domingo, 7 de junio de 2015

Francisco Bolognesi y la Jura a la Bandera

Bolognesi "Hijo de la Independencia"
Bolognesi había nacido el 4 de noviembre de 1816, en Lima. Era hijo del músico italiano don Andrés Bolognesi y de la arequipeña doña Juana Cervantes. Fue bautizado en la iglesia de San Sebastián, donde lo habían hecho también Santa Rosa y San Martín de Porres. Casi era “hijo de la independencia” y su familia había vibrado con los más hermosos pasajes de ella y también había sufrido con los embates de los realistas y las primeras frustraciones de la República. No es, pues, difícil entender el ambiente patriótico en que se crió Francisco Bolognesi; tampoco el impacto que tal sentimiento tuvo en su tierno corazón. Había nacido, pues, en plena lucha por la libertad americana, cuya proclama lo llevará como norte en su vida civil y militar.
Francisco Bolognesi
TRABAJÓ DESDE MUY CORTA EDAD
Durante ocho años se desempeño como contador de una empresa arequipeña e hizo largos viajes a Puno y Cusco. En el año 1832, cuando apenas tenía 16 años, lo contrataron para que trabaje en la sección de contabilidad de una importante casa comercial, cuyos dueños vieron en él mucha capacidad y notable honradez.

SE DEDICÓ A LA ACTIVIDAD COMERCIAL
Ese cargo lo ejercía junto a otra actividad comercial de suma importancia para el sustento familiar, la de realizar viajes hacía el oriente, a las selvas de Puno (Carabaya) y Cusco (valle de La Convención), a fin de comprar coca y cascarilla para trasladarlos a Arequipa y venderlos. Eran tiempos en que por esa ruta el viaje era penoso y, por tal motivo, sólo lo hacían jóvenes que tenían espíritu de aventura y afán de riqueza. Se trasladaban por abruptos caminos de herradura, en viajes que duraban varias semanas. Esas caravanas no tenían ningún temor de pasar las inhóspitas yungas, las frías punas ni las más calurosas omaguas. En el trayecto eran alentados por los lugareños quienes les brindaban alimentos y hospedaje a precios irrisorios, amén de los consejos y los contactos necesarios.

¿PARA QUÉ SERVÍAN LA COCA Y LA CASCARILLA?
La coca, que conseguían en las regiones de Selva Alta, las trasladaban a Arequipa y vendían a las casas comerciales o a los ricos hacendados, quienes daban dicho estimulante a sus operarios o peones como parte de pago de sus jornales o como contraprestación de sus servicios. Por poner a su alcance la “hoja sagrada de los Incas”, el comerciante que los llevaba desde lugares tan lejanos era recompensado con la venta asegurada. La cascarilla es también arbusto tropical, muy útil, porque de ella se extrae la quinina, sustancia medicina que en esa época se utilizaba para combatir el paludismo, endemia arraigada en todas las yungas o quebradas interandinas del Perú.

“LA EXCEPCIÓN QUE CONFIRMA LA REGLA”
La contabilidad y el comercio los cumplió Francisco Bolognesi hasta el año 1840, cuando frisaba los 24 años de edad. En esos tiempos, de caudillismos y revoluciones, eracomún observar en los ejércitos estatales y particulares, que de estos muchos los había, a gente muy joven, tradición que habían heredado desde los tiempos de los precursores y próceres. La carrera militar era la más popular e interesante entre la juventud de entonces.
Francisco Bolognesi, que había roto dicha tradición, porque había comenzado primero como contador y comerciante, fue una de esas excepciones que confirman la regla y recién se asimila al ejército peruano en 1853, a los 37 años de edad.

BOLOGNESI ERA CASTILLISTA
Entre los años 1854 y 1855, en las luchas partidarias entre los caudillos por el poder político, Francisco Bolognesi se inclinó por la señera figura de don Ramón Castilla, cuando este caudillo se enfrentó a Rufino Echenique, por entonces supremo mandatario del Perú. Se inició la revolución de Castilla en Arequipa afines del año 1854 y el gran mariscal se dirigió a Lima. Sus tropas y el de Echenique se enfrentaron en la batalla de Las Palmas, el 5 de enero de 1855, siendo derrotado Echenique y Castilla asumió el gobierno como presidente provisional, iniciando su segundo período gubernamental. Era uno de los tantos golpes de Estado que se sucedían en el Perú desde su creación como República. Bolognesi supo desde aquellos días cómo eran los vaivenes del poder.

EXPERIMENTÓ UN ACTO MILITAR GENEROSO
En 1858, Bolognesi fue ascendido a la clase de coronel del ejército peruano. En 1860, cuando las tropas de Ramón Castilla llegaron por tierra y mar a Ecuador y Castilla ingresó a Guayaquil, con el objeto de dar una lección histórica al gobierno ecuatoriano que tenía pretensiones de anexar la parte norte del Perú a su país, Bolognesi se encontraba en dicha expedición victoriosa. Fue, pues, actor de días de gloria con las que se cubrió el ejército peruano, principalmente porque Castilla puso las cosas claras con el hermano país del norte y se despidió de sus ocasionales rivales sin ningún rencor, sin haberles cobrado el cupo de la victoria y, al contrario, después de haberles colmado de regalos a los militares ecuatorianos, dejándoles inclusive uniformes de campaña. Bolognesi aprendió de la generosidad de su comandante y presidente del Perú.

ARMAMENTO QUE SIRVIÓ PARA DEFENDER A LA PATRIA
Luego de esa contienda, Francisco Bolognesi fue enviado a Europa para que adquiera armamentos para las fuerzas armadas del Perú; con el encargo especial de comprar cañones para la marina y la fortificación del Callao. Esa adquisición hecha por Bolognesi fue de suma utilidad y sirvió para defender con éxito la integridad del Perú y de América en 1866, cuando una armada española pretendió reconquistar el Perú y atacó el Callao, Combate del Dos de Mayo, saliendo totalmente derrotada. Lo más loable en la adquisición de armamentos que hizo Bolognesi en Europa fue el hecho que nuestro insigne patriota pagó con su propio dinero el costo de 7 piezas de artillería y que según el notario y administrador de la Tesorería Principal de Lima, don Juan Ignacio Elguera, ascendía a la suma de 1 436,00 libras esterlinas y que el Estado peruano había reconocido y que debería pagarle con un interés del 6% anual.

MODERNIZÓ EL ARMA DE ARTILLERÍA E INTERVINO EN LA GUERRA
En 1868, por sus indiscutibles méritos, Bolognesi fue nombrado Comandante General de Artillería, cargo desde el cual hizo todos los esfuerzos para modernizar dicha arma del ejército peruano. En abril de 1879, al declararse la Guerra del Pacífico, Bolognesi es nombrado Jefe de la Tercera División del Sur y marcha con sus tropas a defender el frente Tacna-Arica, zona que fue considerada por los chilenos como terreno estratégico y en donde se definió en realidad la campaña terrestre. Los más decisivos encuentros se realizaron, en efecto en esa franja territorial, y Bolognesi cumplió papel destacado en las batallas de San Francisco y Tarapacá, habiendo sido los chilenos derrotados en esta última.

UNA DEUDA PÚBLICA QUE EL ESTADO NO HONRÓ
En el año 1870 el Estado peruano no había honrado todavía la deuda que tenía con Bolognesi por la adquisición de los 7 cañones Blackelly y que nuestro héroe había comprado con su plata en Europa para la defensa del Callao en el año 1866. Bolognesi reclamó de manera indignada ante ese incumplimiento y escribe una carta al ministro de Hacienda. En uno de sus párrafos dice que, incluso, “... ha encontrado abandonados en el parque general de Aduanas 7 cañones Blackelly de su propiedad, rayados...”.
En 1873, Bolognesi decide nombrar a Aquiles Fonayre como su representante, quien, en otra carta dirigida a las autoridades del Poder Ejecutivo y al ministerio de Hacienda, hace notar que por el tiempo transcurrido y los intereses devengados la deuda ascendía a 10 mil soles, queja que ya había sido elevada a los tribunales. Es decir, el Estado había sido querellado.
Dos años antes de la Guerra del Pacífico, en 1877, Francisco Bolognesi escribió una conmovedora carta, dirigida nuevamente al ministerio de Hacienda, donde le recuerda que aún se le adeudaba 10 020 soles, de acuerdo con los cálculos de liquidación practicados por la Dirección General de Contabilidad y Créditos de dicha cartera.
El 22 de febrero de 1877, Mauricio Félix Torres, representante del ministerio de Hacienda, reconoce que la deuda a Bolognesi ascendía en realidad a 13 674,03 soles. Cuando dos años más tarde estalló la Guerra del Pacífico, Bolognesi tuvo otro noble gesto: postergó su reclamo “para otra ocasión”.

UNA INCÓMODA POSICIÓN MILITAR
Pero, la superioridad chilena era manifiesta; cosa que se hizo más notoria cuando los bolivianos se retiraron definitivamente de la guerra. Bolognesi sufrió en carne propia esa disímil situación, lo que supo sobrellevar con decoro y heroísmo. En efecto, Bolognesi, al replegarse el ejército peruano a Tacna, se quedó en Arica, al frente de una guarnición de 2 000 soldados. En el puerto de Arica quedaba el emplazamiento original de este pequeño destacamento. Allí, en el Chinchorro, había una casona que sirvió a Bolognesi como su cuartel general. A pocos metros se alzaba el Morro de Arica, colina de laderas suaves hacia el continente y de altísimo y abrupto acantilado hacia el mar.

LA HISTÓRICA RESPUESTA DE BOLOGNESI
Los chilenos tenían que pasar por dicho puerto para llegar a Tacna, que queda más al norte y con quien le une un ferrocarril, por el que muy bien Bolognesi podría haber ordenado la retirada de sus soldados. En la madrugada del 6 de junio se nota que más de ocho mil hombres del ejército chileno se apuestan frente a Arica y hacen que sus cañones apunten hacia el cuartel general y al morro. El general chileno Baquedano envía al mayor Salvo donde Bolognesi, pidiéndole rendición inmediata. El veterano coronel, con las palabras que inspira solo los momentos de gloria, le replica diciendo: “Mayor, dígale a su general, que no me rindo y que lucharé hasta quemar el último cartucho”. Pero, cuando el mayor Salvo ya se retiraba, lo llama y le dice que espere, “... que en su delante va a consultar con sus oficiales”. Era, sin duda, el sabio consejo de la experiencia y de los sentimientos nobles. El viejo soldado se había dado cuenta que sería egoísta de su parte hablar en nombre de todos, principalmente de todos...los jóvenes.
La respuesta de Bolognesi
Bolognesi ordenó a su edecán que convoque a Consejo de Guerra. Todos sus oficiales se apresuraron a acudir, deseosos estaban de saber el mensaje del chileno. Bolognesi, con esa solemnidad que da la dicha de estar dando por la patria un sacrificio sublime, les trasmite a sus oficiales la propuesta de Salvo y también la respuesta que había dado. Cuando estaba por explicar el por qué de su decisión, casi al unísono y sin esperar que termine la explicación, uno por uno, sus dignos oficiales se adhirieron a las palabras de Bolognesi, ante la patética admiración y consternación del militar chileno.
Eso ocurría en la tarde del 6 de junio de 1880. Desde aquellas horas, se redoblan los preparativos para defender el morro, símbolo de la patria y de la libertad. Bolognesi da órdenes sin cesar. Se colocan las pocas baterías en lugares estratégicos; se mina el morro para hacerla “volar si fuera necesario”; se distribuyen soldados, pertrechos y alimentos. La vigilia se muestra eterna, interminable; en el mañana parece que no habrá luz.

LA BATALLA DEL MORRO DE ARICA
El 7 de junio de 1880, desde horas muy tempranas, empiezan a retumbar los cañones chilenos. Los peruanos responden con furor pero los otros son demasiados. Los regimientos de infantería y caballería chilenos anuncian su marcha con densas polvaredas. Bolognesi, hecho un titán, arenga, estimula, amenaza. Está en todas partes, parece que se multiplicara. Pero, las tropas enemigas no entran en mientes y siguen avanzando. Los peruanos empiezan a replegarse y no funciona el sistema de explosión del morro. A los pocos minutos ya se lucha cuerpo a cuerpo. Un peruano tiene que enfrentar a diez chilenos y aquéllos se van haciendo cada menos, mientras éstos parecen ser cada vez: muchos más.
Bolognesi se bate heroicamente. Sable en mano, defiende al Perú, su honra y la de sus camaradas de armas. Cuando ya existen muy pocos peruanos en pie, los chilenos rodean al grandioso soldado, lo acribillan a balazos, le hieren con bayonetas, y lo matan al Titán del Morro. Alfonso Ugarte ve la escena, coge la bandera bicolor, espolea su caballo y, antes de rendirla al enemigo, se tira por el barranco a las profundidades del morro. Arica ha caído en manos de los chilenos, muy pronto lo hará el resto del Perú, pero la lección de Bolognesi lo encumbrará ante la gloria y la inmortalidad.

Sacrificio del Joven Alfonso Ugarte
ASALTO SANGRIENTO Y MÁS DE MIL MUERTOS
“En aquella epopeya –dice José Santillán Arruz- las bajas peruanas fueron grandes: más de mil muertos. Los integrantes de los batallones Granaderos de Tacna y Cazadores de Piérola, comprendiendo jefes, oficiales y tropa, murieron casi en su totalidad (Chile tuvo 114 muertos y 337 heridos). Fue una batalla heroica y que pudo ser ganada de no ser por la falta de refuerzos, entre ellos los hombres del coronel Segundo Leiva, comandante del segundo Ejército del Sur del Perú. De allí la famosa frase de Bolognesi en sus telegramas a este oficial cuando le escribe “¡Apúrate, Leiva; todavía puede llegar!”.
En el Instituto de Estudios Históricos del Pacífico se conserva la página del diario perteneciente a un joven soldado. En ella, el conscripto refiere que, al tener su arma inservible, sólo esperaba la muerte de su compañero para coger el rifle y seguir peleando. “Hay muchos soldados en mi situación”, confesaba. La razón es que en Arica más del 70% de los fusiles eran los rifles Chassepot, que tenían un percutor tipo aguja. Al cabo de un par de horas de uso, el sistema se desgastaba y el arma quedaba inservible.

¿EL ESTADO PERUANO PAGÓ LA DEUDA DE 1866?

En 1884, a los 4 años de la heroica muerte de Bolognesi en el legendario Morro de Arica, su hija, doña Margarita Bolgnesi de Cáceres, en una carta dirigida a los poderes públicos recordó que el Estado tenía una deuda pendiente con su padre. El ministerio de Hacienda hizo la liquidación correspondiente y reconoció que a la heredera del héroe de Arica debía pagársele la suma de 20 239,07 soles. El Estado empezó a pagar a cuenta gotas y terminó de hacerlo recién en el año 1905.

Lima, junio de 2009
Julio R. Villanueva Sotomayor

viernes, 1 de mayo de 2015

¡VIVA EL DÍA DEL TRABAJO!

MODELOS ANTIGUOS Y NUEVOS EN LA SOCIEDAD DEL SIGLO XX
La década de los años 70 del siglo XX fue particularmente muy importante para la historia del Perú porque una clase militar emergente quiso imponer sus ideas y transformar el país. El modelo revolucionario que los líderes de esa aventura habían optado estuvo basado en una ideología que no aceptada el capitalismo ni el comunismo. Pretendía imponer una nueva vía de desarrollo, parecida a la que se estaba implantando en Yugoslavia, del mariscal Tito. En el resto del mundo, la pugna que desde principios de siglo se había iniciado entre el modelo capitalista y comunista, mantenía su curso bipolar, teniendo como ejes a Estados Unidos de Norteamérica y a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, aunque, a partir de los años cincuenta, la República Popular China, de Mao Tse Tung, entró a tallar en la contienda ideológica con una atroz “revolución cultural” que era la punta del iceberg de un modelo comunista totalmente nuevo. La Corea del Norte y Cuba, tercamente, eran las dos repúblicas pequeñas que a su modo y con mil sacrificios de su población, seguían una ruta socialista donde la riqueza estaba mejor distribuída pero poco espacio tenía la libertad.

LA CAÍDA DE LOS MODELOS Y DEL MURO DE BERLÍN
El modelo peruano del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas duró muy poco tiempo, así como el modelo que Tito quiso implantar en Europa. El Perú finalizó regresando a manos de los antiguos dueños del capital y Yugoslavia se balcanizó, formándose después unas cinco repúblicas con orientaciones políticas disímiles. En 1989 cayó el muro de Berlín y el mundo se hizo unipolar solo con los Estados Unidos como cabeza del planeta. China mutó y con la habilidad que sus líderes habían heredado de Lao Tse, Confucio y Mao Tse Tung aprendió muy pronto a convivir con el Tío Sam. Corea del Norte y Cuba, como diminutos lunares en la piel de la humanidad, fueron los únicos países que soportaron con estoicismo la expansión del llamado neoliberalismo, que no es era otra cosa que el neocapitalismo o “capitalismo salvaje”, tal como lo calificó el Papa Pablo II a esta nueva etapa de la vida socio-económica del mundo.


DE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL A LA ERA DEL CONOCIMIENTO
A pesar de las marchas y contramarchas que la humanidad soportó en el siglo XX en su concepción ideo-política, el mundo fue avanzando hacía el progreso y el desarrollo industrial dio pase a la Era del Conocimiento, con el soporte esencial de la alta tecnología y la informática, donde, igual que antes, los ejes fundamentales del desarrollo son el capital y el trabajo. Cada uno de estos elementos forman parte sustancial de la producción y de las relaciones sociales de producción, por tanto, sus ideas, costumbres y comportamientos están plasmados en la sociedad entera, principalmente en la dinámica económica y política.

IMPORTANCIA DEL CAPITAL Y DEL TRABAJO Y SU PUGNA HISTÓRICA
¿Quién podría desconocer la importancia del capital, ya sea en bienes de capital o en dinero “contante y sonante” para el desarrollo de un país? De igual manera, ¿quién podría discutir la importancia del trabajo? Nadie, que sea sensato. Sin embargo, ambos factores de la producción han estado en permanente pugna, emprendida por unos para mantener el statuo quo y por los otros para que haya justicia social. Esa lucha por el poder es lo que en el siglo XX convirtió el mundo en planeta de cuatro ejes, dos naturales, los polos
Norte y Sur, y dos artificiales, el Tío Sam y el Oso Ruso, y la que, ahora, lo ha hecho convertir en un trípode de ejes porque el Oso Ruso se debilitó con la Perestroika y desapareció con el Glasnot.
Dicha contienda histórica, entre capitalistas y trabajadores, es la que por no encontrar claros caminos de desarrollo de uno ni otro lado, hizo soñar a los ideólogos y militares peruanos de los años 70 a andar por un camino no capitalista y no comunista, tratando ilusamente de tomar otra vía alterna, inédita y, al fin, poco feliz. El capital y el trabajo llegaron a sus fundamentalismos, sus momentos más iracundos y delirantes. Primero, en la Guerra del Golfo Pérsico, cuando una coalición de treinta y cuatro países dirigidos por Estados Unidos atacó a los iraquiés en Kuwait, principalmente para defender el sistema financiero, entre los años 1990 y 1991. Segundo, entre los años 80 y 90, cuando se quiso hacer pasear victoriosa la “quinta espada” en territorio peruano tratando de tomar el poder del “campo a la ciudad”. La contienda con Iraq todavía tiene secuelas y se está definiendo con la toma de ese país por Estados Unidos. En cambio, las huellas de la “quinta espada” solo se ven en el VRAE.

IMPOSICIÓN DEL GRAN CAPITAL Y UN GRITO DE ESPERANZA
En el resto del mundo también la pugna socio política entre capital y trabajo pasó a dilucidarse en las guerrillas, los campos de batalla y las ocupaciones militares y quien se impuso al fin y al cabo fue el capital. El trabajo se arrinconó en su esquina, ahí está, ensangrentado, magullado y adolorido; pero el obrero, el campesino, el intelectual, el maestro, el ama de casa, todos ellos, hombres y mujeres, trabajadores dignos y honestos, no están todavía exánimes, seguramente van a resurgir gritando como en uno de los versos del poema de César Vallejo:

“Vivan con esta b del buitre en las entrañas
de Pedro y de Rojas, del héroe y del mártir!
¡Abisa a todos los compañeros pronto!
¡Viban los compañeros al pie de esta cuchara para siempre!

LA LUCHA NO HA SIDO EN VANA
La búsqueda del espacio histórico entre capitalistas y trabajadores no ha sido en vana. Ayer, el trabajador quiso resarcirse con la bandera del socialismo y no pudo. Hoy, el capitalista se engolosina con la mascarada del neoliberalismo. Pero, no está dicha la última palabra porque hay personas e instituciones que todos los días enarbolan las banderas de la dignificación humana, principalmente dignificando al trabajador. Una de ellas es la Iglesia Católica, que en casi la mitad del siglo pasado discutió ese problema y determinó pronunciarse. Dicho pronunciamiento muy pocos lo saben y si lo saben no lo comentan y si lo comentan, lo tergiversan..

UNA ANÉCDOTA MUY ELOCUENTE
Una anécdota es suficiente para comprender lo dicho. Durante la crisis del Perú muy poco después de la toma del poder por los militares en el año 1968, en el programa “Pulso” de Panamericana TV se presentó el Presidente de la Sociedad Nacional de Industrias, el Ing. Reymundo Duharte. El gran periodista Alfonso Tealdo conducía dicho programa. Uno de los invitados era el periodista de “El Comercio” don Augusto Zimmermann Zavala. Iban y venían las preguntas y le tocó preguntar a Zimmermann.
- ¿Podría decirme el Ingº Duharte si está de acuerdo con la siguiente cita: “El trabajo humano que se ejerce en la producción y el comercio es muy superior a los restantes elementos de la vida económica…?”.
- No estoy de acuerdo-dijo el Ingº Duharte- porque es un pensamiento marxista…
- No señor, es un pronunciamiento de la Iglesia Católica, en Gaudium Et Spes…
- ¡Vamos a un corte! –fue la salida de Tealdo, ducho en estos menesteres.

“ES UN PENSAMIENTO MARXISTA”, DICEN…
Todo lo que no era “música celestial” para los oídos de los capitalistas y sus representantes era tildada de marxista y por esa sensación, y con ese pretexto, es que hacen oídos sordos a los reclamos de justicia social.
¿En algún púlpito se ha escuchado comentar el pensamiento de la Iglesia sobre el trabajo y el trabajador? ¿Algún empresario que va a misa todos los domingos, reza de rodillas, se confiesa frecuentemente, etc., etc., ha aplicado en su empresa el pensamiento de la Iglesia? ¿A algún ideólogo se le ha ocurrido comentar este pensamiento en periódico, revista, libro, radio o televisión? ¿A algún dirigente sindical se le ha escuchado argumentar sus demandas basado en el pensamiento de la Iglesia? ¿No será hora de que este pensamiento se vaya imponiendo en este mundo, esclavo del neoliberalismo y del capitalismo salvaje?


¡A LEER, DIFUNDIR Y APLICAR!
Como homenaje a los trabajadores peruanos y al Magisterio de la Iglesia, publico algunas partes de la “Constitución pastoral Gaudium Et Spes sobre la Iglesia en el mundo actual”, para que con argumentos cristianos sepan hacer respetar sus derechos y sigan luchando por la justicia social. Me he dado dos licencias: los subtítulos y el subrayado de lo más pertinente.

¿QUÉ ES LO QUE DICE LA IGLESIA SOBRE EL TRABAJO HUMANO?
“El trabajo humano que se ejerce en la producción y en el comercio o en los servicios es muy superior a los restantes elementos de la vida económico, pues estos últimos no tienen otro papel que el de instrumentos.
Pues el trabajo humano, autónomo o dirigido, procede inmediatamente de la persona, la cual marca con su impronta la materia sobre la que trabaja y la somete a su voluntad. Es para el trabajador y para su familia el medio ordinario de subsistencia; por él el hombre se une a sus hermanos y les hace un servicio, puede practicar la verdadera caridad y cooperar al perfeccionamiento de la creación divina. No sólo esto. Sabemos que, con la oblación de su trabajo a Dios, los hombres se asocian a la propia obra redentora de Jesucristo, quien dio al trabajo una dignidad sobre eminente laborando con sus propias manos en Nazaret. De aquí se deriva para todo hombre el deber de trabajar fielmente, así como también el derecho al trabajo. Y es deber de la sociedad, por su parte, ayudar, según sus propias circunstancias, a los ciudadanos para que puedan encontrar la oportunidad de un trabajo suficiente. Por último, la remuneración del trabajo debe ser tal que
 permita al hombre y a su familia una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual, teniendo presentes el puesto de trabajo y la productividad de cada uno, así como las condiciones de la empresa y el bien común. La actividad económica es de ordinario fruto del trabajo asociado de los hombres; por ello es injusto e inhumano organizarlo y regularlo con daño de algunos trabajadores.
Es, sin embargo, demasiado frecuente también hoy día que los trabajadores resulten en cierto sentido esclavos de su propio trabajo. Lo cual de ningún modo está justificado por las llamadas leyes económicas. El conjunto del proceso de la producción debe, pues, ajustarse a las necesidades de la persona y a la manera de vida de cada uno en particular, de su vida familiar, principalmente por lo que toca a las madres de familia, teniendo siempre en cuanta el sexo y la edad. Ofrézcase, además, a los trabajadores la posibilidad
de desarrollar sus cualidades y su personalidad en el ámbito mismo del trabajo. Al aplicar, con la debida responsabilidad, a este trabajo su tiempo y sus fuerzas, disfruten todos de un tiempo de reposo y descanso suficiente que les permita cultivar la vida familiar, cultural, social y religiosa. Más aún, tengan la posibilidad de desarrollar libremente las energías y las cualidades que tal vez en su trabajo profesional apenas pueden cultivar”.

¿CÓMO DEBE PARTICIPAR EL TRABAJADOR?
“En las empresas económicas son personas las que se asocian, es decir, hombres libres y autónomos, creados a imagen de Dios. Por ello, teniendo en cuanta las funciones de cada uno, propietarios, administradores, técnicos, trabajadores, y quedando a salvo la unidad necesaria en la dirección, se ha de promover la activa participación de todos en la gestión de la empresa, según formas que habrá que determinar con acierto. Con todo, como en muchos casos no es a nivel de empresa, sino en niveles institucionales superiores, donde se toman las decisiones económicas y sociales de las que depende el porvenir de los trabajadores y de sus hijos, deben los trabajadores participar también en semejantes decisiones por sí mismos o por medio de representantes libremente elegidos.
Entre los derechos fundamentales de la persona humana debe contarse el derecho de los obreros a fundar libremente asociaciones que representen auténticamente al trabajador y puedan colaborar en la recta ordenación de la vida económica, así como también el derecho de participar libremente en las actividades de las asociaciones sin riesgo de represalias. Por medio de esta ordenada participación, que está unida al progreso en la formación económica y social, crecerá más y más entre todos el sentido de la responsabilidad propia, el cual les llevará a sentirse colaboradores, según sus medios y aptitudes propias, en la tarea total del desarrollo económico y social y del logro del bien común universal”.


¿CÓMO DEBEN DE SOLUCIONARSE LOS CONFLICTOS LABORALES?
“En caso de conflictos económico-sociales, hay que esforzarse por encontrarles soluciones pacíficas. Aunque se ha de recurrir siempre primero a un sincero diálogo entre las partes, sin embargo, en la situación presente, la huelga puede seguir siendo medio necesario, aunque extremo, para la defensa de los derechos y el logro de las aspiraciones justas de los trabajadores. Búsquense, con todo, cuanto antes, caminos para negociar y para reanudar el diálogo conciliatorio”.

LOS BIENES CREADOS DEBEN SER EQUITATIVOS
“Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad. Sean las que sean las formas de la propiedad, adaptadas a las instituciones legítimas de los pueblos según las circunstancias diversas y variables, jamás debe perderse de vista este destino universal de los bienes. Por tanto, el hombre, al usarlos, no debe tener las cosas exteriores que legítimamente posee como exclusivamente suyas, sino también como comunes, en el sentido de que no le aprovechen a él solamente, sino también a los demás. Por lo demás, el derecho a poseer una parte de bienes suficiente para sí mismos y para sus familias es un derecho que a todos corresponde. Es éste el sentir de los Padres y de los doctores de la Iglesia, quienes enseñaron que los hombres están obligados a ayudar a los pobres, y por cierto no sólo con los bienes superfluos. Quien se halla en situación de necesidad extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí. Habiendo como hay tantos oprimidos actualmente por el hambre en el mundo, el sacro Concilio urge a todos, particulares y autoridades, a que, acordándose de aquella frase de los Padres: Alimenta al que muere de hambre, porque, si no lo alimentas, lo matas, según las propias posibilidades, comuniquen y ofrezcan realmente sus bienes, ayudando en primer lugar a los pobres, tanto individuos como pueblos, a que puedan ayudarse y desarrollarse por sí mismos”

LA FINALIDAD PRIMERA DE LA INVERSIÓN
“Las inversiones deben orientarse a asegurar posibilidades de trabajo y beneficios suficientes a la población presente y futura. Los responsables de las inversiones y de la organización de la vida económica, tanto los particulares como los grupos o las autoridades públicas, deben tener muy presentes estos fines y reconocer su grave obligación de vigilar, por una parte, a fin de que se provea de lo necesario para una vida decente tanto a los individuos como a toda la comunidad, y, por otra parte, de prever el futuro y establecer un justo equilibrio entre las necesidades actuales del consumo individual y colectivo y las exigencias de inversión para la generación futura. Ténganse, además, siempre presentes las urgentes necesidades de las naciones o de las regiones menos desarrolladas económicamente. En materia de política monetaria cuídese no dañar al bien de la propia nación o de las ajenas. Tómense precauciones para que los económicamente débiles no queden afectados injustamente por los cambios de valor de la moneda”.

Lima, 1 de mayo de 2009
Julio R. Villanueva Sotomayor