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martes, 2 de febrero de 2021

El inca que traicionó a su hermano (:

José Vargas Sifuentes -Periodista-

Manco Inca propició el viaje a Chile de Diego de Almagro para separarlo de su socio y aniquilarlo. La historia de la larga resistencia de los incas contra los españoles, iniciada por Manco Inca, nombrado por los españoles como sucesor de Atahualpa; y continuada por tres de sus hijos, está llena de pasajes históricos pocos conocidos o ignorados por algunos de nuestros historiadores.
Uno de esos pasajes fue el papel que cumplió Huáscar Túpac Paullu Inkil (o Cristóbal Paullu Inca), nombrado inca por Diego de Almagro, el Viejo.
Recordemos esta historia, que forma parte de la larga lucha emprendida por los sucesores de Atahualpa a partir de 1536.

Tras la ejecución de Atahualpa, Francisco Pizarro nombró inca a Túpac Hualpa, llamado Toparpa, quien murió a los tres meses de su mandato (agosto a octubre de 1533) a causa de un envenenamiento que se atribuyó al general Calcuchimac, quien fue sentenciado a muerte por ello.
Para sucederlo en el trono fue nombrado Manco Inca Yupanqui (también llamado Manco Cápac II), hermanastro de Huáscar y Atahualpa, quien se rebelaría contra los españoles e iniciaría una guerra que inicialmente duraría ocho años.
Al iniciar la guerra de reconquista de su imperio, Manco Inca propició el viaje de Diego de Almagro a Chile en busca de nuevas riquezas. La intención del monarca era separarlo físicamente de su socio conquistador y aniquilarlo durante su viaje al sur.
Con esa mira envió a Vila Oma, sumo sacerdote y general de sus ejércitos, para dirigir la operación y al intérprete Felipillo como principal conspirador. (El papel que este cumplió en esa oportunidad le permitió reivindicarse como un héroe, como lo recordamos en las crónicas publicadas el 27 de octubre y el 10 de noviembre del 2018.)

El plan fue frustrado por la decisión del príncipe Paullu Inca –al mando de un grueso contingente de indios– de acompañar a Almagro para hacer méritos ante los españoles, encumbrarse y ser reconocido como inca bajo su égida.
Paullu era medio hermano de Manco e hijo de Huáscar y de Añas Colque, y se creía con derecho a sucederlo en el gobierno, lo cual le estaba negado por ser hijo de una princesa provinciana y no podía pertenecer a la panaca de su padre.
Sin embargo, habiéndose destruido el orden imperial, los príncipes de madres provincianas habían llegado a considerarse con iguales derechos que los de la cerrada casta de los orejones. Tarde se enteró Manco Inca del protervo proceder de su medio hermano y de su servil acercamiento a Almagro, y nada pudo hacer para contenerlo.

La presencia de Paullu impidió que los nativos atacaran a los invasores, y existe la versión de que se negó a llevar a cabo la matanza, argumentando que, con la fuga de Copiapó, no le quedaron suficientes hombres para concretar la orden.
Decepcionado por no encontrar riquezas, Almagro retornó al Cusco, donde se enteró de la rebelión de Manco Inca –que se había retirado a Vilcabamba–, y que la ciudad era gobernada por Hernando y Gonzalo Pizarro.
Con ayuda de Paullu, el frustrado conquistador se enfrentó y apresó a los hermanos, y después venció a las tropas de Alonso de Alvarado enviado por Francisco Pizarro, en la batalla del Puente Abancay (12 de julio de 1537), y retomó el control del Cusco.

Después de ese episodio, un Almagro agradecido coronó a Paullu como inca, en una fastuosa ceremonia.
La suerte del inca cambiaría cuando Almagro fue vencido en la Batalla de Las Salinas (6 de abril de 1538) y los Pizarro reasumirían el dominio absoluto de la situación. Paullu se refugió para evitar represalias de los vencedores.
Sin embargo, Hernando Pizarro, temiendo que se uniera a su hermano en Vilcabamba, lo convenció para que apoyara a los españoles.

Así lo hizo el falso inca. Lanzó a los indios leales a él contra su medio hermano y sus hermanos de raza. Con su ayuda, los hispanos ocuparon la ciudadela de Vilcabamba y vencieron a las tropas de Manco Inca, aunque no lograron capturarlo.
Informado del hecho, el rey Felipe II instruyó al licenciado Cristóbal Vaca de Castro para que le devuelvan a Paullu Inca las tierras que le fueron decomisadas en Arequipa. Más aún, Pizarro y Vaca de Castro le confirieron vastos repartimientos, y la corona española le concedió en 1544 un escudo de armas, ennobleciéndolo.
Finalmente, adoptó las costumbres españolas y fue bautizado con el nombre de Cristóbal, en 1545, junto con su madre, su hermana, su mujer, Catalina Tocto Sisa, y un hijo de 8 años, en una ceremonia apadrinada por Garcilaso de la Vega, padre del cronista homónimo.
Vivió y ‘gobernó’ en el Cusco hasta el día de su muerte, en 1549.

miércoles, 12 de agosto de 2020

La guerra de los dos hermanos: división y caída del Imperio Inca

El 26 de julio del año 1533, el último gobernante del imperio inca, Atahualpa, fue ejecutado por los españoles a “garrote” (artilugio utilizado para estrangular a los reos). Su muerte significó el fin del gran imperio inca y el comienzo de la conquista española sobre aquella región de América del Sur. Sólo un año antes, Atahualpa había salido victorioso de la sangrienta guerra civil mantenida para conseguir el Sapa Inca (título que significaba ‘el inca, el único’). Esta guerra es conocida con diversos nombres: guerra civil inca,  guerra dinástica inca, guerra de sucesión inca y  guerra de los dos hermanos.

Retratos de Huáscar y Atahualpa aparecidos en sellos peruanos emitidos en el año 2004. 
La muerte de un Sapa Inca
La guerra entre los dos hermanos empezó con la muerte del Sapa Inca Huayna Cápac y de su heredero, Ninan Cuyuhi en el año 1527. Probablemente murieran ambos a causa de la viruela, enfermedad que se propagó rápidamente entre las comunidades indígenas desde la llegada de los españoles al continente.
Tradicionalmente, el Sapa Inca legaba el trono a su primogénito. En el caso de Huayna Cápac, sin embargo, su hijo mayor, Ninan Cuyochi, había fallecido antes que él. Poco después de la muerte de su hijo, también Huayna Cápac se encontró en su propio lecho de muerte, y fue por esta razón por la que el Sapa Inca rompió la tradición y dividió el imperio entre sus dos hijos menores: Huáscar y Atahualpa.

La división del imperio inca
De los dos hijos, Huáscar era el mayor, y el segundo hijo de la mujer legítima de Huayna Cápac. Mientras, de Atahualpa se decía que era fruto de su unión con una de sus concubinas. Por  tanto, entregó el imperio a Huáscar excepto Quito y sus alrededores, al norte del territorio, que fueron para Atahualpa. Gobernando Cuzco, la capital del imperio inca, Huáscar conseguía la lealtad de la mayor parte del pueblo. Atahualpa en cambio lograba la lealtad del ejército inca, situado al norte para someter a las tribus fronterizas. Además, tres importantes generales, Chalcuchímac, Quisquis y Rumiñahui, juraron lealtad al menor de los hermanos.

El 12º Inca, Huayna Cápac
El comienzo de la guerra
Es posible que Huayna Cápac pensara que ambos hermanos gobernarían el imperio juntos, en armonía. Pero no fue así. Huáscar vio el mando de Atahualpa sobre el ejército inca como una amenaza directa a su posición como Sapa Inca, y decidió atacar primero para tratar de conquistar Quito.
Al principio esta maniobra pareció tener éxito, derrotando las tropas de Huáscar a Atahualpa y capturándole cerca de Tomebamba. Sin embargo, Atahualpa logró escapar y regresó a Quito para reagrupar a sus tropas. Aunque Huáscar trató de conquistar la capital norteña, fue derrotado y forzado a replegarse de nuevo hacia el sur. Fue entonces cuando Atahualpa envió un ejército capitaneado por Chalcuchímac y Quisquis contra Huáscar, mientras el general Rumiñahui permanecía en Quito para proteger la plaza.

Historias difamatorias sobre Huáscar
Se ha dicho que Huáscar se fue convirtiendo en un gobernante muy poco querido por su pueblo porque, por ejemplo, se le acusaba de haber asesinado a los señores que habían acompañado el cadáver de su padre, Huayna Cápac. Dichos señores ocupaban una elevada posición social en Cuzco. Por si esto fuera poco, la nobleza le dio la espalda cuando Huáscar supuestamente amenazó con quedarse con las pertenencias de las momias reales para, a continuación, quemar sus sagrados cuerpos.
Incluso se afirmaba que Huáscar mandaba matar a todos los mensajeros enviados por Atahualpa. También se le acusó de haberles cortado la nariz a algunos mensajeros –que portaban presentes de parte de Atahualpa- y mandarlos de vuelta con los ropajes desgarrados. Es muy probable que estas acusaciones acerca de la crueldad de Huáscar provinieran del bando vencedor, es decir, del propio Atahualpa y de sus generales y aliados, mientras que la versión de la historia vivida por Huáscar y los suyos se habría perdido para siempre. 

Chasqui haciendo sonar un pututu (caracola). Los chasquis eran los veloces mensajeros del Imperio Inca, y de ellos se decía que podían correr hasta 240 kilómetros en un día. Por medio de un eficiente sistema de relevos, eran capaces de hacer llegar un mensaje importante de Quito a Cuzco en tan solo una semana.
El fin de la guerra entre los dos hermanos y la creación de un nuevo imperio
En 1532, el ejército de Atahualpa derrotó a las fuerzas de Huáscar en una batalla decisiva librada a las afueras  de Cuzco, capturándole y haciéndole prisionero. Las noticias de esta victoria llegaron hasta Atahualpa cuando éste se hallaba en la ciudad de Cajamarca porque, justo por aquel entonces, se habían visto en aquella zona a unos extraños hombres de piel blanca con “lana en sus rostros”… Los españoles habían llegado. 
Atahualpa no podía suponer entonces lo corto que sería su reinado, ya que aquellos extraños hombres acabarían derrotando a sus ejércitos y ejecutándole, poniendo fin a su Imperio. De hecho, Atahualpa fue apresado muy poco después de su victoria sobre Huáscar.
La guerra entre los dos hermanos no sirvió para conseguir la reunificación del imperio inca bajo un único soberano, sino que provocó, indirectamente, la conquista de los incas por parte de los recién llegados españoles.

Huáscar cautivo del ejército de Atahualpa, dibujo de Felipe Huamán Poma de Ayala

Fuentes:

Hidden Inca Tours, 2015. The Inca Civil War: Not Civil at All. [Online]
Disponible en: https://hiddenincatours.com/the-inca-civil-war-not-civil-at-all/

Minster, C., 2015. Biography of Atahualpa, Last King of the Inca. [Online]
Disponible en: http://latinamericanhistory.about.com/od/theconquestofperu/p/08Atahualpa.htm

Minster, C., 2015. Huáscar and Atahualpa: An Inca Civil War. [Online]
Disponible en: http://latinamericanhistory.about.com/od/theconquestofperu/a/08incacivilwar.htm

Rodriguez, J., 2014. 10 Broken Lines Of Succession That Changed The World. [Online]
Disponible en: http://listverse.com/2014/07/20/10-broken-lines-of-succession-that-changed-the-world/

Spanish Wars, 2012. The Conquest of the Inca Empire. [Online]
Disponible en: http://www.spanishwars.net/16th-century-conquest-inca-empire.html

www.historyworld.net, 2015. History of the Incas. [Online]
Disponible en: http://www.historyworld.net/wrldhis/PlainTextHistories.asp?groupid=3077

www.sjusd.org, 2015. Civil War. [Online]
Disponible en: http://www.sjusd.org/leland/teachers/sgillis/geog/la/inca_civil_war.pdf

lunes, 1 de agosto de 2016

Gómez Suárez de Figueroa "Inca Garcilaso de la Vega"

Las nostalgias y melancolías impulsaron a Garcilaso de la Vega a escribir sobre los incas, sus antepasados, de quienes se decían caprichosas historias. El mestizo peruano quiso contestar esas falsedades y se convirtió en el rey de los cronistas.

Los mestizos: el resultado del encuentro de dos mundos
Francisco Pizarro tuvo tres hijos con mujeres indias. Un hijo con doña Angelina, hija de Atahualpa Inca, y dos con doña Inés de Huaylas, hija de Huaina Cápac. Fueron mestizos; hijos nacidos de la unión entre un español y las dos indias. Muchos casos de españoles e indias, como el del marqués, se dieron durante los primeros conquistadores, porque su tropa carecía de mujeres. Después de ellos, por muchas décadas más, siguió primando esa vinculación, porque venían más varones que mujeres de España.

Retrato imaginario del Inca Garcilaso de la Vega en España.
El español solo se casaba con una de su clase
Esa unión fue, en todo caso, una unión forzada, una muestra más del dominio colonial, porque casi todas las mujeres indias fueron tomadas como concubinas y sus hijos considerados como bastardos. El español no se podía casar sino con española. Cuando las españolas empezaron a llegar al Virreinato, las  concubinas indias y los hijos mestizos fueron abandonados. Por el contrario, hubo durante el coloniaje muy pocos casos de mestizaje como consecuencia de la unión entre un indio y una española. “A los hijos de español y de india o de indio y española nos llaman mestizos, por decir que somos mezclados de ambas naciones; fue impuesto por los primeros españoles que tuvieron hijos en indias; y por ser nombre impuesto por nuestros padres y por su significación, me lo llamo yo a boca llena y me honro con él”, decía el Inca Garcilaso de la Vega.

Los mestizos sufrieron una atroz discriminación
Sin embargo, la clase social de los mestizos fue totalmente discriminada, sin ser aceptada por la república de los españoles ni por la república de los indios. Entre las restricciones que tenían los mestizos, están las siguientes:
1. No podían ejercer funciones públicas.
2. Estaban prohibidos de portar armas, distinción que estaba reservada para los españoles, criollos y caciques.
3. Por lo general, no eran aceptados en los seminarios ni en las órdenes religiosas. No podían ser sacerdotes.
4. No podían ser nombrados como caciques, cargo que estaba destinado solamente para los hijos de la nobleza incaica.
5. Algunos vivieron a expensas de sus padres, sirviendo en sus casas o haciendas. Otros aprendieron y ejercieron algunos oficios. Muchos se convirtieron en labriegos o campesinos.
Pero, demográficamente, iban cobrando cada vez más importancia. Los datos sobre la población por razas que se tiene del siglo XVIII dan a notar que los mestizos habían aumentado considerablemente en el Virreinato del Perú. Entre tanto, la población indígena había disminuido peligrosamente.

Un notable mestizo: el Inca Garcilaso de la Vega
Nació en el Cusco, al que él llamaba Cozco, el 12 de abril de 1539. Fue bautizado con el nombre de Gómez Suárez de Figueroa. En esa época, los niños podían usar cualquiera de los apellidos de sus padres y así lo llamaron también como homenaje a uno de los antepasados de su padre. A los 24 años, cambió su nombre por el de Gómez Suárez de la Vega y, más tarde, por el de Garcilaso de la Vega. Para no confundirlo con el nombre de otro famoso escritor español (Garcilaso de la Vega) se lo llama hoy día: Inca Garcilaso de la Vega. Su padre fue el capitán español Sebastián Garcilaso de la Vega, quien había llegado con las huestes de Pedro de Alvarado al Perú en 1534 y se quedó para reforzar a Francisco Pizarro y Diego de Almagro, y su madre fue la ñusta Isabel Chimpu Ocllo, nieta de Túpac Yupanqui, sobrina de Huaina Cápac y prima de Huáscar y Atahualpa. El capitán español ya no se benefició con el tesoro de Atahualpa pero obtuvo una encomienda en Cotanera, a orillas del río Apurímac, y se estableció en el Cusco, en una casa palaciega de cimientos incaicos y arcos y balcones españoles. Dicha casa todavía existe en la plaza del Regocijo. El capitán Garcilaso de la Vega fue uno de los actores de las guerras civiles entre los españoles y no siempre estuvo del mismo lado, por lo que se burlaban de él diciéndole: “... el leal de tres horas”. En la batalla de la Huarina (20-10-1547; al sureste del lago Titicaca), combatió al lado de Gonzalo Pizarro. Se cuenta que éste perdió su cabalgadura y el capitán Garcilaso de la Vega le cedió la suya, gesto que contribuyó al triunfo del insurrecto. Luego de que Gonzalo Pizarro fuera vencido por el pacificador La Gasca y ajusticiado, Garcilaso de la Vega retornó a las huestes realistas y, a pesar de que su casa cusqueña fue saqueada por los partidarios de Gonzalo Pizarro, siguió gozando de algunos privilegios de la Corona.

Gomez Suarez de Figueroa "Inca Garcilaso de la Vega"
¿Cómo fueron los primeros años del inca?
Se cuenta que a la casa del capitán Garcilaso de la Vega y su mujer Isabel Chimpu Ocllo asistían más de un centenar de comensales, “casi cada día”, entre españoles y nobles indios. El niño Gómez Suárez de Figueroa fue, pues, testigo del encuentro diario de dos culturas, dos modos de vida. Sus padres, por su parte, hacían todo lo posible para que entendiera más la cultura a la que pertenecían. Isabel Chimpu Ocllo trata de que su hijo entienda los valores de sus ancestros. Ella le enseñó el quechua, su tío Cusi Huallpa la historia de sus antepasados y sus tíos Juan Pechuta y Chauca Rimachi las demás cosas del Tahuantinsuyu. Por su parte, el padre, que se encargó de que domine el castellano, confió la crianza del hijo al preceptor Juan de Alcobaza, quien le enseñó gramática y latín. El canónigo Juan de Cuéllar se encargó de perfeccionar su latín y el capitán Gonzalo Silvestre fungió como maestro de historia española. “La vida, de suyo, plantea al niño mestizo graves problemas. El padre, atenido al ritmo de su época, no se cura mucho de ser leal a principios, sino a personas y según el éxito momentáneo, de suerte que se pasa de un campo a otro, cambiando de partido con facilidad... De acuerdo con tales metamorfosis, el insigne bastardo recibirá ora los halagos de GonzalovPizarro, ora los de La Gasca, ora los de Antonio de Mendoza. En medio de tales contradicciones y vicisitudes, la familia mestiza del Capitán vive en la absoluta incertidumbre. Mientras el padre alterna sus devociones, los hijos sufren angustias” (Luis Alberto Sánchez).
La variable personalidad del capitán Garcilaso de la Vega también termina manifestándose en la deslealtad familiar y los prejuicios de la época; abandona a Isabel Chimpu Ocllo y termina casándose con la española Luisa Martel de los Ríos y Lasso de Mendoza, con la que tuvo dos hijas. La princesa inca lo hizo con un escudero de nombre Pedrachi. El Inca Garcilaso de la Vega, tras la dolorosa separación de su familia, siguió
viviendo en la casa de su padre

¿A qué fue a España?
En el año 1559 murió su padre. Había llegado a ser corregidor del Cusco. Por testamento, legó a su hijo las chacras de coca de Havisca (en la zona de Paucartambo) y la suma de cuatro mil pesos para que vaya a estudiar a España. El Inca no pudo tomar posesión de la hacienda porque, según la legislación de la época, tenía que pasar primero a las hijas legítimas, quienes murieron poco tiempo después. El Inca Garcilaso de la Vega se desliga totalmente de su madrastra porque le aguijoneaba la herencia paterna, no solo de abolengo hispano sino también de privilegios crematísticos. Para hallar ambas cosas, decidió cambiar de rumbo a su vida a los 21 años de edad, es decir al poco tiempo de la muerte de su progenitor, en el año 1560. Salió del Cusco y se dirigió a Lima. No le gustó dicha ciudad, de casas sin techo, clima caliente, húmedo y de descomunal plaza. Se quedó maravillado de los restos del Santuario de Pachacámac, de los restos arqueológicos de Cañete y de otros valles, lo mismo que de la visión del océano Pacífico. Tiempo después, se embarcó en el Callao rumbo a España. Luego de una difícil travesía marítima, llegó a Lisboa, de donde se trasladó a Sevilla. Arribó a dicho puerto español en el año 1561. Su viaje había demorado un año. Se fue, pues, a España a reclamar las propiedades de su padre y las que habían sido quitadas a su madre. Luego de varios años de gestiones, la respuesta fue negativa, con el argumento de que su padre le había salvado la vida.

El inca Garcilaso de la Vega era del mismo linaje de Atahualpa
por parte de la madre y descendiente de españoles por parte del padre.
¿A qué se dedicó en España?
Un tanto decepcionado de la corte española, quiso retornar al Perú pero su tío Alonso de Vargas lo persuadió a que se quedara en España, alojándolo en su casa de Montilla (Córdoba) y adoptándolo como su hijo. El Inca ayudó en la administración de sus bienes al tío y se dedicó a ampliar su información cultural.
En 1570 murió don Alonso de Vargas. Sus bienes pasaron a la posesión de la viuda. Cuando ésta murió le fueron otorgados al Inca Garcilaso de la Vega. Entre el año 1570 y poco antes de que muera su tía, el Inca se alistó en el ejército realista. Bajo las órdenes de Juan de Austria combatió contra los moros en la batalla de las Alpujarras, alcanzando el grado de Capitán de su Majestad. En el año 1571 supo de la muerte de su madre, lo que terminó con algún deseo de regresar al Perú. Incluso, dispuso la venta de su hacienda de coca en Havisca. Se relacionó con los jesuitas de Montilla y otros intelectuales de la región, los que lo animaron a traducir “Los Diálogos del Amor” y a su vez para ingresar a la creación literaria. En el año 1588 murió la viuda de su tío y padre adoptivo Alonso de Vargas. El Inca Garcilaso de la Vega gozó a partir de entonces de suficiente solvencia económica y pudo dedicarse plenamente a escribir. Lo hicieron vecino de la ciudad de Montilla y participó en el cabildo. Adquirió más casas y viñedos y se convirtió en próspero agricultor. Se dedicó a la venta del trigo y al negocio de la compra-venta de caballos. Pero, se cansó de la vida pueblerina, vendió todas sus propiedades de Montilla y se trasladó a Córdoba. En dicha ciudad, su círculo de amigos aumentó gracias al apoyo de los jesuitas del lugar y pudo escribir sus grandes obras.

“Enterróse en ella”
Murió el Inca Garcilaso de la Vega el 23 de abril 1616 y fue enterrado en una de las capillas que él mismo había hecho construir dentro de la catedral de Córdoba. En su cripta se encuentra el siguiente texto: “Vivió en Córdoba con mucha religión. Murió ejemplar: dotó esta capilla. Enterróse en ella”.

Proemio de los “Comentarios Reales”
“Aunque ha habido españoles curiosos que han escrito las repúblicas del Nuevo Mundo, como la de México y la del Perú y las de otros reinos de aquella gentilidad, no ha sido con la relación entera que de ellos se pudiera dar, que lo he notado particularmente en las cosas que del Perú he visto escritas, de las cuales, como natural de la ciudad del Cozco, que fue otra Roma en aquel Imperio, tengo más larga y clara noticia que la que hasta ahora los escritores han dado. Verdad es que tocan muchas cosas de las muy grandes que aquella república tuvo, pero escríbenlas tan cortamente que aun las muy notorias para mí (de la manera que las dicen) las entiendo mal. Por lo cual, forzado del amor natural de la patria, me ofrecí al trabajo de escribir estos Comentarios, donde clara y distintamente se verán las cosas que en aquella república había antes de los españoles.

¿Cuáles son sus obras?
1588 - “Los diálogos de Amor de León Hebreo” (traducción del italiano al español).
1590 - “Relación de la descendencia del famoso Carci Pérez de Vargas con algunos pasos de historia digna de su memoria”.
1605 - “Historia de Florida y jornada que a ella hizo el gobernador Hernando de Soto”.
1609 - “Comentarios Reales”.
1617 - “Historia General del Perú”. Esta obra, que es la segunda parte de los “Comentarios Reales”, fue publicada después de su muerte.

Portada de una de las primeras ediciones de los “Comentarios Reales
de los Incas”.Fue impresa a dos colores en Madrid, en 1628. Se añadió
la “vida de Inti Cusi Yupanqui, penúltimo inca”.
“El origen de los Incas Reyes del Perú”
“Viviendo o muriendo aquellas gentes de la manera que hemos visto, permitió Dios Nuestro Señor que de ellos mismos saliese un lucero del alba que en aquellas oscurísimas tinieblas les diese alguna noticia de la ley natural y de la urbanidad y respetos que los hombres debían tenerse unos a otros, y que los descendientes de aquél, procediendo de bien en mejor cultivasen aquellas fieras y las convirtiesen en hombres, haciéndoles capaces de razón y de cualquiera buena doctrina, para que cuando ese mismo Dios, sol de justicia, tuviese por bien de enviar la luz de sus divinos rayos a aquellos idólatras, los hallase, no tan salvajes, sino más dóciles para recibir la fe católica y la enseñanza y doctrina de nuestra Santa Madre Iglesia Romana, como después acá lo han recibido, según se verá lo uno y lo otro en el discurso de esta historia; que por experiencia muy clara se ha notado cuánto más prontos y ágiles estaban para recibir el Evangelio los indios que los Reyes Incas sujetaron, gobernaron y enseñaron, que no las demás naciones comarcanas donde aún no había llegado la enseñanza de los Incas, muchas de las cuales se están hoy tan bárbaras y brutas como antes se estaban, con haber setenta y un años que los españoles entraron en el Perú. Y pues estamos a la puerta de este gran laberinto, será bien pasemos adelante a dar noticia de lo que en él había. Después de haber dado muchas trazas y tomado muchos caminos para entrar a dar cuenta del origen y principio de los Incas Reyes naturales que fueron del Perú, me pareció que la mejor traza y el camino más fácil y llano era contar lo que en mis niñeces oí muchas veces a mi madre y a sus hermanos y tíos y a otros sus mayores acerca de este origen y principio, porque todo lo que por otras vías se dice de él viene a reducirse en lo mismo que nosotros diremos, y será mejor que se sepa por las propias palabras que los Incas lo cuentan que no por las de otros autores extraños. Es así que, residiendo mi madre en el Cozco, su patria, venían a visitarla casi cada semana los pocos parientes y parientas que de las crueldades y tiranías de Atahualpa (como en su vida contaremos) escaparon, en las cuales visitas siempre sus más ordinarias pláticas eran tratar del origen de sus Reyes, de la majestad de ellos, de la grandeza de su Imperio, de sus conquistas y hazañas, del gobierno que en paz y en guerra tenían, de las leyes que tan en provecho y favor de sus vasallos ordenaban. En suma, no dejaban cosa de las prósperas que entre ellos hubiese acaecido que no la trajesen a cuenta.
De las grandezas y prosperidades pasadas venían a las cosas presentes, lloraban sus Reyes muertos, enajenado su Imperio y acabada su república, etc. Estas y otras semejantes pláticas tenían los Incas Pallas en sus visitas, y con la memoria del bien perdido siempre acababan su conversación en lágrimas y llanto, diciendo: “Trocósenos el reinar en vasallaje...” etc. En estas pláticas yo, como muchacho, entraba y salía muchas veces donde ellos estaban, y me holgaba de las oír, como huelgan los tales de oír fábulas. Pasando pues días, meses y años, siendo ya yo de diez y seis o diez y siete años, acaeció que, estando mis parientes un día en esta su conversación hablando de sus Reyes y antiguallas, al más anciano de ellos, que era el que daba cuenta de ellas, le dije: - Inca, tío, pues no hay escritura entre vosotros, que es lo que guarda la memoria de las cosas pasadas, ¿qué noticia tenéis del origen y principio de nuestros Reyes? Porque allá los españoles y las otras naciones, sus comarcanas, como tienen historias divinas y humanas, saben por ellas cuándo empezaron a reinar sus Reyes y los ajenos y al trocarse unos imperios en otros, hasta saber cuántos mil años ha que Dios crió el cielo y la tierra, que todo esto y mucho más saben por sus libros. Empero vosotros, que carecéis de ellos, ¿qué memoria tenéis de vuestras antiguallas?, ¿quién fue el primero de nuestros Incas?, ¿cómo se llamó?, ¿qué origen tuvo su linaje?, ¿de qué manera empezó a reinar?, ¿con qué gente y armas conquistó este grande Imperio?, ¿qué origen tuvieron nuestras  hazañas? El Inca, como holgándose de haber oído las preguntas, por el gusto que recibía de dar cuenta de ellas, se volvió a mí (que ya otras muchas veces le había oído, mas ninguna con la atención que entonces) y me dijo: -Sobrino, yo te las diré de muy buena gana; a ti te conviene oírlas y guardarlas en el corazón (es frase de ellos por decir en la memoria). Sabrás que en los siglos antiguos toda esta región de tierra que ves eran unos grandes montes y breñales, y las gentes en aquellos tiempos vivían como fieras y animales brutos, sin religión ni policía, sin pueblo ni casa, sin cultivar ni sembrar la tierra, sin vestir ni cubrir sus carnes, porque no sabían labrar algodón ni lana para hacer de vestir; vivían de dos en dos y de tres en tres, como acertaban a juntarse en las cuevas y resquicios de peñas y cavernas de la tierra. Comían, como bestias, yerbas del campo y raíces de árboles y la fruta inculta que ellos daban de suyo y carne humana. Cubrían sus carnes con hojas y cortezas de árboles y pieles de animales; otros andaban en cueros. En suma, vivían como venados y salvajinas, y aun en las mujeres se habían como los brutos, porque no supieron tenerlas propias y conocidas” 


El Inca Garcilaso dela Vega, según pintor
del cusqueño F. Gonzales Gamarra

Inca Garcilaso de la Vega; 
“Comentarios Reales” de los Incas

jueves, 10 de marzo de 2016

Atahualpa Inca Yupanqui (1487-1533)

Atahualpa ya sabía que los “barbados” estaban en su territorio y que venían con el ánimo de conquista. Sin embargo, sintiéndose todavía vencedor de la guerra civil entre los incas, hijo favorito del dios Inti, se creyó invulnerable y no se preparó para enfrentarse a los españoles. Su soberbia le hizo perder al antiguo Perú la posibilidad de seguir desarrollándose con autonomía e independencia.

Tetrarquía cusqueña
Era costumbre en el Tahuantinsuyu que cuando el Zapa Inca se ausentaba del Cusco, siempre dejaba a su reemplazante. Ese encargo podía recaer en un auqui o en una junta de orejones o nobles cusqueños. Esos gobernantes temporales mantenían con el Zapa Inca, donde él estuviera, una comunicación casi diaria, gracias al servicio de los quipucamayocs y de los chasquis. Así, por ejemplo, durante las ausencias de Huaina Cápac, una tetrarquía de orejones o nobles gobernó el Cusco. Estuvo integrada por Topa Cusi Huallpa (Huáscar Inca), Hilaquita, Auqui Topa Inca y Tito Atauchi. En el séquito del Zapa Inca, siempre estuvieron sus otros hijos: Ninancuyuchi y Atahualpa.
Huáscar Inca era hijo de Huaina Cápac y de la coya Raura Ocllo. Había nacido en el Cusco y pertenecía, por descendencia materna, al linaje de Túpac Inca Yupanqui. Era más administrador que guerrero. Atahualpa Inca era también hijo de Huaina Cápac, pero este lo tuvo con la ñusta Tupa Palla. Hay cronistas que sostienen que su madre se llamó Tocto Coca. “Se llamó Toctollo”, dice Santa Cruz Pachacútec. Si hubiese sido así, su linaje descendía de Pachacútec Inca Yupanqui.


¿Quién fue la madre del intrépido?
Pero hay dudas sobre quién fue la madre de Atahualpa Inca. Veamos: 
1. Hay quienes afirman que nació en Quito (por ejemplo: Inca Garcilaso de la Vega, Antonio Vázquez de Espinoza, Pedro Pizarro, Agustín Zárate, Pedro Gutiérrez de Santa Clara y Francisco López de Gómara). 
2. Felipe Guamán Poma de Ayala afirma que nació en Chachapoyas. 
3. Marcos de Niza (según Juan de Velasco, en su Historia de Quito) dice que Huaina Cápac se había casado con la última descendiente de la etnia de los scyris (del reino de Quito). De esa unión, nació Atahualpa. Lo cierto es que Atahualpa Inca se destacó por su espíritu guerrero, ganándose la confianza de su padre y constituyéndose como su preferido. 

Sucesión, enfermedad y muerte
Sin embargo, Huaina Cápac había establecido la siguiente orden de sucesión:
1. Primera opción, su hijo Ninancuyuchi. 
2. Segunda opción, Huáscar Inca. Atahualpa Inca no estuvo en sus planes iniciales. Esa versión es sostenida por los cronistas Pedro Sarmiento de Gamboa, Juan Santa Cruz Pachacuti Yamqui, Bernabé Cobo, Martín de Murúa y Miguel Cabello Balboa.
Para asegurarse de su buena elección, Huaina Cápac consultó con los augures. Un villaoma partió a hacer los sacrificios de la callpa (“la fuerza o poder del alma o del cuerpo; augur”). En eso, Huaina Cápac cayó enfermo de viruela, en Quito. Ante la gravedad de la situación, una embajada especial, comandada por Cusi Topa Yupanqui, fue enviada a Tumipampa para que avise a Ninancuyuchi de la decisión de su padre para que sea el reemplazante en el trono imperial.El villaoma regresó a Quito desalentado por las “respuestas negativas” de los augures. Los enviados a Tumipampa también retornaron a Quito. Llegaron con la fatal noticia de que Ninancuyuchi había fallecido. Esos malos informes ya no pudieron ser escuchados por el Zapa Inca, porque Huaina Cápac había dejado de existir.

Huaina Cápac, el último de los grandes
incas. Murió sin determinar quien sería su heredero
La contienda política
El Tahuantinsuyu había quedado acéfalo; sin gobernante oficial, real. Ante tal situación de incertidumbre, los orejones de la corte imperial que estaban en Quito urdieron una estratagema. Decidieron llevar la momia de Huaina Cápac al Cusco, “como si estuviera vivo, para no generar mayor desconcierto”, pero Atahualpa Inca y un grupo de nobles se quedaron, sospechosamente, en Quito. En cambio, Raura Ocllo, la Coya, madre de Huáscar Inca, salió apresuradamente de Quito rumbo al Cusco para dar esa noticia a su hijo. Otra de sus intenciones era convencer a los nobles orejones para que nombren a Huáscar Inca como al nuevo Zapa Inca. Después de ella, recién la comitiva, con la momia de Huaina Cápac, llegó primero a Limatambo; luego, al Cusco. Al llegar la comitiva al “Ombligo del Mundo”, Huáscar Inca se encolerizó, porque comprobó que Atahualpa Inca no estaba en ella, confirmándose la versión de su madre. Culpó a los orejones “por no haberlo llevado”. En verdad, Atahualpa Inca había desacatado la orden dada por su hermano mayor, el auqui, de trasladarse a la capital imperial. Huáscar Inca perdió toda la confianza que le tenía a Atahualpa Inca y llegó a creer que todos los que llevaron la momia de Huaina Cápac eran cómplices de tamaña ofensa a su investidura imperial. Por eso, dispuso que matasen a todos los orejones de la comitiva venida de Quito; cosa que se cumplió en el acto. Ese castigo, para algunos cronistas, se realizó en el Cusco; para otros, en Limatambo. Los orejones a quienes Huáscar Inca había hecho ejecutar pertenecían al linaje de Pachacútec Inca Yupanqui. El principal de ellos fue Cusi Topa Yupanqui. Por lo tanto, esa medida molestó a las panacas del Hanan Cusco.

La lucha de las panacas
Atahualpa Inca se dirigió a Tumipampa, donde hizo construir varios edificios públicos imperiales, presuntamente “en homenaje a Huáscar Inca”. Pero las intrigas cortesanas en el “Ombligo del Mundo” se incrementaron. Los huascaristas veían en todos los actos de Atahualpa Inca la inminencia de una traición y los atahualpistas creían percibir en cada gesto de Huáscar Inca los deseos de una hegemonía en los beneficios del Imperio, excluyéndolo. Por supuesto, esas insinuaciones aumentaron la desconfianza y acrecentaron el mutuo resentimiento entre ambos hermanos.
Los españoles disparan a diestra y siniestra
mientras los orejones tratan de sostener el
anda del inca
En eso, para “mal de males”, Ullco Colla, el curaca de Tumipampa, envió mensajeros a Huáscar Inca haciéndole saber que Atahualpa Inca intentaba sublevarse. Huáscar Inca volvió a enfurecerse. Esta vez, culpó a su madre y hermana por haber permitido que Atahualpa Inca se quedase en el norte. Más que nunca, consideró que Atahualpa Inca era un gran peligro para su trono. Para desgracia de Huáscar Inca, Atahualpa Inca era el preferido de los militares, cuyos mandos más importantes se habían quedado con él en Quito y Tumipampa. Mensajeros especiales de Atahualpa Inca llevaron al Cusco ricos presentes para Huáscar Inca, para apaciguarlo y ganar tiempo. Pero el advertido Huáscar Inca no cayó en la trampa y los obsequios fueron menospreciados y dichos mensajeros fueron ejecutados. Dicen que sus pieles fueron secadas para convertirlas en cueros, con los que se hicieron tambores de guerra. Huáscar Inca, por burla y provocación, le hizo llegar a Atahualpa Inca prendas y joyas femeninas.

Guerra, leyenda y mitología
Con todas esas actitudes, dignas de su tiempo, la animadversión entre los hermanos aumentó. De ella se aprovecharon los generales de Atahualpa Inca y le convencieron para que haga pública su rebelión. A partir de entonces, la guerra civil se desató. Dos ejércitos entraron en campaña para pelear por la hegemonía en el Tahuantinsuyu. Cuando Atahualpa Inca estaba todavía en Tumipampa, haciendo preparativos para la contienda, cayó prisionero. “Fue apresado por los cañaris, leales a Huáscar Inca”, dicen algunos cronistas. “Fue derrotado por tropas enviadas del Cusco, por Huáscar Inca”, dicen otros cronistas. Lo cierto es que fue encerrado en un tambo real, de donde fue liberado durante la noche por sus partidarios. Se dice que una mamacuna le proporcionó una barra de cobre con la que hizo un forado en la pared y logró escabullirse sin ser notado por sus vigilantes, “que festejaban el triunfo”. Atahualpa Inca aprovechó astutamente dicho episodio, porque hizo creer que el Inti lo había transformado en amaru (serpiente) para que pueda escaparse por una rendija del tambo real. Esa leyenda se propaló por todo el Imperio y convirtió a Atahualpa Inca en un ser mítico; el “elegido por los dioses”.
Las tropas de Atahualpa Inca se reorganizaron en Quito. Con su ejército bien pertrechado, volvió a Tumipampa, tomando dicha plaza. Allí, Atahualpa Inca se vengó de los cañaris, porque destruyó la ciudad fundada por Túpac Yupanqui y convertida por Huaina Cápac en su llacta preferida. Luego, se dirigió a la costa norte, destruyendo todos los poblados hasta Tumbes. Para tomar el curacazgo de La Puná, que era partidario de Huáscar Inca y que quedaba en la isla del mismo nombre, en el golfo de Guayaquil, Atahualpa Inca reunió una respetable flota de balsas, a fin de invadirlo desde tierra firme. Avisado de las intenciones del inca, el curaca de La Puná hizo lo mismo, pero en su isla. Atahualpa Inca embarcó a su tropa hacia La Puná y el curaca de esa isla salió a su encuentro. En el mar, ambas flotillas de guerra se encontraron y se trabó un feroz combate. Atahualpa Inca fue herido en la pierna y sus tropas llevaron la peor parte y tuvieron que retirarse a tierra firme.  De allí, se trasladaron a Quito. El victorioso curaca de La Puná invadió Tumbes, la arrasó y castigó a la guarnición dejada por Atahualpa Inca, tomando centenares de prisioneros. Cuando llegó Francisco Pizarro a ese sitio, encontró a 600 cautivos atahualpistas.

Huáscar Inca no mostraba liderazgo
Entre tanto, Huáscar Inca, que había sido elegido por la nobleza cusqueña como Zapa Inca, se mostraba en el Cusco como un gobernante “pusilánime, violento, cruel y desatinado”. No logró captar la simpatía de la clase dirigente incaica ni el respeto de los generales del ejército de Huaina Cápac que se hallaban en la ciudad capital. Además, se hizo impopular porque: 
a). No asistía a los agasajos y comidas que las panacas solían hacer en la plaza principal del Cusco durante sus festividades. 
b). Apartó de su guardia personal a los integrantes de los ayllus custodios, desconfiando de ellos. En su reemplazo, un grupo especial de cañaris y chachapuyas pasaron a formar su guardia real. 
c). Amenazó con despojar a las panacas de sus haciendas y otros bienes. Pero, lo que colmó la indignación de la nobleza cusqueña fue la decisión de Huáscar Inca de enterrar las momias que cada panaca conservaba. Le oyeron decir: “En el Cusco hay más momias que vivos”.
Ese hecho era grave, porque: “Según las costumbres cusqueñas, las momias de los difuntos incas se conservaban como si estos estuviesen con vida, rodeadas de sus mujeres y servidores. Suyos eran los mejores campos de las afueras del Cusco, es así como los muertos gozaban de mayores riquezas y privilegios que los vivos. Alrededor de los cuerpos de los pasados soberanos se reunía un numeroso séquito que se sustentaba a costa de las panacas, y ocupaba la capital en recíprocas fiestas, borracheras y comilonas” (María Rostworowski).Todas esas intenciones de Huáscar Inca despertaron el rencor de los miembros de las panacas, de sus muchos servidores y paniagudos. Huáscar Inca, al notar ese rechazo, quiso pasarse del Hanan Cusco al Hurin Cusco. En cambio, Atahualpa Inca, que había pasado diez años lejos de las intrigas de la corte cusqueña, fue ganando adeptos. Además, estaba respaldado por una buena parte del ejército imperial y de los generales más experimentados y hábiles.

En la guerra civil, Huáscar Inca fue
derrotado y apresado (dibujo de Guamán Poma de Ayala)
La campaña norteña
Huáscar Inca envió, bajo órdenes del general Atoc, un numeroso ejército a Tumipampa. En esta ocasión, no era un símbolo cualquiera el que enarbolaba dicho ejército. Una hermosa estatua de oro del Inti encabezaba dicha marcha. Atahualpa Inca, desde Quito, mandó a sus tropas a órdenes de los generales Challcochima, Quízquiz, Rumiñahui y Ucamari. El primer encuentro entre ambos ejércitos se realizó en Chillopampa, triunfando las tropas de Atoc. Miguel Cabello Balboa, el cronista, dice que ese primer encuentro se realizó en Mullihambato. Según el mismo cronista, en una segunda batalla salieron victoriosas las tropas de Atahualpa Inca. Según Pedro Cieza de León, hubo solo una batalla entre los ejércitos de ambos incas. Pero es evidente que en la campaña norteña la victoria final correspondió a las tropas atahualpistas. En esta campaña murió Ullco Colla, curaca de Tumipampa. Los generales Atoc y Hango cayeron prisioneros y fueron cruelmente victimados. Según una versión, los volvieron ciegos y los abandonaron en un paraje solitario, donde murieron de hambre y sed. Según otros, murieron ante la presencia de sus enemigos. De sus pieles, se habría hecho tambores de guerra. Del cráneo de Atoc “mandó hacer Challcochima un recipiente con adornos de oro para beber chicha”, dice un cronista.

Campaña de la sierra central
El ejército huascarista -bajo el mando de los orejones Huanca Auqui, Ahuapanti, Urco Huaranca e Inca Roca- salió del Cusco con dirección al norte. El ejército atahualpista, comandado por Quízquiz y Challcochima, fue a su encuentro. Se enfrentaron ambos ejércitos en Caxabamba, saliendo derrotados los huascaristas. Huanca Auqui logró huir y reorganizó sus tropas en Cajamarca. Pero, a partir de entonces, todas las batallas de esa campaña se van a definir a favor de las tropas atahualpistas; a tal extremo que los huascaristas solo protegieron su retirada hacia el Cusco. Las más importantes de dichas batallas fueron: Cocha Huailla (Huancabamba- Huambo), Pumpu (meseta de Bombón), Jauja (valle del Mantaro) y Vilcas (Ayacucho).

Defensa de la capital imperial
Atahualpa Inca se había quedado en Cajamarca. Cuando sus victoriosas tropas ya se hallaban en Curahuasi (pasando Andahuaylillas; sureste del Cusco; provincia de Quispicanchis), Huáscar Inca multiplicó sus rogativas a las huacas. Como las respuestas siempre eran negativas, cayó en un desánimo casi total. Pero, ante la inminente invasión al “Ombligo del Mundo”, fue obligado a hacer frente a la situación.
Reorganizó su ejército. Lo dividió en tres frentes: 
A). El primero, comandado por él mismo, custodiado por nobles guerreros del Hurin Cusco, cañaris y chachapoyas.
B). El segundo, por Uampa Yupanqui, quien dirigió su ejército hacia Cotabambas, a donde habían retrocedido las tropas de Atahualpa Inca. 
C). El tercero, bajo la jefatura de Huanca Auqui, quien tenía la misión de vigilar y atacar al enemigo por sorpresa.

Requerimiento a Atahualpa Inca hecho por el
dominico Vicente Valverde, con la presencia
de Hernando de Aldana y Felipillo.
Guanacopampa
Ambos ejércitos se encontraron en Guanacopampa (distrito de Tambobamba, provincia de Cotabambas, Región Apurímac). El primer escalón huascarista que entró en batalla fue el comandado por Uampa Yupanqui. Enterado que entre los atahualpistas había muerto el general Tomay Rima y, por ese motivo, anticipándose a una victoria final, Huáscar Inca ordenó la participación de los demás escalones. En la lucha destacaron sus hermanos Tito Atauchi y Topa Atao. La batalla fue encarnizada. Duró todo el día y ninguno de los ejércitos se rindió. Al anochecer, Quízquiz y Challcochima se replegaron a una colina cercana. Huáscar Inca, al notar la hierba seca que los rodeaba, hizo que prendieran fuego. Abrasados por el incendio, murieron muchos soldados atahualpistas. Entonces, sus jefes ordenaron la retirada y cruzaron el río Cotabambas, pero Huáscar Inca cometió el error de no perseguirlos. Al día siguiente, Topa Atao fue al encuentro de Challcochima hacia una hondonada, pero Challcochima lo derrotó y lo tomó prisionero. Luego, hizo avisar a Quízquiz que tomara preso al soberano por la retaguardia. Huáscar Inca cayó en la emboscada y fue hecho prisionero. En seguida, Challcochima tomó sus andas, se subió a ella llevada por sus partidarios y, haciéndose pasar por el Zapa Inca, se dirigió a Guanacopampa, donde estaba pertrechado gran parte del ejército de Huáscar Inca.
Allí, al principio creyeron que volvía su inca victorioso. Pero el hábil general Challcochima soltó a un prisionero para que avisara que el Zapa Inca había caído en su poder. Entonces, las tropas rivales, totalmente desconcertadas, emprendieron la huida por el río Cotabambas. Cuando pasaban a la otra orilla, les cayeron las tropas de Challcochima, los derrotaron y tomaron prisionero al general Tito Atauchi.

Toma de la ciudad imperial 
El apresado Huáscar Inca, con una custodia especial, quedó en Quiuipay. Las victoriosas tropas atahualpistas avanzaron hacia el Cusco. Arribaron a Yavira, muy cerca de la ciudad-capital, para descansar y recibir órdenes de Atahualpa Inca, el usurpador Zapa Inca. Informados de dichos sucesos, llegaron a Yavira los personajes más importantes de la nobleza cusqueña, para rendir homenaje a Atahualpa Inca, quien era representado por una estatua; su doble o huauque, llamado Ticsi Cápac. Challcochima ordenó un castigo ejemplar contra el general huascarista Huanca Auqui y los villaomas Apo Challco Yupanqui y Rupaca, culpados por haber entregado la mascapaycha a Huáscar Inca. Luego, los atahualpistas tomaron el Cusco sin ningún otro contratiempo. Enaltecido por la victoria final, Atahualpa Inca envió a Cusi Yupanqui al Cusco con poderes especiales, principalmente para castigar a los partidarios de Huáscar Inca. Una disposición precisa quedó al descubierto al poco tiempo de su llegada: aniquilar la panaca de Túpac Inca Yupanqui y el linaje de Huáscar Inca. En efecto, las mujeres, hijos y deudos de Huáscar Inca fueron ejecutados. Destruyeron el mallqui de Túpac Inca Yupanqui, quemándolo en un despoblado. Ese acto era considerado en ese tiempo como el más vil de los castigos. Luego, persiguieron y mataron a todos los integrantes de su panaca, incluyendo a sus mamaconas, yanas y demás servidumbre.

Grabado colonial sobre la muerte de Atahualpa
“Extraños y fieros barbados”
Cuando Atahualpa Inca se encontraba en Huamachuco, preparándose para viajar al Cusco, llegaron unos mensajeros enviados por los curacas de Paita y Tumbes. Le informaron al Zapa Inca que habían llegado unos “extraños personajes que habitaban unas casas flotantes y montaban unos enormes animales”. Atahualpa Inca ordenó que a Huáscar Inca lo llevasen a Cajamarca, donde él mismo también se dirigió para estar más al tanto del desplazamiento de esos barbados en tierras de “su imperio”. Francisco Pizarro y su tropa se enteraron de estas noticias estando en Tangarará, donde fundaron la ciudad de San Miguel. Pizarro calculó sus acciones y no se apresuró. Sabía que el curso de la historia estaba a su favor. Se acercaba el fin del Tahuantinsuyu. El 15 de noviembre de 1532, llegó Pizarro a la llacta de Cajamarca, mientras Atahualpa Inca lo esperaba en los Baños del Inca, a 5 km de la ciudad. Sin apearse del caballo, Pizarro ordenó a Hernando de Soto, primero, y a Hernando Pizarro, después, que fueran a invitarlo al Inca. Atahualpa Inca se mostró sereno, seguro, hasta soberbio, ante la embajada y ofreció visitarlos al día siguiente. No tomó ninguna previsión guerrera. En cambio, los españoles prepararon la emboscada. Al día siguiente, cuando ya se ocultaba el Inti, llegó la comitiva de Pizarro a Cajamarca. Atahualpa Inca, el Señor de Chincha y el Señor de Cajamarca se presentaron en relucientes andas e ingresaron a la plaza de Cajamarca. Les salió al paso el cura dominico Vicente Valverde, quien les hizo el requerimiento o sometimiento a la Corona española, lo que Atahualpa Inca rechazó enfurecido. Valverde dijo: “¡Santiago! ¡Santiago!”, el grito de guerra que Pizarro y sus huestes estaban esperando. Salieron los soldados de a caballo, los dogos, los fusileros de a pie y las cuatro culebrinas empezaron a disparar sus balas. Todo se alborotó y los acompañantes del Inca entraron en pánico y empezaron a escaparse, muriendo miles en ese intento ante la arremetida de la tropa pizarrista. Francisco Pizarro aprovechó la ocasión para tomar preso a Atahualpa Inca, con lo que la victoria fue asegurada por los conquistadores.
Días después, Atahualpa Inca, comprendiendo la ambición de los españoles, les ofreció una fabulosa cantidad de oro y plata por su libertad. Pizarro hipócritamente, aceptó el ofrecimiento. De todo el Tahuantinsuyu empezó a llegar el tesoro de los incas, uno de los más grandes que conquistador alguno haya obtenido en la historia de la humanidad. Los españoles fundieron todos los objetos artísticos de oro y se repartieron los lingotes, enviando el “quinto real” a España. En seguida, “juzgaron” a Atahualpa Inca y lo sentenciaron a ser quemado vivo. El Inca pidió clemencia, se bautizó y fue muerto con la pena del garrote. Era el 26 de julio del año 1533, fecha en que se terminó el desarrollo independiente de la cultura andina.

Pintura colonial sobre la muerte y los funerales del Inca Atahualpa
FUENTE: JUlio villanueva Sotomayor
Biografia "Atahualpa Inca Yupanqui"