gonzalo tuvo tres hijos, dos de los cuales murieron en la infancia y solamente sobrevivió Inés, una hija tenida con una ñusta del ayllu Iunquill Túpac Yupanqui, de la corte de Inti Cussi Túpac Huallpa Yupanqui. En resumen, los 4 Pizarro solo tuvieron 7 hijos americanos.

¿CÓMO SE SENTIRÍAN LAS MUJERES DE LOS PIZARRO?
Duro predicamento debe haber sido sido para las esposas, concubinas o amantes de los conquistadores el estar al lado de ellos, responder pasivamente a las caricias de hombres en quienes veían al destructor de sus hermanos y demás parientes, así como al expoliador de su nación.

Lima, 6 de marzo de 2009. 
Julio R. Villanueva Sotomayor

jueves, 21 de enero de 2016

Cusco en descripción del secretario personal de Francisco Pizarro

El relato de Pedro Sancho, publicado en 1873, resume el asombro y admiración que los españoles tuvieron al poner los pies en el ombligo del mundo.

Pedro Sancho Secretario
personal de Pizarro
La ciudad del Cusco por ser la principal de todas en donde residían los principales señores, es tan grande, tan bella y con tantos edificios, que sería digna de ser vista en España, y toda llena de caseríos de señores, porque en ella no vive gente pobre, y todos los señores fabricaban en ella sus casas así como todos los caciques, aunque 110 residían continuamente en ella. La mayor parte de estas casas son de piedra, y las demás tienen solo la mitad de la fachada de piedra; hay muchas casas de tierra, y están fabricadas con bello orden; las calles son muy derechas, cruzadas, todas enlozadas, y en medio de cada una corre una acequia de agua cercada de piedras; el único defecto que tienen es de ser angostas, pues que por un lado del conducto apenas puede uno ir a caballo y otro al otro. Esta ciudad está situada en lo alto de una montaña; muchas caserías están colocadas en su misma falda, y otras más abajo de lo llano: la plaza es cuadrada, y en gran parte plana y enlozada de piedras menudas; a su derredor hay cuatro casas de señores que son las más suntuosas de la ciudad, pintadas, laboreadas y de piedra; y la mejor es la del cacique Huayna capac, cuya puerta principal es de mármol blanco, rojo y de otros colores; tiene además de esto en las azoteas otros edificios dignos de ser vistos: existen en esta ciudad otros muchos alojamientos y grandezas: pasan a sus flancos dos ríos que nacen una legua lejos sobre el Cusco, hasta que llegan a la ciudad, y dos leguas más abajo, los dos están empedrados para que el agua corra limpia y clara; y para que no inunde en la creciente tienen ambos sus puentes, por los que se entra a la ciudad: sobre la colina hacia la ciudad que es redonda y muy escarpada, hay una fortaleza hermosísima de tierra y piedra con grandes ventanas que miran hacia la ciudad y que la hacen aparecer más bella: en su interior hay muchos alojamientos y una torre principal en el medio, construida a manera de cuba y de cuatro a cinco vueltas, grandes unas superiores a las otras: los alojamientos y aposentos de adentro son pequeños, las piedras con las que es construida son muy bien labradas, y unidas de tal suerte que parece no haber mezcla de cal, y las piedras son tan lizas y pulidas que parecen tablones acepillados con lija, una puesta en contraria de la otra al uso de España: tiene ese edificio tantos cuartos y torres que una persona no podría verlos todos en un solo día, y muchos españoles que lo han visto y que han estado en Lombardía, y en otros reinos extranjeros, aseguran que jamás habían visto otra como esta fortaleza, ni castillo más fuerte. Podrían caber cómodamente adentro cinco mil hombres: no se puede batir por parte alguna, ni mirarla, porque está colocada sobre una peña viva; de la parte de la ciudad que es una colina muy escabrosa, no hay más que un girón, y por la otra parte opuesta que no es tan escabrosa hay tres, uno más alto que el otro, y el último más adentro es el más alto de todos.

Cusco en descripción del secretario personal de Francisco Pizarro

La cosa más bella que puede verse en estos edificios son estos girones, porque están construidos de piedras tan grandes, que el que las vea no podrá, creer que han sido colocadas por manos de hombres, pues que son tan grandes como pedazos de montañas pedregosas y escollos, y se ven muchas de la altura de 30 palmos y otro tanto de ancho, otras de 20 y 25 y otras de 15; pero no hay una siquiera de tamaño tan pequeño que pueda ser arrastrada por tres carretas: esta no es piedra liza, pero muy bien encajada o tejida la una con !a otra: los españoles que la ven dicen que ni el puente de Segovia, ni los otros edificios que hizo Hércules, ni los Romanos son tan dignos de ser vistos como este. La ciudad de Tarragona tiene en su muralla alguna obra de esta clase y muy parecida, pero no está construida con tanta solidez, ni con piedras de un tamaño tan enorme: estos girones son volteados de manera que si les diera batería no se le podría dar en lo llano sino a través de los jirones que sobresalen afuera, los que son todos de esta misma piedra, y entre una pared y la otra se ha colocado tierra, y en tanta cantidad que pueda caminar cómodamente tres carretas de frente. Están hechos a modo de tres gradas, que el uno comienza en la altura del otro y este en la del otro. Toda esta fortaleza era depósito de armas, mazas, lanzas, arcos, hondas, hachas, rodelas, almillas, fuertemente tejidas, y otras armas diversas, y vestimentas para soldados que se reunían allí de todas partes del país que estaba sujeto a los señores del Cusco. Tenían muchos colores azules, amarillos y otros muchos para pintar telas, y mucho estaño y plomo con otros metales, y mucha plata y algo de oro, y muchas mantas y almillas para los hombres de guerra. La causa porque esta fortaleza tiene tanto artificio, es, porque cuando se fundó la ciudad, que fue edificada por un señor Orejione, que vino de la parte de Cunti-Suyu hacia el mar, grande hombre, conquistó este país hasta Vilcas, y viendo que este era el mejor sitio para hacer su residencia, fundó aquella ciudad con la fortaleza, y todos los demás señores que le han sucedido después hicieron alguna mejora en la fortaleza, por cuya razón siempre estaba creciendo y engrandeciéndose.

Desde esta fortaleza se ven voltear en la ciudad muchas casas a un cuarto de legua, media legua y una legua: y en el valle que está al medio rodeado de colinas, hay más de cien mil casas, y muchas de ellas son de campo y recreo de los señores pasados, y otras de los caciques de todo el país que residen continuamente en la ciudad: las otras son casas o almacenes llenos de ropas, lanzas, armas, metales y telas, y de todas las cosas que nacen y se hacen en el país. Hay casas donde se conservan los tributos que las gentes dan a los caciques: y hay tal casa que en ella hay más de cien mil pájaros secos, porque de las plumas de ellos que son de muchos colores, se hacen vestidos y hay para ello muchas casas. Hay rodelas, planchas de cobre para cubrir las casas, cuchillos y otras herramientas: zapatos y peines para previsión de la gente de guerra, en tanta cantidad que no se puede calcular quienes hubiesen podido dar tan gran tributo de tantas y varias cosas. Cada señor nuestro tiene allí su casa de tributo de estas ropas que se le dieron en vida, porque ningún señor que le sucede (así es la ley entre ellos) puede después de la muerto del finado, llegar a ella en la heredad. Cada uno tiene su vajilla de oro y plata, su ropa y vestido aparte, y el que le sucede no se lo quita; y los señores y caciques muertos tienen cercadas sus casas de placer con los servicios de criados y mujeres, y se les siembran sus campos de maíz, del cual se pone un poco cuando son sepultados. Adoran el Sol, y le han construido muchos templos, y de las cosas que tienen, tanto ropa como maíz y de otra cosa ofrecen una parte al Sol, de lo cual se sirven después las gentes de guerra.

Documentos literarios del Perú colectados y arreglados por el coronel de caballería de ejército, fundador de la independencia, Manuel de Odriozola (páginas 61-64). 
Publicado en Lima en 1873.
Foto: perutripsplanner.com

domingo, 10 de febrero de 2013

COMPENDIO DE HISTÓRIA ECONÓMICA DEL PERÚ- TOMO I


Luis Guillermo Lumbreras, Peter Kaulicke, Julián I. Santillana y Waldemar Espinoza Soriano. 
     HISTORIA ECONÓMICA; SOCIEDAD ANDINA; ÉPOCA PREHISPÁNICA; ÉPOCA PRECOLOMBINA; INCAS, TAHUANTINSUYO



TOMO 1
ECONOMÍA
PRE
HIS
PAN
ICA

HISTORIADOR : CARLOS CONTRERAS editor 
BANCO CENTRAL DE RESERVA DEL PERÚ
IEP Instituto de Estudios Peruanos - 2008