domingo, 12 de marzo de 2023

El controvertido papel de Francisco Pizarro en la ejecución de Núñez de Balboa, descubridor del Pacífico

ESCRITO POR: César Cervera

Los detractores del conquistador del Perú ven en su papel durante el proceso contra su viejo capitán Núñez de Balboa la enésima muestra de su naturaleza traicionera. Sin embargo, lo que de verdad se puede sacar de aquellos acontecimientos es que el extremeño era de férreas lealtades al gobernador y a la Corona de Castilla.
Una de las razones por las que el conquistador del Perú Francisco Pizarro no ha resultado una figura muy atractiva, o no tanto como Hernán Cortés, es que, ante la fiebre actual por los protagonistas jóvenes (casi adolescentes), su gran éxito militar llegó en su alta madurez. Por su carácter austero no resulta un héroe de acción apetecible, a pesar de que su biografía tardía le achaca una vitalidad sobrenatural para su edad. El extremeño no era de la clase de personas que se habían trasladado al Nuevo Mundo a permanecer con los brazos cruzados o enriqueciéndose lentamente, sino para participar de lleno en la monumental empresa de conquistar y colonizar un territorio de miles y miles de kilómetros.


Lo más probable es que Pizarro viajara a América en la expedición organizada por Alonso de Ojeda, el navegante que había acompañado a Cristóbal Colón en su segunda expedición. En ese momento la presencia española se limitaba solo a varias islas caribeñas, entre ellas la Española (Santo Domingo), donde arribó el extremeño en busca de aventuras de fondo dorado. No obstante, los pacíficos indios que halló Colón en su primer encuentro habían sido reemplazados por otros más belicosos, al igual que las fáciles riquezas iniciales se habían vuelto espinosas en el momento en el que llegó el joven Pizarro.

Sin gloria
Los escasos europeos en el Caribe debieron enfrentarse a los indígenas —pronto asolados por enfermedades ante las que no estaban inmunizados—, a la escasez de víveres, a las fiebres tropicales y a tierras menos fértiles de lo prometido. Para remediar el estancamiento en lo que en un principio se prometía el paraíso perdido, los Reyes Católicos relegaron en esos a años a Colón y a sus hermanos y nombraron gobernador de la isla a Nicolás de Ovando, también extremeño, que puso los cimientos para el despegue de la colonia

Ovando se valió de soldados de infantería como su paisano Pizarro, que apenas poseía más que su espada y su capa, para lanzar campañas de conquista y pacificación en la zona. Una situación que compartió con otro natural de Extremadura, Hernán Cortés, sobrino segundo de Pizarro, con el que ciertamente debió de coincidir hasta que las circunstancias los llevaron a rumbos inversos, uno al norte, a México; y otro al sur, al Perú. De la mano de Ovando, Francisco Pizarro exhibió pronto un carácter rocoso en expediciones poco o nada lucrativas para pacificar la isla.
A sus treinta y un años, Pizarro se hizo eco de las leyendas de riquezas vírgenes que se podían encontrar hacia el sur de la Tierra Firme, pues a esas alturas ya se sabía de la existencia de un continente entero junto a las islas caribeñas. Aceptó el reto sin dudar, involucrándose en las empresas suicidas de Alonso de Ojeda a través del actual territorio de Colombia y Venezuela. Ojeda era tenido por un superdotado esgrimista (fray Bartolomé de las Casas, dado a exagerar, afirmó que «había participado en casi mil duelos a muerte y nunca nadie consiguió herirle»), aunque de poco le valió frente a las flechas envenenadas de los guerreros locales. El 20 de enero de 1510, el conquistador levantó un fuerte llamado San Sebastián en el golfo de Urabá creyéndose que al invocar al santo muerto a flechazos podría evitar ese mismo destino.

Pero se equivocaba. Al igual que otros puestos de avanzada en Tierra Firme, el fuerte San Sebastián fue brutalmente atacado por los indígenas y el propio Ojeda quedó con una flecha envenenada en un muslo. Entre los hombres que sujetaron al explorador cuando le fue extraída la flecha, sin anestesia alguna, estaba Pizarro. Su valentía, lealtad y habilidad con las armas le granjeó la confianza de Ojeda, quien, temiendo un motín, nombró teniente al de Trujillo y le ordenó defender el precario poblado mientras él iba a por nuevos refuerzos a Santo Domingo.

Si en cincuenta días no regresaba —ordenó Ojeda a su teniente de forma secreta—, debían buscar la manera de volver a la Isla Española por sus propios medios. Pizarro era de carácter solitario y taciturno. Bajo su disciplina, los sesenta hombres esperaron la llegada de Ojeda durante el tiempo señalado. Sin comida y enfermos, tenían que dormir con la espada y los escudos en las manos.

Alonso de Ojeda murió a consecuencia de la herida mencionada, tras ingresar poco antes en un convento y renunciar a las cosas mundanas, entre ellas la de lograr un auxilio para Pizarro y los suyos. Con el paso de los días, los supervivientes de la trágica expedición desmantelaron el fuerte y trataron de embarcarse en dos pequeños bergantines, lo cual no fue posible hasta que murieron los suficientes hombres como para que cupieran todos. Era mejor esperar que la selección natural actuara, antes que abandonar a un solo compañero o elegir salvar a unos por encima de otros. Cuando al fin pudieron alejarse del golfo maldito, uno de los bergantines se hundió al chocar con una ballena a la deriva y murieron todos sus tripulantes.

Un océano para los extremeños

Una vez más Pizarro, que viajaba en el otro barco, se salvó de la muerte de milagro. Se podría decir que la suerte le sonreía, salvo porque una vez se habían alejado del golfo fueron interceptados por el bachiller Fernández de Enciso, socio de Ojeda, que al mando de refuerzos ordenó a Pizarro y a sus harapientos soldados regresar al fuerte de San Sebastián. Allí la pesadilla volvió a repetirse en idénticos términos, en torno a las ruinas del puesto levantado por Ojeda. América en ese tiempo era un pañuelo. Pizarro conoció probablemente a Colón poco después de poner pie en Santo Domingo, como lo hizo con Cortés y luego con Ojeda, todos ellos actores principales de aquella voluminosa empresa. Y entre los refuerzos que Enciso llevó al golfo de Urabá se contaba Vasco Núñez de Balboa, que se había enrolado como polizón en esta aventura huyendo de sus copiosos acreedores. Un rasgo característico entre los conquistadores: huir hacia delante cuando las cosas venían mal dadas.


Núñez de Balboa y Francisco Pizarro, ambos extremeños, compartían el hambre por los descubrimientos intrépidos. Conocedor de aquellos territorios, Núñez de Balboa convenció a Enciso de viajar al margen occidental del golfo de Urabá, entre lo que hoy es Colombia y Panamá. Allí fundaron Santa María del Darién y capturaron un gran tesoro en ropas de algodón y joyas de oro. La creciente popularidad del natural de Jerez de los Caballeros le elevó a alcalde de la nueva ciudad frente al impopular Enciso.

Bajo su gobierno, el teniente Pizarro partió junto a seis soldados a descubrir una provincia llamada Cueba, que los indios proclamaban repleta de oro. Según el testimonio de fray Bartolomé de las Casas, los siete españoles debieron enfrentarse a poco de iniciar la incursión a cuatrocientos indios, que arrojaron sobre ellos piedras y flechas, si bien en este territorio al menos no era habitual envenenarlas. Aunque el rigor con las cifras nunca fue el punto fuerte de Las Casas, a decir él los siete españoles abatieron a ciento cincuenta nativos con sus armas europeas y la destreza del veterano teniente. Lograron regresar a Santa María del Darién todos menos uno, demasiado herido para seguirles el paso, a lo que Núñez de Balboa ordenó a Pizarro que volviera a por el hombre malherido.
Sin rechistar, ni reprochar al alcalde la desastrosa excursión, el trujillano obedeció y trajo de vuelta a su compañero. El siguiente proyecto del insaciable Balboa fue dar con un mar nunca visto al sur del continente. Al frente de 800 indígenas y 190 españoles, Balboa y Pizarro marcharon en septiembre de 1513 hacia el istmo de Panamá.

Camino al patíbulo
A la altura de Comogre, un caudillo local les confirmó la existencia de ese misterioso mar en el que navegaban gentes con navíos de velas y remos. A pesar de las peticiones desde España de que los indígenas fueran tratados con escrupuloso respeto, no faltaron en estas expediciones los ataques injustificados a poblaciones y el secuestro de varios caciques a modo de coacción contra las tribus que encontraban a su paso. Durante veinticinco días, la decreciente expedición del extremeño recorrió los 70 kilómetros de tierra húmeda y selvática que separan el Océano Atlántico del Pacífico, en ese momento bautizado como Mar del Sur. Núñez de Balboa tomó posesión de su costa en nombre del rey Fernando el Católico y de su hija Juana.
En la lista de los descubridores del nuevo mar aparece en tercer lugar el nombre del teniente Pizarro, en una muestra de la importancia que estaba ganando poco a poco el de Trujillo. Por supuesto aquí no terminaban los proyectos de Balboa, que pretendía ser el primero en explorar este nuevo mar. Desconocía que en España los damnificados por sus planes intrépidos, entre ellos Enciso, habían persuadido al rey de poner fin a su exceso de iniciativa. Con este fin llegó a Santa María de la Antigua del Darién un nuevo gobernador, Pedrarias Dávila, de un carácter vengativo y pendenciero.

Ni siquiera al casarse con una de las hijas de Pedrarias pudo Balboa impedir la tragedia. Mientras el gobernador cavaba la tumba de su yerno, Pizarro se ganó el grado de capitán en expediciones en Tierra Firme, donde una larga lista de hombres buenos perdió la vida. Su experiencia y fortaleza eran valoradas por el gobernador, tanto como su increíble capacidad de volver de una pieza a casa. A finales de 1518, Pedrarias ordenó a Pizarro que detuviera a su anterior jefe porque había realizado nuevas exploraciones sin contar ya con licencia real, si bien lo que subyacía debajo del arresto era la envidia y desconfianza que el gobernador guardaba desde el primer minuto hacia Balboa. El juicio contra él desembocó en su ejecución el 15 de enero del nuevo año. Su cabeza fue expuesta públicamente, clavada en una pica, durante varios días «por traidor a la Corona y al gobernador».
Los detractores del conquistador del Perú vieron en su papel durante el proceso contra su viejo capitán Núñez de Balboa la enésima muestra de su naturaleza traicionera. Sin embargo, lo que de verdad se puede sacar de aquellos acontecimientos es que el extremeño era de férreas lealtades al gobernador y a la Corona de Castilla. Según el historiador José Antonio del Busto, en las correspondencias escritas desde la cárcel Balboa no expresó rencor alguno hacia Pizarro por haberlo apresado, porque entendía que solo había cumplido las órdenes del despótico Pedrarias. Lo que sí parece claro es que para entonces no tenían trato ni amistad, aunque no le agradaría ver la cabeza de su viejo capitán clavada en una pica. La muerte así del descubridor del Pacífico, víctima de las envidias es hoy, o debería ser, una espina clavada en la historia de España.


viernes, 17 de junio de 2022

La endogamia causó la deformación facial de los habsburgo

Un estudio realizado sobre varios retratos de algunos miembros de esta dinastía ha revelado nuevos datos sobre la relación entre la consanguinidad practicada por sus miembros durante más de 200 años y la aparición de ciertas deformidades faciales como el prognatismo mandibular o la deficiencia maxilar.

                                                 Carlos II "El Hechizado" sufrió el síndrome de Klinefelter

La típica "mandíbula de Habsburgo" que presentan los miembros de esta estirpe, se vio reforzada por la endogamia dominante en la familia durante casi 200 años.

De todos es sabido que el último rey Habsburgo de España, Carlos II, apodado "El Hechizado", murió sin descendencia tras una vida desgraciada marcada por la enfermedad y las malformaciones congénitas. Sus numerosos retratos no podían disimular el aspecto de un hombre que, tal como describió un embajador francés, era "de aspecto enfermizo, frente estrecha, mirada incierta, labio caído, cuerpo desmedido y torpe de gestos". Carlos II contenía en sí mismo el compendio de todas las deformaciones faciales de los Austrias: una gran nariz con punta sobresaliente que cae sobre el labio inferior, también prominente, y una mandíbula inferior con un acusado prognatismo.

Un estudio que analiza las malformaciones faciales que sufrieron los miembros de la dinastía de los Habsburgo, entre los que se incluyen numerosos monarcas españoles, sus esposas y sus hijos. El equipo investigador ha estado formado por genetistas de la Universidad de Santiago de Compostela, entre los que se encuentran Román Vilas y Gonzalo Álvarez, y también por diez cirujanos maxilofaciales, dirigidos por Florencio Monje, presidente de la Sociedad Española de Cirugía Oral y Maxilofacial y de Cabeza y Cuello. En él se sugiere que la típica "mandíbula de Habsburgo" que presentan los miembros de esta estirpe, cuya principal característica es su acusado prognatismo, se vio reforzada por la endogamia dominante en la familia durante más de 200 años. Así, se ha detectado una estrecha relación entre la consanguinidad (cuya extensión se ha calculado a partir de un árbol genealógico con más de 6.000 individuos pertenecientes a más de 20 generaciones) y el grado de prognatismo mandibular, y también con la deficiencia maxilar, aunque ésta, al parecer, en menor grado. Por ejemplo, si Felipe el Hermoso tenía un grado de consanguinidad del 0,025, el de Carlos II, el último representante de la dinastía en España, era del 0,25, lo que significa que el 25% de sus genes estaban repetidos.

RETRATOS REVELADORES

Para llevar a cabo esta investigación, se analizaron un total de 66 retratos de quince miembros de la dinastía Habsburgo conservados en algunos grandes museos del mundo, como el Museo del Prado o el Museo de Historia del Arte de Viena (de estas dos instituciones proceden el 70% de los cuadros analizados). Los especialistas lograron clasificar a partir de los retratos once características de deficiencia maxilar y siete de prognatismo mandibular. El estudio arranca con María de Borgoña, esposa del emperador Maximiliano I de Habsburgo, que es quien muestra menos indicios de deficiencia maxilar y prognatismo mandibular. Luego se ha seguido con el hijo de ambos, Felipe el Hermoso, su padre, el propio emperador Maximilano I, y la esposa de Felipe, Juana de Castilla, y la investigación termina con Carlos II, el último y desgraciado exponente de la dinastía en España.

CARLOS I DE ESPAÑA Y V ALEMANIA (1500-1558) FUE EL HIJO DE JUANA I DE CASTILLA Y FELIPE EL HERMOSO.

También se analizaron retratos de Margarita de Austria, hermana de Felipe el Hermoso, que ha resultado ser la que presenta un mayor grado de deficiencia maxilar, y se ha seguido con Carlos I e Isabel de Portugal, Felipe II y sus mujeres Isabel de Valois y Ana de Austria, Felipe III y Margarita de Austria, y Felipe IV (el monarca que presenta un mayor grado de prognatismo, según el estudio) y sus dos esposas, Mariana de Austria (que era su sobrina) e Isabel de Borbón. Las dos primeras esposas de Felipe II, María de Portugal y María I de Inglaterra, no se han analizado ya que los investigadores no lograron encontrar retratos lo suficientemente fiables de ellas para obtener conclusiones.

Los Habsburgo conformaron varias generaciones de matrimonios endogámicos cuyo principal objetivo era asegurar la influencia de la familia en la Europa de los siglos XVI a XVIII, pero lo que no podían saber de ningún modo es que precisamente aquello que pensaban que los haría más poderosos fue lo que acabaría a la larga con su dinastía. Los autores del estudio concluyen que "las causas de la relación entre consanguinidad y la deformidad facial siguen sin estar claras del todo, el principal efecto del apareamiento entre parientes es un aumento de las posibilidades de que la descendencia herede formas idénticas de un gen de ambos padres. Esto reduce la aptitud genética de las personas, por lo que la 'mandíbula de Habsburgo' debe considerarse una condición recesiva".


FUENTE: National Geographic

sábado, 19 de marzo de 2022

Bicentenario de Perú: ¿cuál fue realmente el último país sudamericano en independizarse de España?

El país andino es la última excolonia española en América del Sur en celebrar su bicentenario. Los otros ocho países sudamericanos que se emanciparon de la corona española celebraron sus bicentenarios mucho tiempo antes. Bolivia y Ecuador lo conmemoraron en 2009. Venezuela, Argentina, Colombia y Chile, en 2010. Y Paraguay y Uruguay, en 2011. Sería lógico concluir que el desfasaje se debe a que Perú se independizó una década más tarde que los otros países de la región, pero no fue así. De hecho, el lugar que fue el centro del poder español en Sudamérica ni siquiera fue el último territorio de esta región en formar un estado independiente. 
¿Cómo se explica entonces que esté festejando su bicentenario tanto tiempo después que sus vecinos? Y ¿cuál fue realmente el último país sudamericano en lograr su independencia?


"Primer Grito Libertario" 
La respuesta a la primera incógnita es que, mientras que Perú conmemora los 200 años desde que el general José de San Martín proclamó la independencia, muchos de sus vecinos sudamericanos optaron por conmemorar el bicentenario no de su emancipación, sino del inicio de las revoluciones que eventualmente los llevarían a ser naciones libres años más tarde.
Esto explica por qué Bolivia fue el primer país de la región en celebrar su bicentenario, el 25 de mayo de 2009, a pesar de que cumplirá 200 años de independencia el 6 de agosto de 2025.

Lo que conmemoró el entonces presidente Evo Morales fue el bicentenario de la llamada Revolución de Chuquisaca, que es considerada por muchos el "Primer Grito Libertario de América" (aunque algunos sostienen que fue en realidad en La Paz o Quito donde se marcó el inicio independentista).
La Revolución de Chuquisaca fue un levantamiento popular ocurrido el 25 de mayo de 1809 en la ciudad que hoy es Sucre y que en la época colonial formaba parte del Virreinato del Río de la Plata.
Los criollos destituyeron al gobernador y formaron una Junta de Gobierno, que fue sofocada en 1810. Esta revolución fue el puntapié inicial de una serie de procesos similares a lo largo de Hispanoamérica.

Lo que gatilló estas revoluciones fue la invasión francesa de España, en 1808, que llevó al rey Carlos IV y su hijo, Fernando VII, a abdicar a favor de Napoleón Bonaparte, quien nombró a su hermano José como nuevo rey español. Pero en las colonias americanas las elites criollas no reconocieron a José I y aprovecharon el vacío de poder para crear sus propios gobiernos.
Si bien estas primeras Juntas de Gobierno inicialmente juraron fidelidad a Fernando VII, eventualmente rompieron con la corona, inspirados en las recientes independencias de Estados Unidos (1776) y Haití (1804), y en la Revolución Francesa (1789). Así inició una larga y complicada oleada independentista que fragmentaría a la región, resultando eventualmente en las naciones que conocemos hoy.

Revolución vs independencia
Fue el bicentenario de estas revoluciones o "gritos libertarios" los que conmemoraron entre 2009 y 2011 países como Bolivia, Venezuela, Argentina, Colombia, Chile y Uruguay, que luego realizaron festejos más modestos para marcar los 200 años desde que proclamaron de hecho su soberanía.
Pero ¿por qué estos países no celebraron directamente la fecha en que efectivamente lograron su liberación (que en muchos casos es considerado su "día de la independencia" oficial)?

Y ¿por qué consideran como el inicio de su emancipación la instalación de las primeras Juntas de Gobierno cuando estas todavía eran fieles a la corona española?

La historiadora argentina Beatriz Bragoni, autora de "San Martin: Una biografía política del Libertador" (2019), le dijo a BBC Mundo que no se trató de una decisión "fortuita".
"Instalar una fecha o una efeméride responde a los intereses de los Estados en crear sus propias narrativas nacionales y sus propias identidades nacionales", señaló. "En términos estrictos, en 1809-11 no había vocación de independencia en relación con España", aclaró.
No obstante, resaltó que "las conmemoraciones son procesos de reconstrucción y de recuerdos selectivos que hacen todas las naciones".


¿Cuál fue el último?
Entonces ¿cuál fue realmente la última colonia española en Sudamérica en independizarse?

La respuesta depende de cómo se lo mire. Si nos fijamos cuál fue la última nación en declararse un Estado soberano la respuesta es Uruguay. El país rioplatense conmemora su día de la independencia cada 25 de agosto, porque fue en esa fecha, de 1825, cuando una asamblea de representantes firmó la declaración de independencia.
Sin embargo, Uruguay -que entonces se llamaba Provincia Oriental- no se estaba independizando de España, del cual ya se había emancipado.
Se estaba rebelando contra la corona portuguesa y el Imperio de Brasil, que lo había invadido, para sumarse a las Provincias Unidas del Río de la Plata, como se llamó al territorio independentista que suplantó al Virreinato del Río de la Plata.

Fue solo en 1828 que la nación logró su soberanía, tras una mediación de Inglaterra entre Brasil y las Provincias Unidas (conformadas principalmente por la actual Argentina).
Dos años más tarde, con la firma de la Constitución, adoptó el nombre de Estado Oriental del Uruguay, por el río que define parte de su territorio.

El último: ¿Cuál fue entonces el último en emanciparse de España?

Pues Perú fue el último en dar su "grito libertario" ya que Lima, al ser el centro del poder realista en Sudamérica, fue la que más resistió la revolución libertadora.
"El virrey del Perú, José Fernando de Abascal, cumplió un rol crucial en la defensa de los intereses del rey y de la monarquía mediante una enfática política de exterminio de lo que llamó insurgentes o revolucionarios americanos", cuenta Bragoni.
Con la caída de Napoleón en Europa y el restablecimiento de Fernando VII en España, en 1814, los españoles dieron batalla contra los movimientos separatistas americanos, y la capital del Virreinato del Perú jugó un papel clave.
"Lima fue el centro de la contrarrevolución porque ahí estaba la mayor opinión pública a favor de sostener la legitimidad monárquica y, al mismo tiempo, sus comerciantes, sus elites, financiaron la guerra en América del Sur", detalla la historiadora.

Fue así que, recién tras realizar su famoso cruce de los Andes y de liberar a Chile, en 1818, el libertador argentino San Martín llegó con su ejército a Lima, y declaró la independencia de Perú el 28 de julio de 1821.
Sin embargo, este no fue, en rigor, el último país sudamericano en liberarse de la corona española. Como ya hemos mencionado, Bolivia se declaró un estado independiente recién en 1825, cuatro años más tarde que Perú. Resulta que el lugar que dio el primer grito libertario terminó siendo el último en lograr su independencia.
El entonces llamado Alto Perú era una región autónoma que primero había sido dependiente del Virreinato del Perú y luego del Virreinato del Río de la Plata, pero, cuando estalló la revolución en Buenos Aires en 1810, el virrey Abascal lo volvió a reincorporar provisionalmente al territorio bajo su mando. Llevaría 15 años -y una larga guerra de guerrillas- liberar todo el territorio altoperuano del dominio español y poder fundar una nueva patria. La última nación sudamericana en independizarse de España fue bautizada República de Bolívar, en honor al libertador venezolano Simón Bolívar, pero en octubre de 1825 recibió su nombre actual de República de Bolivia.

FUENTE: BBC News Mundo

viernes, 7 de enero de 2022

El "descubrimiento de América"

La llegada de los europeos a América, se enmarca dentro de los llamados “descubrimientos geográficos”. Las causas serán económicas, científicas y políticas:
Europa quería encontrar una ruta directa para llegar a las llamadas “islas de las especias”. Tras la conquista de Constantinopla por los turcos en 1453, el deseo se convirtió en necesidad.
Una serie de avances técnicos posibilitó estos descubrimientos: la incorporación del timón, la brújula, el astrolabio, la invención de la carabela y de la nao…
Acabada su “Reconquista”, Portugal busca su expansión en ultramar, creando la Escuela de Sagres a finales del siglo XIV. Castilla, más retrasada, inicia la incorporación de las Canarias.

Ruta de las especias

Terminada la guerra de Granada, los Reyes Católicos pueden prestar atención al proyecto de alcanzar la India navegando hacia el oeste, puesto que el Tratado de Alcaçovas impedía llegar a la India bordeando la costa africana.

El proyecto de Cristobal Colón consistente en llegar a la India por el oeste fue presentado primero al rey de Portugal, que lo rechazó por lo erróneo de sus cálculos, ya que suponían que el diámetro de la tierra era de 30.000  kilómetros cuando la realidad es que es de 40.000. En lugar de 1125 millas, la realidad está en 2.495  (Mapa de Toscanelli) y por estar inmerso en el proyecto de llegar a Asia circunnavegando África. 

Mapa de Toscanelli

Tras la negativa portuguesa, presentó su proyecto a los Reyes Católicos, que a pesar del dictamen contrario de los expertos, que constataron los errores de cálculo de Colón, firmaron las Capitulaciones de Santa Fé. Por este contrato Colón recibía el título de almirante, virrey y gobernador de las tierras descubiertas y obtendría un 10% de las ganancias. La expedición, compuesta por la Pinta, la Niña y la Santa María, salió del puerto de Palos el 3 de agosto de 1492, hizo escala en Canarias y divisó tierra el 12 de octubre de 1492, llegando a la isla de Guanahaní.
La vuelta fue en enero de 1493 y en abril los Reyes Católicos le recibieron en Barcelona. Los resultados de aquella expedición fue decepcionante, pues no encontraron lo que buscaban y aquello no se parecía mucho a las descripciones de Marco Polo, pero vieron productos aprovechables ( tomate, maíz, perlas...) e  incluso la posibilidad de esclavizar a los indios.
Ese mismo año, ante las protestas portuguesas, se busca el arbitraje papal y el Papa Alejandro VI publicará las bulas Inter Caetera donde se entregaba a Castilla todas las tierras descubiertas que no pertenecieran a un príncipe cristiano a partir de un meridiano a 100 leguas al oeste de las Azores. La negativa portuguesa llevará a la firma en 1494 del Tratado de Tordesillas donde un meridiano a 370 leguas de las islas de Cabo Verde  separará las dos áreas de influencia: el oeste para Castilla y el este para Portugal.


Después del viaje principal, se realizarán  otros tres viajes donde se descubrirán: en el Segundo Viaje de Colón las Antillas Mayores (Puerto Rico, Jamaica), en el Tercer viaje las bocas del Orinoco e isla Margarita y en el Cuarto viaje Honduras y las costas americanas buscando un paso hacia el sur.Tras estos viajes, Colón morirá pobre y olvidado en 1506 en Valladolid sin saber que había descubierto un nuevo mundo.

A partir de entonces se procedió a la exploración y colonización sistemática del continente.

Tomado de historiaymas

jueves, 16 de diciembre de 2021

Los incas y sus momias, una relación de ultratumba en la tierra.

Durante el incanato, los restos de los dignatarios eran momificados y tratados como personas vivas. Algunos hasta se casaban luego de muertos.

En el imperio incaico la muerte tenía fuertes vínculos con la vida cotidiana. Según los historiadores, esta sociedad andina tenía conceptos espirituales y del tiempo distintos a los de la civilización occidental. Por ello, creían que sus antepasados permanecían en la tierra después de su fallecimiento. Los muertos formaban parte de su entorno e intervenían en la toma de decisiones. 
Narran varios cronistas que los mandatarios y curacas más importantes eran sometidos a misteriosas técnicas de momificación tras su deceso. Estas momias, en vez de ser apartadas de la vida pública, ocupaban lugares privilegiados en sus palacios. Ahí recibían cuidados, las veneraban, las sacaban en procesión y también podían realizar actividades civiles como contraer matrimonio.


“Las momias no fueron percibidas como muertos, sino como vivos. Como tales, podían tener hambre, sed y frío. Tenían que comer y beber, calentarse con fuegos, ser limpiadas y cambiadas de ropa. Además participaban en las fiestas, se visitaban mutuamente y también a sus parientes vivos”, explica a El Comercio el investigador alemán Stefan Ziemendorff, quien ha estudiado a fondo la historia de las momias incas.
Según Ziemendorff, un testimonio insólito sobre el tratamiento de las momias en el incanato lo ofrece el encomendero español Polo de Ondegardo, quien en 1559 había incautado varias momias de las panacas del Cusco. En 1571, Polo de Ondegardo relató que el jefe de una panaca había bebido con y en nombre de una momia. Se narra incluso que este jefe llevaba la momia consigo a cuestas para hacerla orinar.


Mantenían sus posesiones
La tradición prehispánica señala que los incas después de muertos no dejaban herencia. Las momias seguían ‘viviendo’ en sus palacios en el Cusco e incluso mantenían sus casas de campo en los alrededores de la ciudad imperial. Según Ziemendorff, Chinchero era una región que pertenecía a Túpac Yupanqui, Calca a Wiracocha y Yucay a Huayna Capac. Tras su muerte, estos gobernantes mantuvieron sus posesiones.
“A manera de ejemplo, el escribano conquistador Sancho de la Hoz escribe en 1534: “Cada señor difunto tiene aquí su casa y todo lo que le tributaron en vida, porque ningún señor que sucede puede después de la muerte del antepasado tomar posesión de su herencia. Cada uno tiene su vajilla de oro, de plata, sus cosas y ropas aparte, el que le sucede nada le quita”, cita Ziemendorff.
En general, en el Tahuantinsuyo las viudas podían volver a casarse. La excepción eran las esposas de los soberanos incas que debían permanecer junto a sus momias cuando estos fallecían. Y tanta vigencia tenían estos muertos en la sociedad incaica que podían seguir casándose. 


El historiador Waldemar Espinoza refiere que en un documento colonial de Cajamarca se constató que la hija de un cacique de esa ciudad fue enviada como esposa a Huayna Cápac por órdenes de su hijo Atahualpa. Esto a pesar de que el gran gobernante Huayna Cápac ya había muerto cuatro o cinco años antes.

Descontento
Ziemendorff resalta también que aunque los súbditos del incanato respetaban a las momias, las numerosas tierras que los muertos habían acumulado llegaron a irritar a Huáscar, cuando este asumió el poder en el Cusco. 
“Huáscar propuso que todos los recursos sean usados en adelante solo para los vivos. Varios historiadores piensan que esta revolución contra las momias puso buena parte de la nobleza inca (particularmente a la panaca de Pachacútec) al lado de Atahualpa e inclinó la balanza en la guerra entre hermanos”, relata el investigador.




viernes, 5 de marzo de 2021

La Religión en el Antiguo Perú: nuevas perspectivas

A partir de 1987 el autor comenzó a interesarse por el estudio de aspectos concernientes a la religión profesada por los antiguos peruanos, debido a que por entonces inició indagaciones etnográficas en parajes altoandinos. Estos le permitieron recopilar mitos y leyendas de raigambre ancestral, así como también presenciar rituales de antiquísimo cuño anterior a la irrupción europea y probablemente aún a tiempos anteriores al Incario. En base a sus experiencias en parajes altoandinos llegó a la conclusión que una indagación sobre la religión ancestral peruana no podía basarse únicamente en lo que refieren los cronistas de los siglos XVI y XVII. Para lograr un acercamiento eficiente, era imprescindible acudir simultáneamente también a fuentes etnográficas e iconográficas (Kauffmann Doig, 1986a, 1987, 1991, 1996, 2001a, 2001d, 2002a, 2003, 2011b). 


Sus reiteradas indagaciones etnográficas lo condujeron, entre otras conclusiones, a poner en duda el carácter heliolátrico que en consenso se viene asignando a la religión prehispánica (Kauffmann Doig, 2003). Por otra parte, en cuanto al análisis que viene ejecutando en el campo de la arqueología-iconográfica -y siguiendo en esto la brecha abierta por Rebeca Carrión Cachot (1955, 1959), éste lo condujo a deducir que una pareja divina, conformada por una especie de Dios del Agua y de Diosa Tierra, fue la que debió ocupar el sitial más alto entre las divinidades de la cosmovisión andina. Al respecto, como se verá en su debida oportunidad, considera que un tipo particular de recipientes escultóricos Moche en los que aparecen dos motivos representados en forma realista y que representan una cresta de ola que se desborda sobre un grupo de andenes o terraza de cultivo (Figs. 22a, 23, 31), son los que permiten descifrar, fehacientemente, esto es sin tener que obrar “a ojo de buen cubero”, los innumerables y más diversos motivos representados en tejidos, cerámica y material arqueológico en general como símbolos del agua y de la tierra fértil. Las experiencias acumuladas a lo largo de muchos años, conjugadas con los temas que al presente son materia de la presente investigación gracias al contrato como docente-investigador de la URP permiten al autor a abrigar la esperanza de ofrecer un estudio sobre la religión del antiguo Perú basado en nuevas perspectivas.
Seguidamente, el autor presenta un Sumario de los puntos cruciales que comprende la investigación acerca de la religión profesada por los antiguos peruanos. No se trata de una lista, sino de una relación de temas expuesta con sumillas que abundan en información sobre cada uno de los temas que se mencionan:

Primero
La religión de los antiguos peruanos giraba en torno a un eje distinto al bíblico, que centra su atención en el campo de la moral. Su brújula apuntaba casi exclusivamente a la búsqueda de contar con la cuota necesaria de alimentos, algo que era difícil de alcanzar debido a la limitación de tierras aptas para el cultivo y a las catástrofes de orden atmosférico a los que está expuesta la región andina de costa, sierra y la Amazonía cordillerana.

Segundo
El único pecado proferido a sus divinidades era, en el antiguo Perú, el no honrar y ofrendar, llegándose hasta sacrificios de individuos en ocasiones de extrema crisis. Esto es clamando con intensidad a las dos más conspicuas divinidades que se presumía tenían pleno gobierno sobre la producción agraria y de éste modo sobre la existencia misma.

Tercero
Por lo expuesto, los seres más conspicuos del panteón andino, deberían recibir la calificación de dioses del sustento. Adelantamos una especie del Dios del Agua y una Diosa Tierra o Pachamama.

Cuarto
El problema de contar con una cuota suficiente de alimentos fue agravándose por el rápido y sostenido aumento poblacional que acarrea la actividad agraria, que para aumentar la producción al ritmo exigido por la tasa demográfica creciente, tropezaba con la mencionada limitación de tierras aptas para el cultivo y los azotes naturales frecuentes que devenían en prolongadas sequías o por el contrario en desastrosas lluvias torrenciales las que barrían con los cultivos.

Quinto
La religiosidad andina se reducía básicamente a la ejecución de rituales dirigidos a los poderes sobrenaturales, para implorar por la cuota de alimentación necesaria para una población en crecimiento constante desde hace tres o cuatro mil años. Cuando el principal recurso alimenticio se hacía provenir de la actividad agraria y parcialmente de la crianza de animales, en particular de la llama y de otros camélidos sudamericanos. El fenómeno de la tasa poblacional sumado a las hostilidades de tipo geográfico y atmosféricos, moldearon la estructura de la religiosidad peruana ancestral. Como quiera que estas adversidades estuvieron siempre presentes, una vez incrementadas las técnicas agrarias adecuadas, las estrategias a seguir en el campo socio-político y de gobierno, y de conceptuar la religiosidad propiciatoria de la producción, alcanzado plenamente en el tercer milenio antes de Cristo, la cultura andina se consolidó alcanzando su madurez lo que tuvo lugar tempranamente: hace 3000 años.

Sexto
Por lo mismo, las divinidades de mayor rango eran imaginada como conformando una pareja, de cuyo connubio dependían simbólicamente las cosechas. Adelantamos que la pareja divina a la que nos referimos la conformaba una especie del Dios del Agua y una Diosa Tierra o Pachamama.

Sétimo
Esta situación permite explicar el porqué, en el antiguo Perú, no hubiera un Dios único, masculino y asexuado, como el Padre Eterno de la Biblia, sino mas bien una pareja divina, masculina y femenina, de cuyo connubio se hacía depender el sustento y con ello la existencia misma.

Octavo
La divinidad masculina era imaginada como la donante del agua, y su contraparte como la tierra fértil, que solo podía gestar y ofrecer así los alimentos, de ser fecundada por el líquido vivificante de su consorte.

Noveno
De esta manera queda patente, que los antiguos peruanos concebían dos dioses principales, sustentadores de la humanidad: un Dios del Agua y una Diosa Tierra o Pachamama.

Décimo: La moral estaba en manos del Estado, que a través de sus funcionarios aplicaban severas formas a quienes quebrantan lo prescrito.

Décimo primero
Como en la estructura religiosa andina no se concebía ni cielo ni infierno, los asuntos concernientes a la moral estaban en manos del Estado. A éste competía sancionar las infracciones a las normas establecidas. Los castigos se ejecutaban con severidad, de acuerdo al grado de la afrenta, y lo que es de señalar también en cuanto a la condición social del infractor.

Décimo segundo
La divinidad de mayor jerarquía no era concebida en forma de un Dios creador, algo que ya lo hicieron notar Pierre Duviols y María Rostoworowski. Como veremos en su debido momento, fueron dos los entes divinos superiores, uno masculino (Dios del Agua) y el otro femenino (Diosa Tierra o Pachamama). Con el fin de semejarlo a Jehová, el dios andino masculino fue distorsionado en los siglos XVI y XVII por los evangelizadores atendiendo a su búsqueda de estrategias destinadas a aligerar la tarea de éstos de introducir el catequismo.

Décimo tercero: Adelantamos que el considerar al Sol como al dios andino fue también el producto de una falsificación. Si bien el soberano Pachacútec quiso imponerlo, no lo logró. Por lo mismo, al presente se constata que en los parajes andinos la adoración no es heliolátrica, sino que se dirige a las seculares montañas sagradas o apus. Se les implora para que las lluvias no se retrasen o ausenten del todo provocando sequías. La adoración a los apus es hasta el presente acompañada de ofrendas o pagos. Es por lo mismo que adelantamos, que en las montañas sacras debió materializarse lo que proponemos calificar de Dios del Agua; ser divino con dominios en el firmamento de donde provienen los rayos, los truenos y la lluvia.

Décimo cuarto
También eran tenidas como sagrados muchos otros elementos: amuletos o conupas, ciertos animales, antepasados momificados y sus kamaken (alma), etc., etc.

Décimo quinto
Por lo mismo que el Dios del Agua era considerado como adverso, era temido y considerado demoníaco, en razón de que para derramar a tiempo y en su justa medida las lluvias que estaban bajo su control, exigía se le rindiera veneración y se le suplicara fuera benévolo. Para ello se valían de ampulosos rituales y de dadivas. En caso de crisis climáticas agudas cundía la desesperación, al extremo que se llegaba a sacrificar hasta a humanos, especialmente niños en tiempos del Incario. Al respecto recuérdese la presencia de la Dama de Ampato o “Juanita”, hallada en cumbres nevadas.

Décimo sexto
Este tipo de sacrificio era llamado capac-cocha (qhapaq = grandioso; kotsha = almacén de agua: lagunas, lagos y mar).

Décimo séptimo
Contrariamente al dios bíblico, el Dios del Agua, aunque considerado divinidad suprema era tenido como malévolo. Esto presunción provenía por el hecho de que se le atribuía ejercer supremo gobierno sobre las inclemencias climáticas, generadas por El Niño y otros fenómenos meteorológicos que atentaban de continuo contra la producción de los alimentos y que de esta manera atentaban contra la existencia misma. Se le debía adorar y sacrificar constantemente para lograr su benevolencia. De otro modo castigaba con sequías prolongadas, lluvias torrenciales, friajes y otras calamidades que por igual afectaban los cultivos y hacían que aparezca el fantasma del hambre.

Décimo octavo
Por lo mismo que el Dios del Agua era un dios considerado de condición demoníaca, en sus representaciones es retratado como un varón dotado de atributos de ave (garras) y de amenazantes colmillos de felino. Décimo noveno: Contrariamente a lo que narra la Biblia, se estimaba que el hombre había sido creado por autogestación y haber nacido del vientre de la Pachamama, en otras palabras de la Diosa Tierra. Habría brotado de sus entrañas por grutas, sus simbólicas vulvas. Las diversas poblaciones señalaban cada cual una cavidad en particular, como su pacarina o lugar de procedencia de sus primeros ancestros.

Vigésimo
Mitos oficiales refieren que la creación de los hombres se habría producido por tres grutas: de la primera habrían surgido los ancestros de los soberanos y de la nobleza; de la segunda las mujeres de éstos; y de la tercera los antepasados del pueblo, campesinos fundamentalmente. Con esta saga la élite gobernante propagaba que la humanidad desde sus orígenes mismos y por mandato divino, había quedado dividida en dos clases sociales. Con éste recurso propagandístico, las órdenes impartidas eran acatadas servilmente por el pueblo. Aquello, en su forma prístina no necesariamente debido a orgullo de casta, sino obedeciendo a objetivos que permitieran lograr una eficaz producción de la cuota de comestibles requerida por la población; para ello se le obligaba a trabajar denodadamente, como consecuencia de las recurrentes anomalías climáticas que soportaban los antiguos peruanos.

Vigésimo primero
Como continuación de lo expuesto en el Informe No. 4-2013 acerca de la presencia de una pareja divina como entes de la mayor jerarquía del panteón de los antiguos peruanos, es preciso aclarar que nuestra formulación se contradice con el concepto tradicional ampliamente difundido y aceptado que esgrime que en la religión en el Incario primaba el Sol como suprema divinidad. Aceptando que Pachacútec tratara de imponer el culto heliolátrico, acaso apoyado en el mito de sus ancestros Manco Cápac y Mama Ocllo que habrían sido hijos del Sol, como se explicará oportunamente esta apreciación no caló en el pueblo, que prosiguió adorando a los apus o determinado cerros en los que se presumía radicaba el espíritu que gobernaba sobre los fenómenos atmosféricos, una especie de Dios del Agua que fecundaba los campos de la Diosa Tierra o Pachamama. A todo esto es preciso clarificar si en el fondo la élite conformada por la parentela terminara también por considerar que, por encima de todo, existía un dios creador universal que se personificaba en el Sol.

Para el caso de Wirakocha, Pierre Duviols y María Rostworowski han revelado que se trata de un concepto colonia temprano. En efecto, el mito andino de Wirakocha debió ser distorsionado a fin de, engrandeciendo a este personaje, fingir que era el propio Jehová de los antiguos peruanos. Esta patraña, fruto de los catequistas del siglo XVI, fue creada con las más sanas intensiones: para disponer de una valiosa muleta en el proceso de evangelización, que les permitiera facilitar la evangelización.
Por su parte, invitado por Mircea Eliade para colaborar en su "Encyclopedia of Religion" (New York / McMillan 1987), Federico Kauffmann Doig al profundizar en el tema en mención, observó que no sólo el mito andino de Wirakocha había sido manipulado. También lo había sido el concepto mismo del dios solar andino; o que éste había sido incomprendido e interpretado erróneamente por la perspectiva occidental. En efecto, el Sol no parecer haber sido, por más que esta aseveración parezca inverosímil e incongruente no otra cosa que una personificación más del Dios del Agua. Testimonios iconográficos ofrecen atisbos en apoyo de lo enunciado en esta hipótesis: en éstos el Sol no era representado. Y en un kero, si bien es retratado el Sol, éste es emplazado por encima de las nubes de las que cae la lluvia.

Vigésimo segundo
Siguiendo el hilo conductor, en lo que respecta a Pachacamac, Miguel de Estete, testigo ocular durante la presencia primigenia de los españoles en aquel santuario, informa en sus “Noticias del Perú” (1938, p.195-264) que al dios de este nombre que Estete vio representado en una escultura de madera, se le imploraba por “buenos temporales...” Y añade “que... les dice que está enojado... y los sacrificios que han de hacer, y los presentes que quiere que le traigan”. Por lo mismo, Pachacamac no debió ser en el fondo otra cosa que el inveterado Dios del Agua Andina.

Vigésimo tercero
Wirakocha no debió ser más que una de los muchas denominaciones que recibía el Dios del Agua, en tiempos del Incario popularmente era conocido como Illapa. El Dios del Agua recibía también varios otros nombres, según las distintas regiones, lo que ha llevado a que algunos estudiosos del tema religioso a sostener que en el Perú antiguo hubo una infinidad de dioses. Naturalmente que al lado del Dios del Agua existía también un sinnúmero de seres divinos, pero éstos no eran jerárquicamente equiparables a éste ni a la Diosa Tierra o Pachamama, su “consorte”.

Vigésimo cuarto
La Pachamama o Diosa Tierra era universalmente simbolizada por un emblema escalonado, que alude a los andenes o terrazas de cultivo; el Dios del Agua era por su parte, desde tiempo inmemorial, simbolizado por una cresta de ola en forma de una greca conformada por bastones; éstos al mismo tiempo simbolizaban plumas, con equivalente valor emblemático. Este símbolo aparece representado por ejemplo en la Estela Raimondi, y de modo elocuente en las representaciones de la cabeza de Ai-apaec plasmadas en las paredes de la Huaca de la Luna, valle de Moche. En el último caso citado, se advierte claramente la transfiguración simbólica que experimenta el motivo "cresta de ola" con el de la pluma; la cual, de este modo, acoge el mismo valor emblemático.

Vigésimo quinto
Cuando el Dios del Agua es retratado de cuerpo entero, registra contornos humanos además de elementos anatómicos provenientes de los felinos, más otros de condición ornitomórfica tal como se observa ya en la imagen esculpida en la Estela Raimondi y en las variantes posteriores como las citadas que retratan a Ai-apaec, el Dios del Agua en su modalidad Moche.

Vigésimo sexto
La Pachamama o Diosa Tierra era vinculada a la mujer, a la Luna, a la noche, al felino, y a la plata. Por su parte, al Dios del Agua, de rasgos acentuadamente masculinos, con excepción de los primarios o sexuales que no eran destacados, se le asociaba con el Sol, con el día, con las aves de rapiña (especialmente el halcón), y con el oro.

Vigésimo séptimo
El tupo o gran alfiler metálico dotado de un disco o de un motivo en medialuna, debió evocar a la Luna. Por lo mismo era adorno propio del mundo femenino; su pequeño agujero podría haber tenido función en las prácticas de la magia lunar


Vigésimo octavo
Se le ofrendaba al Dios del Agua alimentos. Especialmente mullo, o sea caparazones triturados de animales marinos, particularmente los del género Spondyllus; además de otras muchas “golosinas” tales como fetos de llama...

Vigésimo noveno
La grasa de camélidos tenía un significado simbólico muy importante, mayor que la sangre: objetos utilizados en los rituales son aún untados con grasa. También era depositada sobre la tierra "para que aparezca siempre humedecida". En ambos casos también para fortalecerla, tal como se asevera hasta el día de hoy en lugares en los que palpitan todavía estas viejas prácticas. El vocablo Wirakocha contiene precisamente la palabra wira = grasa/sebo, y de no proceder la palabra wira de willka (sagrado) –acaso término en alguna forma equivalente- el nombre de la divinidad podría descomponerse en Wira-kocha, siendo su etimología: "recipiente primario del agua dotado de grasa”. En su forma simbólica, la grasa era también asociada al agua: en la espuma que se forma a las orillas del mar y de las lagunas así como de los ríos.

Trigésimo
Las creencias mágico-religiosas terminaron por consolidarse en el antiguo Perú durante la etapa Formativa Floreciente (Cupisnique-Chavín); esto es en el primer milenio antes de Cristo. Desde entonces y hasta la llegada de los españoles, las mismas siguieron vigentes, con variantes tan sólo de segundo orden. Esto queda comprobado por un análisis de las imágenes iconográficas de todos los tiempos y regiones. El Dios del Agua es representado, de este modo, luciendo siempre los mismos rasgos esenciales que lo caracterizan, a lo largo de casi tres mil años: un ave humanizada con atributos de felino o un hombre-felino alado, los que deben ser sus acólitos, los Qhoa, Oscollo o Titi, frecuentemente son diseñados en vuelo. De modo simplificado mediante un símbolo en forma de un bastón, graficado con infinitas variantes, que en su origen descubre derivar de la figura de una cresta de ola. En ocasiones este motivo era representado formando una unidad con el símbolo con el que era figurada la Diosa Tierra, que toma básicamente el aspecto de tres gradas; iconográficamente se comprueba que aluden a terrazas de cultivo.

Trigésimo primero
Los "felinos voladores" de la iconografía andina perviven en el mito actual de qhoa, oscollo o titi. Están presentes en mitos relatados todavía en la actualidad en zonas alto-andinas del Cuzco, Apurímac, Ayacucho, Puno y Arequipa. La información de la que dispongo procede, por lo menos, de las regiones citadas.

Trigésimo segundo
El mito de Qhoa relata cómo este gato montés con pintas –posiblemente alusivas a las gotas de lluvia- se eleva entre la niebla partiendo de un manantial o puqio. Aquello se efectuaría precisamente al momento de producirse tempestades. Luego el personaje mítico es visto desplazándose por el firmamento, en medio de las nubes. Sus ojos despiden relámpagos, de su rabo se desprenden rayos y su vientre expulsa truenos. En algunas versiones del relato mítico, se cuenta adicionalmente que sus orines se transforman en lluvia.

Trigésimo tercero
Los felinos voladores no son, empero, imágenes del Dios del Agua como inicialmente suponíamos en base a la información inicial recabada. Es el Dios del Agua el que les ordena desplazarse para premiar a los hombres provocando lluvias; o en su defecto castigarlos dejando caer granizo y heladas que, al afectar negativamente los campos de cultivo provoquen hambrunas. Esta divinidad, suprema, aparece materializada en las cimas imponentes o apu(ses), por lo que los felinos voladores no son otra cosa que sus acólitos.


Trigésimo cuarto
Se supone que los castigos impartidos mediante los fenómenos atmosféricos adversos, son producidos por no habérsele venerado y ofrendado en la medida demandada por la divinidad suprema. Esto es, el Dios del Agua que se le presume materializado en ciertas cumbres, o residente en las mismas. Los cerros en general se conocen con el nombre orqo-kuna (kuna=plural).

Trigésimo quinto
La pareja divina conformada por los dioses andinos más encumbrados, está constituida por el Dios del Agua y la Diosa Tierra (Pachamama). Se caracterizan básicamente por ser dioses del sustento.

Trigésimo sexto
El Sol era y es ciertamente venerado por ofrecer luz y calor. Pero en ninguna ocasión hemos podido constatar que se le venera como a una divinidad, menos aún como un ser divino de suprema jerarquía. De acuerdo a las fuentes escritas, se señala que Pachacútec trató de imponer el culto heliolátrico. Pero al parecer no tuvo éxito, de otro modo el Sol sería adorado al presente, en los parajes altoandinos, donde todavía en la actualidad sobrevive una porción importante de la religiosidad andina.

Trigésimo séptimo
Los dioses andinos no tenían injerencia en asuntos concernientes a las reglas morales existentes por entonces. El único “pecado” era el no rendirles respeto y no ofrendarles rituales y sacrificios. Se presumía que de esta manera, en particular el Dios de Agua, podía ser domeñado; esto es evitar que provocara anomalías climáticas atentatorias a la producción de los alimentos. Quebrantar normas éticas eran consideradas únicamente afrentas contra el Estado, y era éste el que se encargaba de los castigos que por lo general eran muy severos.


Trigésimo octavo
Por lo expuesto, los agravios de orden moral recibían castigos en este mundo y no después de la muerte como en la religión cristiana. Con todo, existía la firme convicción de una vida en ultratumba. Pero esta era concebida sin la presencia de cielo ni de infierno. Se presumía que, tal como había transcurrido en este mundo, la vida se prolongaba después de la muerte. Continuaban así, en el más allá, las jerarquías así como la necesidad de trabajar los campos para "subsistir". La ilusión de un bienestar en la vida en el más allá, se limitaba a disponer de cosechas abundantes. Las ofrendas de alimentos y bebidas colocadas en las tumbas, estaban destinadas simbólicamente a satisfacer el hambre que experimentaría el difunto en su trayecto al más allá; así como para halagarlo también, ofrendándole los potajes que en vida habían sido de su preferencia.

Trigésimo noveno
La conservación del cadáver era requisito indispensable para "sobrevivir" en las moradas de ultratumba. Aquello explica el florecimiento, en el Antiguo Perú, de sofisticadas técnicas de momificación. También el especial empeño puesto en la construcción de los sepulcros, ya sea los construidos sobre el suelo como las tumbas en tierra; va parejo al rango social que en vida cupo al difunto. Se consideraba que era de especial importancia que el cuerpo del difunto no sufriera menoscabo por putrefacción u otros agentes que pudieran atentar contra su integridad. Esta concepción debe traer lejanas raíces y haber estado presente en el pensamiento mágico-religioso que debió regir en el orbe desde tiempos neolíticos tempranos, o acaso antes. Por lo mismo la antiquísima tradición, como la citada, de clara raíz chamánica, debió ser introducida en América con las primeras oleadas de inmigrantes provenientes del Asia.

Cuadragésimo
La continuidad de la vida después de la muerte trajo consigo que en el Antiguo Perú se practicara la necropompa, o autoinmolación. Era practicada por esposas de la élite y gente de servicio. También aquí podría tratarse de una tradición ancestral común a la humanidad.

Addendum
El caso de Atahualpa, estando en prisión, es patético en cuanto a la firme creencia en una vida después de la muerte, siempre y cuando se conservara el cadáver. Al escuchar el bando por el que lo sentenciaba a morir ahorcado, al garrote, testigos oculares de aquel suceso subrayan que el soberano no se inmutó en lo mínimo. Eso sí, en el momento en el que le fue comunicado que su cadáver sería quemado en la hoguera por no ser bautizado, prorrumpió en sollozos, desplomándose su fortaleza espiritual. Y es que el ser incinerado significaba para él morir definitivamente y así no poder gozar de la vida en ultratumba. Queda sobrentendido que luego de aceptar el bautizo, la pena de la hoguera le fue conmutada por la del garrote o asfixia.

Amauta Federico Kauffmann Doig

miércoles, 24 de febrero de 2021

Traiciones y dictadura del auténtico Simón Bolívar: el millonario «español» que se hizo revolucionario

La historia recuerda a Simón Bolívar como el gran libertador de Sudamérica y el hombre que soñó con una confederación democrática de estados libres al estilo de EE.UU. Se cuidan los que han levantado esta pulida y mitificada versión de Bolívar, hoy reverenciado por cierta izquierda americana, en omitir el giro despótico que invadió al criollo en varios periodos de su vida. Aparte de su mala opinión de los indígenas, «seres incapaces de una concepción política»; o de su hostilidad hacia Perú, que veía como una amenaza a su Gran Colombia.

Nacido en el seno de una familia de ascendencia española de Caracas, Bolívar ingresó muy joven en el Batallón de Milicias de Blancos de los Valles de Aragua, donde su padre ejercía sus funciones de oficial y tenía un gran hacienda. En 1799, realizó un viaje a Europa para perfeccionar su formación militar, si bien fue entonces cuando germinó en su interior las ideas independentistas contra la «Madre Patria». Ya en la rebelión iniciada por Francisco de Miranda, en plena Guerra de Independencia española, cobró Bolívar un importante protagonismo como el hombre que convenció al exiliado en Londres de regresar a América.

Retrato de Simón Bolívar, por José Gil de Castro
Caído el prestigio de Miranda, el criollo le traicionó en última instancia para salir con vida de este primer intento de independencia. Bolívar hizo prisionero a Miranda y lo entregó al Ejército español a cambio de un salvoconducto para regresar a Caracas, si bien finalmente se dirigió a Cartagena de Indias con la intención de encender una nueva rebelión.

Una guerra civil entre españoles
Lo que vino a llamarse la «Campaña Admirable» dio luz a la Segunda República, un régimen totalmente personalista del criollo, que trasladó la guerra a un nuevo nivel de violencia y confrontación social. Lejos del relato clásico de la lucha de los americanos por conseguir su independencia respecto a los españoles, las sucesivas guerras de emancipación que se vivieron en los territorios del Imperio español fueron, en esencia, una guerra civil entre españoles, esto es, españoles de América contra españoles de Europa.

Los procesos corrieron a cargo de criollos dueños de grandes plantaciones e intelectuales enriquecidos, que recibieron el apoyo indirecto de EE.UU. e Inglaterra, empezando con el comercio de armas y barcos de guerra a los insurgentes. Sin ir más lejos, la familia de Bolívar era dueña de extensas plantaciones de cacao, con indios de encomienda y esclavos negros. La población mestiza e indígena combatió de forma indiferente en ambos bandos y no mejoró, sino todo lo contrario, su situación una vez se marcharon los europeos.

Tras sucesivas derrotas a manos del Ejército español, la Segunda República de Bolívar se deshilachó a la misma velocidad que se había creado. Cuando en 1814 Fernando VII regresó al poder, pudo organizar una expedición de 10.500 soldados desde España y restablecer el poder real en todos los territorios. Poco después, Bolívar renunció a su mando y, en mayo de 1815, se exilió a Jamaica, en manos británicas. Un periodo de reflexión en el que el criollo español abandonó su proyecto de independencia regional y se abonó a uno continental. Revestido de democracia a toda costa, Bolívar postulaba un sistema político propio de los caudillos latinos, con un presidente vitalicio y una cámara de senadores hereditarios integrada por los generales de la independencia…

En 1819, logró la independencia de Nueva Granada y el nacimiento de la Gran Colombia, de la cual se convirtió en dirigente. Sin tiempo que perder, impulsó una ley de expulsión de los españoles el 18 de septiembre de 1821 por la que todos los ciudadanos con origen peninsular que no demostrasen haber formado parte del movimiento independiente serían sacados a la fuerza del país.

Entrevista en Guayaquil entre Bolívar y San Martín
Puesta su mirada en el sur, el todopoderoso Virreinato del Perú, trató de forjar una alianza con José de San Martín. Durante una reunión entre ambos en Guayaquil, Bolívar concluyó decepcionado que el libertador del Perú «no creía en la democracia, estando convencido de que aquellos países no podían ser regidos más que por Gobiernos vigorosos, que impusieran el cumplimiento de la Ley, ya que cuando los hombres no la obedecen voluntariamente, no queda más arbitrio que la fuerza». Cuando San Martín le ofreció el liderazgo de la campaña libertadora en el Perú, Bolívar le dio a entender que solo lo aceptaría si él se retiraba del Perú. ¡O Bolívar o nada!

Así lo hizo San Martín, que puso rumbo a Europa, si bien el verdadero problema de Bolívar con Perú era la amenaza que suponía como país para su amado proyecto de la Gran Colombia. En opinión del historiador Hugo Pereyra Plasencia, Bolívar llegó al Perú no tanto por dar la libertad a los peruanos, «sino principalmente por el interés geopolítico de destruir de raíz lo que consideraba como una amenaza para la Gran Colombia, […] Por eso se crea Bolivia, para cortarle las patas al “monstruo” peruano». Lo poco que le importaba la libertad local se demostró cuando, en 1825, Bolívar dispuso la anulación de la emancipación de los esclavos que había decretado San Martín y poco después implantó de nuevo el tributo del indígena, que también había sido eliminado por San Martín el 27 de agosto de 1821.

La Muerte del Libertador, por Antonio Herrera Toro
Ese mismo año, el Congreso Constituyente convocado por él en Perú ordenó levantar una estatua ecuestre de Bolívar en la plaza del Congreso, donde está actualmente, y el pago de una recompensa de 1.000.000 de pesos, cantidad que representaba, más o menos, la tercera parte del presupuesto anual del Perú de la época, como una «pequeña demostración de reconocimiento» hacia su figura.
Bolívar llegó al Perú no tanto por dar la libertad a los peruanos, «sino principalmente por el interés geopolítico de destruir de raíz lo que consideraba como una amenaza para la Gran Colombia»
Años de dictadura
Bolívar soñaba con replicar los EE.UU. en un territorio fragmentado, de caracter provincial y diverso, que en algunas zonas veía con poco o nada entusiasmo el proyecto confederado, como en el caso de Perú. En los años posteriores el «libertador», que empezó a acaparar poder y actuar de forma despótica, fracasó en su intento de imponer su visión de la democracia a todo el continente.

En 1826, el levantamiento de José Antonio Páez contra el orden impuesto en Venezuela por Bolívar, unido al rechazo de la unión con Colombia, comprometieron gravemente el proyecto de la Gran Colombia. Tampoco salieron las cosas como él había previsto en la Asamblea de Panamá (1826), donde intentó conseguir la unión continental a través de una confederación, quedando reducida la participación a Colombia, México, Perú, Chile y las Provincias Unidas de Centroamérica y los compromisos a solo buenas palabras.

Además, concluida la guerra contra el Imperio español, la aristocracia limeña consiguió la anulación de la Constitución bolivariana que se les había impuesto con el argumento de Bolívar de que, aunque no fueran legales los métodos para aprobarla, era «popular y por lo tanto propio de una república eminentemente democrática». Ni entonces, ni hoy, Perú guarda buen recuerdo del Libertador.
Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander
 en el Congreso de Cúcuta

Sobrepasado por las circunstancias, Bolívar asumió en 1828 en un pronunciamiento en Bogotá plenos poderes dictatoriales, lo que condujo a la rebelión colombiana contra su dictadura pretoriana. Entre las medidas impopulares que impuso, estuvo una serie de privilegios a la alta jerarquía del Ejército y la restitución del impuesto de la alcabala, un impuesto español que se había llevado a América tras la conquista y del cual muchos criollos se habían quejado a lo largo de los tiempos.

La invasión del ejército peruano al frente de La Mar, la insubordinación del general de su mayor confianza, José María Córdoba, y un intento de asesinato el 25 de septiembre de 1828 le señalaron la puerta de salida. Bolívar, gravemente enfermo y en proceso depresivo, presentó su dimisión en 1830 ante el Congreso colombiano y vivió sus últimos días torturado por las noticias que llegaban de más y más fragmentaciones de las repúblicas americanas. Falleció poco después en la casa del hidalgo español Joaquín de Mier, en San Pedro Alejandrino.


FUENTE: ABCeshistoria.com