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miércoles, 4 de enero de 2017

El dramático final de la civilización mochica

Los mochicas habían convertido la desértica costa peruana del Pacífico en su hogar, pero las fluctuaciones climáticas arruinaron el delicado equilibrio ecológico que sustentaba su modo de vida.
Al norte del Perú, donde las olas del Pacífico baten una árida región costera, floreció un pueblo tenaz y belicoso que entre los siglos I y VIII creó la primera organización política compleja de la zona andina. Eran los mochicas, grandes ingenieros que excavaron canales en medio del desierto para regar sus cultivos, y levantaron palacios, templos y enormes pirámides de adobe. Estas últimas construcciones, conocidas como huacas –palabra que en lengua quechua designa un lugar de culto–, fueron el centro religioso y político de cada comunidad.

Sacerdotes mochicas portan copas con la sangre de los prisioneros sacrificados. Fresco. Museo Nacional de Arqueología e Historia del Perú, Lima.
Los mochicas también eran excelentes artesanos, y elaboraron una cerámica de extraordinaria belleza y perfección, así como delicados ornamentos de oro, plata y cobre para sus dirigentes. Establecieron, además, amplias y prósperas redes comerciales que se adentraban en los actuales territorios de Chile y Ecuador. Pero hacia finales del siglo VIII, esta sofisticada y rica cultura conoció un final repentino. Una serie de cataclismos naturales, provocados por un drástico cambio climático, afectaron a la zona costera donde la sociedad mochica se había desarrollado y contribuyeron a su desaparición.

El control del territorio
En el norte, los mochicas se habían extendido por el valle del río Jetepeque, cuyos asentamientos principales fueron San José de Moro y la Huaca Dos Cabezas, y por el valle del río Lambayeque, donde se encuentran Sipán y Pampa Grande. Esta cultura norteña destacó en el desarrollo de la metalurgia del cobre, de la que se han encontrado magníficos ejemplos en algunas tumbas de gobernantes, como la famosa sepultura del Señor de Sipán, descubierta en 1987 por el arqueólogo peruano Walter Alva, y que proporcionó un espectacular tesoro de piezas de orfebrería de gran belleza. Los mochicas conocieron las técnicas del laminado, dorado, repujado y vaciado, y dominaron la aleación de metales. Usaron oro, plata, cobre, plomo, estaño e incluso mercurio. En el sur, los mochicas ocuparon el valle del río Moche, donde se localizan la Huaca del Sol y la Huaca de la Luna, y el valle del río Chicama, donde se halla el complejo ceremonial de El Brujo. Los mochicas sureños destacaron por su dominio de las técnicas de alfarería, ya que mientras en el norte las formas cerámicas son más sencillas, en colores crema y rojo, en esta zona se han encontrado la mayoría de las cerámicas de formas animales elaboradas por este pueblo. Tanto el sur como el norte son zonas de gran aridez, y los mochicas tuvieron que vencer al desierto mediante la irrigación artificial. Desviaron el agua de los ríos que bajan de los Andes y, con ladrillos de barro, crearon un extenso sistema de acueductos, muchos de los cuales siguen en uso. De esta forma desarrollaron una agricultura, con más de treinta variedades de cultivo, que les permitió contar con una amplia gama de excedentes agrícolas. También explotaron ampliamente los recursos marinos, de los que el océano Pacífico les proveía en abundancia, así como la caza.

Una sociedad muy jerarquizada
Los mochicas se establecieron en núcleos urbanos que constituían el centro de pequeños Estados con una estructura social muy jerarquizada. El núcleo principal de estos Estados eran las huacas. El soberano, que recibía el título de cie-quich, pertenecía a la nobleza militar y desempeñaba un importante papel en los rituales que tenían lugar en las huacas. Su vida estaba dedicada por completo a la guerra, a los ritos religiosos en honor a la principal divinidad mochica, Ai Apaec, y a engrandecer su prestigio frente a los líderes rivales.
Por debajo de los grandes señores se encontraban los sacerdotes, guardianes de los conocimientos astronómicos, arquitectónicos y metalúrgicos, y que también podían curar enfermedades. En un nivel más bajo se encontraban los artesanos, los mercaderes y el pueblo llano, compuesto por campesinos, pescadores y soldados. Los esclavos, normalmente prisioneros de guerra, formaban el peldaño inferior de la sociedad mochica.
En el siglo VI, esta sociedad íntimamente enraizada en su medio físico empezó a sentir los estragos de un fenómeno meteorológico conocido como El Niño: una corriente oceánica cálida impide el afloramiento de las aguas más frías de la corriente de Humboldt, lo que favorece la evaporación del agua marina, que luego cae en forma de precipitaciones torrenciales. El Niño afecta a esta zona con regularidad, pero por entonces fue inusualmente fuerte y prolongado: intensas e interminables lluvias asolaron la región durante treinta años.

El sacrificio ritual mochica de prisioneros aparece representado en infinidad de cerámicas y relieves pintados en las huacas. En la escena que aquí se reproduce, cuatro personajes de elevada posición social presiden la ceremonia. Debajo, guerreros de alto rango sacrifican a quienes han perdido el combate ritual.
El devastador El Niño
Los aguaceros destruyeron palacios y pirámides, edificados con barro y por ello muy vulnerables a la acción disolvente del agua. Los ríos se salieron de sus cauces y el lodo arrasó tanto grandes extensiones de tierra cultivable como pequeños poblados construidos con adobe y caña, ahogando a sus habitantes. Estas terribles inundaciones contaminaron los cursos de agua y los manantiales, y erosionaron miles de hectáreas de terreno cultivable. Las fiebres tifoideas y otras epidemias camparon a sus anchas, sembrando la muerte y la destrucción. A tan intensas y devastadoras precipitaciones siguió un ciclo de sequía de tres décadas, que entre los años 563 y 594 redujo de manera drástica la cantidad de manantiales de montaña cuyas aguas llegaban hasta la costa. Ello resultó catastrófico para la agricultura, con la consiguiente hambruna, y provocó una creciente desertización que causó que las dunas de arena se tragasen numerosos asentamientos.
En el año 602 volvieron las lluvias torrenciales, y entre 636 y 645 la sequía asoló de nuevo con fuerza la región. Kilómetros de canales permanecieron secos y se llenaron de arena, las cosechas murieron y las reservas de alimentos se agotaron. El Niño también provocó un cambio en las corrientes marinas que redujo las capturas de peces, sobre todo de anchoas, que eran parte esencial de la dieta costera y un importante elemento de comercio. De este modo, a la quiebra de la agricultura siguió la ruina de la pesca, con lo que desapareció el último recurso alimenticio de los mochicas. A consecuencia de todo ello, miles de personas murieron de hambre.

El derrumbe de la sociedad
Esta situación causó un trastorno considerable en la vida económica y social mochica, hasta el punto de que en muchas ocasiones sus líderes tuvieron que abandonar sus centros políticos, religiosos y administrativos a causa de la destrucción que comportaron estos drásticos cambios climáticos. Los arqueólogos, por ejemplo, han descubierto que las precipitaciones que cayeron en la zona de Sipán obligaron a sus jerarcas a trasladarse al vecino asentamiento de Pampa Grande para seguir controlando desde allí el valle de Lambayeque. También los señores de Cerro Blanco tuvieron que dejar el lugar para trasladarse al asentamiento de Galindo, situado en la estratégica garganta del río Moche. Desde Galindo, que se convirtió en el mayor centro de la zona, los caudillos mochicas podían controlar los sistemas de irrigación y el acceso a las fértiles tierras del valle del río Moche. El pueblo se instaló junto a sus señores para tener lo más cerca posible las fuentes de agua y evitar las dunas que amenazaban cultivos y poblados río abajo.
Esta catastrófica serie de factores climáticos debilitó gravemente las instituciones mochicas. La nobleza, alejada del día a día de sus súbditos, vivía ocupada en sus disputas dinásticas y ceremonias rituales. Pero el pueblo culpó a sus gobernantes de la caótica situación y de haber perdido el favor de los dioses. En consecuencia, los jerarcas incrementaron los sacrificios humanos para ganarse el favor divino, sin conseguirlo.
Con todo, el rico ajuar funerario hallado en la tumba de una sacerdotisa, en San José de Moro, datada hacia el año 720, muestra que la élite mochica se resistía a renunciar a sus privilegios ancestrales, aunque este tipo de enterramientos significase un enorme gasto para una sociedad castigada por el clima y debilitada por la escasez de alimentos y recursos. En la Huaca de la Luna, los arqueólogos desenterraron los restos de unos setenta varones que habían sido sacrificados y desmembrados en el transcurso de, por lo menos, cinco ceremonias rituales. Fueron víctimas de un rito destinado a aplacar a las poderosas fuerzas de la naturaleza.
Cerámica mochica que representa a un sacerdote
mochica realizando una libación. Museo Británico, Londres
Colapso final
A finales del siglo VII, las lluvias provocadas por un Niño extremadamente intenso arrasaron muchos sistemas de regadío cercanos a Pampa Grande y Galindo. En consecuencia, ambos centros fueron abandonados hacia el año 750 y la población se agrupó de forma independiente, lo que supuso el derrumbamiento del sistema político mochica. Puede que incluso estallara una guerra civil: la arqueología demuestra que los mochicas, tras abandonar sus antiguos asentamientos, crearon otros nuevos, donde las enormes huacas de antaño fueron reemplazadas por fortalezas.
Al haber perdido la autoridad y el control sobre su pueblo, los jefes mochicas se enfrentaron entre sí en una feroz lucha por el control de los escasos recursos que quedaban en la zona. Los últimos asentamientos mochicas, gobernados por una desgastada clase dirigente, no pudieron evitar caer en manos del emergente Estado huari (o wari), una arrolladora maquinaria militar que conquistó la mayoría de señoríos costeños y de la sierra de la zona central del Pacífico peruano. En los siguientes tres siglos, los huari concentraron un poder inmenso, construyeron enormes centros urbanos y edificaron un auténtico imperio, hecho sin precedentes hasta entonces en la historia de las culturas andinas.

Fuente:http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/el-dramatico-final-de-la-civilizacion-mochica_6641/2

Para saber más
La corriente de El Niño y el destino de las civilizaciones. Brian Fagan. Gedisa, Barcelona, 2010.
Sipán, descubrimiento e investigación. Walter Alva. Edición del autor, Lambayeque, 2004.

martes, 4 de febrero de 2014

CULTURA MOCHE O MOCHICA - Segunda Parte

ARQUITECTURA:

Para la construcción de edificios, utilizaron miles de campesinos que elaboraban los adobes tributarios. La fuerza humana era vital para preparar y trasladar miles de adobes odontiformes y de diversos tamaños. Construyeron pirámides truncas de varios pisos con rampas y escalinatas que daban a una plataforma superior. Algunas de sus huacas o santuarios estaban bellamente adornados con pinturas murales y tenían en su interior amplias salas y pasadizos (algunos arqueólogos sostienen que eran ciudades capitales, como por ejemplo, el conjunto arqueológico de Galindo y de Pampa Grande). La dacha de la Luna, en el valle Moche, debió ser la capital en el apogeo de esta ciudad, antes de las guerras con los Wari, con fastuosas construcciones en su centro, donde residían los sacerdotes – astrónomos, mientras que los pescadores y campesinos habitaban viviendas precarias, hechas de quincha y junco, en la periferia de la dacha o en las partes altas del valle. En los valles del departamento de Ancash, el Estado Moche llegó a ejercer un fuerte control de las tierras; la evidencia es la pirámide de Pañamarca, que al igual que otras huacas, está ornamentada con murales, hoy recubiertos para evitar un mayor deterioro. Sus principales restos arquitectónicos se encuentran el departamento de la Libertad: la Huaca del Sol y la Huaca de la Luna. En el departamento de Lambayeque se encuentra la Huaca Rajada, en la que en el año 1987, Walter Alva descubrió la tumba del Señor de Sipán. Otras construcciones importantes son la Huaca Pañamarca, Pampa Grande, Galindo, Pacatnamu, el Complejo el Brujo, etc.

Sitios más representativos de esta arquitectura monumental los tenemos en:
  • Pañamarca (Valle de Nepeña - Ancash).
  • Fortaleza de Cholope (valle del Santa - Ancash).
  • Huaca del Sol (20 m de altura) y de La Luna (48 m de altura, centro de poder), Galindo, Huaca "Florencia de Mora" (Valle de Moche).
  • Huaca Mocollope, Huaca Cortada, Huaca Cao, Huaca Blanca, Huaca Cartavio, Huaca Amarilla o Mochón, Pacatnamú (Valle de Chicama).
  • Huaca Rajada - Sipán, Pampa Grande (Lambayeque).
  • Complejo Arqueológico San José de Moro y el brujo (Valle de Jequetepeque), etc.

EL SEÑOR DE SIPÁN
Era febrero de 1987 cuando el doctor Walter Alva, el arqueólogo Luis Chero, y su equipo se decidieron a excavar en la zona de Sipán, al norte de Perú, en la región de Lambayeque. Al poco de comenzar las excavaciones los hallazgos fueron realmente sorprendentes pues encontraron en una tumba el esqueleto de un guerrero con los pies cortados. En los tiempos a los que pertenecía ese guerrero aquello era el símbolo de vigilancia perpetua, de modo que parecía que algo más debía haber escondido y que seguramente sería lo que ese guerrero vigilaba. Justo debajo de aquel guerrero, a unos metros más de profundidad estaba lo que eternamente debía permanecer oculto: una cámara subterránea de 25 metros cuadrados. Cuando se quitó las vigas que sellaban la cámara, la sorpresa fue mayúscula. Seguramente uno de los mayores descubrimientos arqueológicos del siglo XX. La historia del antiguo Perú mostrada a los ojos del doctor Walter Alva. Era el mes de julio de ese mismo año, 1987. Era un conjunto perfecto, sorprendentemente simétrico, y de unas riquezas incalculables. En su centro destacaba la pequeña figura de un señor cubierto de joyas entre las que destacaba un disco de 92 milímetros de diámetro hecho de turquesas, coral y lapizlázuli y rodeado de esferas de oro puro. La vestimenta del señor también lucía turquesas y una corona de oro. Los huecos de los ojos se habían llenado con dos réplicas de sus ojos en oro. El mentón estaba protegido por una máscara, igualmente en oro, y la nariz por una nariguera del mismo metal precioso. El pecho tenía once pectorales con conchas de colores, brazaletes con turquesas, un lingote de oro en su mano derecha (el Sol) y uno de plata en la izquierda (la Luna). A su lado un cetro rematado en una pirámide de oro, y finalmente un collar con 71 esferas de oro. Pero el mayor tesoro encontrado fue una diadema de 62 cms. de ancho y 42 de alto, cómo no, de oro.
Pero el Señor de Sipán no estaba sólo. A su lado se encontraron los esqueletos de dos soldados, también cubiertos de oro y turquesas, que se encargaban de protegerlo en la vida eterna. Además, había dos mujeres que probablemente serían sus esposas, otra mujer más y un niño, y un perro. En todo el enterramiento aparecieron cientos de objetos con piedras preciosas, metales como oro y plata y cerámicas valiosas. Pero aún así, la gran riqueza de este descubrimiento no fueron sus tesoros, sino descubrir su Historia, su pasado, y conocer de primera mano el auténtico pasado del Perú norteño, sus raíces y cultura, la de moches o mochica a quien pertenecía el Señor de Sipán. Justo debajo de aquel guerrero, a unos metros más de profundidad estaba lo que eternamente debía permanecer oculto: una cámara subterránea de 25 metros cuadrados. Cuando se quitó las vigas que sellaban la cámara, la sorpresa fue mayúscula. Seguramente uno de los mayores descubrimientos arqueológicos del siglo XX. La historia del antiguo Perú mostrada a los ojos del doctor Walter Alva. Era el mes de julio de ese mismo año, 1987. Era un conjunto perfecto, sorprendentemente simétrico, y de unas riquezas incalculables. En su centro destacaba la pequeña figura de un señor cubierto de joyas entre las que destacaba un disco de 92 milímetros de diámetro hecho de turquesas, coral y lapizlázuli y rodeado de esferas de oro puro. La vestimenta del señor también lucía turquesas y una corona de oro. Los huecos de los ojos se habían llenado con dos réplicas de sus ojos en oro.
El mentón estaba protegido por una máscara, igualmente en oro, y la nariz por una nariguera del mismo metal precioso. El pecho tenía once pectorales con conchas de colores, brazaletes con turquesas, un lingote de oro en su mano derecha (el Sol) y uno de plata en la izquierda (la Luna). A su lado un cetro rematado en una pirámide de oro, y finalmente un collar con 71 esferas de oro. Pero el mayor tesoro encontrado fue una diadema de 62 cms. de ancho y 42 de alto, cómo no, de oro. Pero el Señor de Sipán no estaba sólo. A su lado se encontraron los esqueletos de dos soldados, también cubiertos de oro y turquesas, que se encargaban de protegerlo en la vida eter En todo el enterramiento aparecieron cientos de objetos con piedras preciosas, metales como oro y plata y cerámicas valiosas.

El Señor de Sipán
File:TumbaSeñorSipán3 lou.jpg
El Señor de Sipán, Tumbas Reales en Lambayeque (Perú).
File:TumbaSeñorSipán2 lou.jpg
Tumba del Señor de Sipán junto a sus guardianes (cuyos pies fueron cortados)
IDEOLOGÍA E ICONOGRAFÍA
Toda la cosmovisión de los moche, sus creencias y su manera de entender el mundo, se plasmaron tanto en su cerámica como en sus murales, en ellos nos dejaron una vasta iconografía, con mensajes o ideas de su tiempo. Los artistas moches dibujaron en las paredes de sus santuarios escenas de sacrificios humanos, castigos contra los prisioneros. Existen pinturas que muestran guerreros en forma de pallar y otras que dejan ver escudos, lanzas y porras con los que persiguen a seres humanos, expresando la necesidad de llevar a cabo guerras de expansión a cargo de un Estado militarista.
Los moches pintaban lagartijas en los ceramios, para representar al sector popular, a campesinos o pescadores; dibujaban zorros, felinos con cuerpo humano que simbolizaban la fuerza de los gobernantes, es decir de sacerdotes y militares, respectivamente.Los estudios recientes dejan en claro que el arte Mochica no captó todos los aspectos de la vida cotidiana y que graficó únicamente imágenes y escenas significativas referidas a eventos, temas ceremoniales constantes y probablemente mitos y relatos que reflejan su concepción del mundo. Una selección representativa nos aproxima a este fascinante mundo de imágenes gráficas.

Cerámica religiosa moche, donde la sacerdotisa le brinda a su señor la sangre de los prisioneros decapitados. Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera
Araña decapitadora: iconografía moche
ROSTRO CON COLMILLOS
ESCRITURA:
Larco Hoyle afirmó que Moche tuvo un sistema de símbolos que contiene información, a manera de escritura y la llamó pallariforme. Se trata de dibujos en forma de pallar y líneas geométricas que encierran una comunicación especial, aún es estudiado para completar la explicación histórica.
Estos objetos están pintados con diversos puntos, marcas, líneas geométricas, que podrían corresponder a un código de escritura.Para otros estudiosos los pallares pintados fueron objetos rituales, o quizás sirvieron para intercambios o fueron fichas de adivinación.

METALURGIA:
Los mochicas elaboraron objetos ornamentales, herramientas y armas. Los metales que trabajaron fue el oro, plata, cobre. Llegaron a obtener una aleación denominada tumbaga, que consistió en mezclar el cobre con el oro o la plata. También utilizaron piedras preciosas como la turquesa. Entre las técnicas para el trabajo del metal destacan: el laminado, martillado, repujado, alambrado, soldadura, etc. La tumba del Señor de Sipán es la muestra más representativa del trabajo de los metales de la cultura Mochica.
Confeccionaban una variedad de objetos de uso real, sacro y militar; también adornos para la élite y domésticos como collares, narigueras, orejeras, brazaletes, pinzas, sortijas, coronas, pectorales, platos, copas, cuencos; instrumentos agrícolas, quirúrgicos, cuchillos, máscaras funerarias, protectores y perfectos instrumentos musicales como sonajas, pitos, quenas, tambores, etc. 
File:Mochica Headdress Condor Larco museum.jpg
Cuchillo de oro
File:Mochica Corn.jpg
Metalurgia mochica. Maíz
                                
                                 Orfebrería mochica. Nariguera con incrustaciones de turquesa.

RELIGIÓN:

Tuvieron una gran cantidad de divinidades, muchos de los cuales presentaban rasgos heredados de Chavín. Había divinidades del mar, de la agricultura y del mundo sobrenatural. Pero su principal divinidad fue Aia Paec, que significa “el Hacedor”. Fue representado en forma humana pero con colmillos de felino. Como adornos presenta un tocado semicircular, orejeras, narigueras, sonajeras y cuchillos atados a la cintura.Ofrendaban sacrificios humanos a sus divinidades mediante rituales y ceremonias especiales. Ello se sustenta en el hallazgo de la tumba de la sacerdotisa en San José de Moro y últimamente con el hallazgo de la Señora de Cao en el Complejo el Brujo. Se trata de una mujer rodeada de ofrendas y con la posesión de una gran copa donde se vertía la sangre de los seres humanos sacrificados. La vestimenta, los adornos y el tocado que presenta son semejantes a la sacerdotisa que aparece representada en los ceramios icnográficos mochicas dirigiendo la ceremonia de los sacrificios humanos. Los mochicas creyeron en el más allá. Sus tumbas fueron de diversa forma: sarcófagos, cajas de caña, tinajones de cerámica y cámaras con nichos. Los cadáveres los enterraban de manera horizontal, boca arriba mirando al cielo. Junto al cadáver colocaban ofrendas de cerámica, tejidos, mates, objetos de metal. Si el personaje era importante sacrificaban personas para que lo acompañen.

Según Larco Ai-Apaec es el dios principal por sus dioses castigadores
El dios moche Ai apaec, representado en un muro de la huaca de la luna.
Deidad Moche
Visita realizada al Museo de Sitio "Huaca Rajada - Sipan"

sábado, 4 de enero de 2014

Primer Desarrollo Regional - Cultura Moche

CARACTERÍSTICAS:
Después de la decadencia del Estado teocrático Chavín y fin de su hegemonía cultural en el área andina, surgieron diferentes culturas regionales; se organizaron nuevos tipos de Estado de características ya no panandinas sino regionales y teocrático – militaristas. Este período histórico que abarca aproximadamente desde el siglo I d.n.e. hasta el siglo VIII d.n.e. es denominado Primer Desarrollo y Esplendor Regional donde destacaron culturas como: Nazca, Mochica, Huarpa, etc. Otros investigadores también denominan a esta etapa:
Intermedio Temprano, porque está situado históricamente entre Chavín y Wari (Estados panandinos
Época de los Maestros Artesanos, por el gran desarrollo de la cerámica, metalurgia, escultura y textilería.
Primer Apogeo de los Estados teocrático - militarista, por su expansionismo regional y el predominio de una casta sacerdotal y militar. Pero, cabe aclarar que este período se ubica dentro del Clasismo Expansivo, en general.

ICONOGRAFÍA MOCHICA
SOCIEDAD MOCHE
(100dc-800dc)
UBICACIÓN
La cultura Mochica se desarrolló en los valles de la costa norte del Perú actual; en valles fértiles formados por los ríos Ñepeña, Huarmey (Ancash), Moche, Chicama (La Libertad), La Leche, Zaña (Lambayeque). Estas áreas fueron ocupadas productivamente por familias campesinas, quienes sacaron provecho económico, convirtiendo el conjunto de valles en campos de cultivo; para ello, superaron incluso un obstáculo: la falta de agua, puesto que la garúa, llovizna de gotas minúsculas, no provee el líquido elemento suficiente para la actividad agrícola. Además utilizaron los recursos que el inmenso mar les brindaba. Esta cultura fue descubierta por el arqueólogo alemán Max Uhle, quién la denominó proto Chimú. Posteriormente Julio C. Tello le llamó Mochica, en base al idioma Muchik que hablaron los antiguos pobladores de la costa norte del Perú.

    Mapa de ubicación de la Sociedad Moche


ANTIGUEDAD
Alcanzaron su apogeo en los primeros siglos de nuestra era aproximadamente desde el siglo I hasta el siglo VI d.n.e. Por supuesto que no aparecieron de la nada; los mochicas surgieron de los ayllus agrícolas y artesanales de Virú, luego de la desarticulación chavinense, así como de Cupisnique y de Salinar, antiguos centros aldeanos de trabajo agrícola y artesanal. En el inicio de nuestra era llegaron a estructurar un Estado teocrático – militar. Siglos más tarde, el Estado Moche entró en contradicciones internas y en guerras contra sociedades del sur, es decir con el Imperio Wari, quedando abandonados, en el siglo VII, varios centros que evidencian su trabajo; pero los campesinos, orfebres y artesanos pasaron a convertirse en tributarios de los Wari.

ORIGEN
Se la denomina cultura Mochica en razón del nombre de la lengua, el muchik, que hablaban sus pobladores. Según Julio C Tello fue la civilización Muchick la que le dio origen.Los elementos de las culturas Cupisnique (“Chavín Costeño”), Salinar, Vicús y Virú se fundieron para formar la gran cultura Moche en sus primeras épocas. Luego de este largo proceso, apareció como una síntesis regional autónoma, con mayores aportes tecnológicos e ideológicos que cualquier otra cultura nor costeña y andina.
ECONOMÍA:

Los Mochica practicaban diferentes actividades económicas para complementar su dieta alimenticia, inclusive duplicaron esfuerzos para transformar la aridez de los suelos en tierras altamente productivas. En la agricultura desarrollaron sus mejores muestras de ingenio y de esfuerzo construyendo acueductos como Ascope y el canal de la Cumbre (ambos de Chicama), con el objetivo de canalizar las aguas de los ríos que fluyen de los Andes y que se desbordan en los meses de verano. Cultivaron maíz, frijol, maní, piñas, ciruelas, etc., los sembraban en tierras abonadas con guano de las islas y estiércol de loso camélidos. Los Mochica pescaban en el mar usando pequeñas canoas, denominadas actualmente caballitos de totora; capturaban peces de aguas frías y de aguas cálidas con anzuelos, redes y arpones. Capturaban lobos marinos, apaleándolos con grandes mazos. La pesca fue una actividad económica complementaria de la agricultura. El comercio, realizado con etnias vecinas del Estado Moche, se hacía mediante el intercambio (dirigido por las autoridades), de productos con las regiones quechuas y selváticas. Esto se halla evidenciado en su orfebrería de piedras preciosas, como la turquesa, y en el uso de metales como el oro y la plata, que son propias de la selva norteña. “Los mochicas conocieron la metalurgia y trabajaron el oro, la plata, el cobre y ensayaron diversas aleaciones entre los mismos. Fueron expertos en dorar a fuego y en frío y también soldaron piezas de metal con magníficos resultados de suerte que si no es del todo posible hacer un inventario preciso del patrimonio cultural de los chimúes, a parte del recibido de los mochicas, así como el que éstos recibieron de los vicus, no puede negarse la existencia de un legado en metalurgia” (Illescas – 1990). “Los pueblos de los diferentes horizontes culturales del Perú trabajaron el oro, la plata y cobre, pero su curiosidad útil fue más allá y los llevó a producir la Tumbaga y otras aleaciones en busca de cuerpos más duros y resistentes para un trabajo vislumbrado por su mente. Resulta escasa sin embargo la producción de bronce entre los pueblos de la costa norte, aunque existen ejemplos de trabajos interesantes confeccionadas con esta aleación. Fabricaron herramientas de notable dureza templando el cobre al martillo o consiguiendo con esta propiedad en los mismos yacimientos filoneanos, material conocido con el nombre de champi (Illescas – 1990). “Los mochicas templaban, soldaban y doraban el cobre utilizando técnicas especiales, extraían el cobre con velas de madera con punto de cobre y trituraban al mismo en el Miray (molino de piedra). La fundición del mineral se hacia en un horno llamado la huayra. Todo ello nos demuestra el gran avance que hemos alcanzado en metalurgia en el antiguo Perú. No obstante que la producción de cobre en el Perú antiguo cubría el 85% de los utensilios usados por el pueblo, con una tradición milenaria en el tratamiento y uso de este metal, la información al respecto es muy escasa (Illescas – 1990).

PESCADOR MOCHE
ORGANIZACIÓN SOCIAL:
Durante la descomposición de la teocracia Chavín surgieron sectores militarizados que tomaron el control político en diferentes regiones. En el valle de Moche surgió un grupo de guerreros que desplazaron a los sacerdotes de la conducción del Estado. De esa manera, los guerreros y sacerdotes mochicas configuraron una nueva clase dominante, propietaria de los medios de producción (tierras, ganado, trabajo), quienes, para mantener sus privilegios, utilizaron una represión generalizada a través de los mecanismos de poder (ejército, sanciones, religión) y constituyeron un Estado militarista – teocrático. La clase trabajadora – campesinos, artesanos y pescadores – formaban la base de la sociedad, pero, en la condición de sector sometido debía tributar al Estado, con la fuerza del trabajo, elaborando ceramios, cultivando campos de los dirigentes, construyendo santuarios para los sacerdotes, etc.
Fue un sociedad clasista, aristocrática y guerrera. Las diversas clases sociales que existían tenían diferencias muy marcadas. En la cúspide de la pirámide social se encontraban los militares, quienes eran el grupo de poder o clase dirigente; el Cie Quich, era el gobernante de un Confederación de valles; mientras que, los alaec, eran los jefes de cada uno de los valles, quienes se encontraban subordinados a los Cie Quich. Los sacerdotes, también eran parte del grupo de poder, ello tenían a su cargo las complicadas ceremonias religiosas y los sacrificios humanos.


GUERRERO MOCHICA


                              


ORGANIZACIÓN POLÍTICA:
Tradicionalmente se pensaba de que los mochicas habían constituido una única organización política que abarcaba desde Piura hasta Chimbote. La información actual permite desestimar tal hecho; pues existieron diferentes organizaciones que, a lo largo de 700 años interactuaron entre sí; unas veces uniéndose; y otras a través de la conquista. Sobre la base de los vestigios disponibles, sobre todo en las semejanzas de estilo de la cerámica, se puede notar dos grandes regiones: el territorio mochica norte, que incluyó los valles de Piura, Lambayeque y Jequetepeque; el territorio mochica centro que, incluye los valles de Chicama, Moche y Virú, Chao, y por último, Santa y Nepeña en el sur. Los mochicas no organizaron un estado unificado. En los distintos valles que ocuparon organizaron pequeños estados independientes dirigidos por militares – sacerdotes, quienes se encargaban de planificar las obras publicas, controlar los excedentes de producción y organizar las ceremonias religiosas. En un momento determinado de su desarrollo histórico los estados establecieron alianzas político - militares, formándose un Confederación de Valles. Esta era dirigida por el Cie Quich, un gobernante militar- sacerdote, a la vez que dirigía las guerras que se emprendían para lograr la expansión territorial.

Sacerdote Moche

ICONOGRAFÍA MOCHE
 MANIFESTACIONES CULTURALES:
CERÁMICA:
Usaban moldes para elaborar en serie los ceramios, en los cuales representaron frutas, animales y seres humanos. Plasmaron, con gran habilidad, actividades de la vida diaria, como por ejemplo, la pesca, ritos, artistas, cargadores de literas reales; además representaron enfermedades genitales y actos sexuales. En sus inicios preferían el color negro, pero derivaron al rojo – marrón combinado con el blanco: de la monocromía pasaron a la bicromía. El gollete estribo. La labor ceramista era parte del trabajo que debían cumplir los sectores populares en beneficio de las clases privilegiadas. Los representativos ceramios mochica son de forma globular con asa estribo. Utilizaron moldes para la elaboración de los ceramios, y utilizaron dos colores: el crema y el rojo indio, por ello se dice que fue una cerámica bícroma.
Ø  Pictográfico : Escenas de su vida diaria
Ø  Patológico   : enfermedades
Ø  Retratos      : Estados de ánimos
Ø  Eróticos       : Escenas sexuales, cultos a la fertilidad.

File:Moche portrait ceramic Quai Branly 71.1930.19.162 n1.jpg
HUACO RETRATO

Elaboraron dos tipos de ceramios:



Fase Mochica I
Pequeñas vasijas-retratos y vasos fito-zoo antropomorfos; botellas con asa-estribo, pico, etc., casi siempre recubiertas de pinturas. Marcada influencia de Cupisnique, Salinar y Virú.
Fase Mochica II
Mejor cocidas, más esbeltas y con pinturas zoomorfas muy bien hechas. Marcada influencia de Cupisnique, Salinar y Virú.
Fase Mochica III
Vasos-retratos y también de animales, únicos por su excepcional realismo-naturalismo, decorados de arriba abajo con motivos geométricos o escenas de la vida diaria.
Fase Mochica IV
Con algunas formas nuevas, incorporando el tema paisajístico.
Fase Mochica V
Barroco, atrevido y decadente por su forma y decoración.
Los Nazcas realizaban el coitus por OS (coito por la boca) y el coitus contra natura (coito anal) y el homosexualismo era común.


CERAMIOS PICTÓRICOS O ICONOGRÁFICO:

En estos ceramios mediante dibujos representaron escenas de su vida diaria, caza, combates, rituales y divinidades. Las elaboraron de forma tan detallada que parecen diccionarios ilustrados.


     File:MocheDrum.jpg
  Músico mochica con tambor.

File:Caballitodetotoramuseolarco.jpg
Pescador mochica en embarcación denominada «caballito de totora».
File:Papamuseolarco.jpg
Representación mochica del tubérculo denominado papa.
CERAMIOS ESCULTÓRICOS:

Elaboraron los mejores ceramios escultóricos del Perú y de América. Fue de forma tridimensional. Destacan: los huacos retratos, que representan rostros humanos en distintos estados de animo; los huacos eróticos, que representan escenas sexuales de seres humanos y animales, posiblemente rindiendo culto a la fertilidad o representando escenas realizadas en contextos ceremoniales; los huacos patológicos, dónde representaron diversas enfermedades como la uta, el bocio, entre otras.

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Guerrero mochica genuflexo con armas.

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Cerámica escultórica. Varón con parálisis facial.
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Arte erótico mochica.
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Huaco retrato. Varón sonriendo.

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Visita realizada al Museo de Sitio "Huaca Rajada - Sipan"