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domingo, 3 de enero de 2016

Señor de Sipán (800-835)

En el siglo XX, después del descubrimiento de las ruinas de Machu Picchu, en 1911, y de la tumba de Tutankamón, en 1922, ningún otro resto arqueológico ha conmovido el mundo científico ni ha despertado tanta curiosidad entre el público como el hallazgo de la cámara funeraria del Señor de Sipán, catalogado como el más importante de las últimas décadas.

Ubicación Geográfica
Sipán, llamado Siec en el extinto idioma mochica, se encuentra en la parte norte de la costa peruana, en el valle de Lambayeque, a 35 kilómetros al este de la ciudad de Chiclayo. Se llega a esa localidad, enclavada en la Cooperativa Pomalca, por una carretera asfaltada.

Historia del hallazgo arqueológico
Señor de Sipán
“En abril de 1987 -dice el doctor Walter Alva-, arqueólogos y estudiantes del Museo Bruning, dirigidos por el autor, iniciamos un trabajo de rescate arqueológico en una antigua plataforma de adobe emplazada delante de dos grandes construcciones piramidales, de más de 30 m de altura que emergen entre los campos de caña de azúcar, cerca del pueblo de Sipán, en el valle de Lambayeque. Estos monumentos que pertenecen a la Cultura Mochica, debieron constituir en su época un importante santuario religioso que venía siendo depredado. Nuestra intervención, después de detener el saqueo, inició la excavación científica en la plataforma que condujo, unas semanas más tarde, a uno de los descubrimientos más fascinantes e importantes de la arqueología americana: la cámara funeraria intacta de un señor moche. Por primera vez un gobernante del antiguo Perú mostraba su esplendorosa magnificencia e invalorable información sobre la organización social, religión, tecnología y sistema de vida de la época".
Las tareas de excavación duraron diez meses. Las primeras semanas fueron de arduo trabajo físico para retirar miles de toneladas de tierra, antes de llegar al primer compartimento preínca. Las siguientes semanas fueron de una diaria familiaridad con la sorpresa porque las espátulas y las escobillas, manejadas por diestras manos, acercaban a los arqueólogos al mundo del pasado. Una excitación científica colectiva se apoderó de la expedición los últimos días de la excavación cuando arribaron a la "cámara real", aquella donde estaba enterrado el más poderoso de los señores de Lambayeque. Al descubrirlo, sintieron una sublime exultación.

Tumba del Señor de Sipán
Los tesoros guardados por las pirámides
Las dos pirámides de barro emergen en Sipán a manera de desérticas colinas, mientras sus bases besan las verdes llanuras, sembradas de caña de azúcar. Hace casi dos mil años, el paisaje de ese sector del valle de Lambayeque era una mezcla de barro y cultivos. La diferencia con el de ahora es que el hombre mochica había hecho que el barro se convirtiera en fastuosas edificaciones, donde vivían y morían los miembros de la más alta estirpe de los "señoríos mochicas". Éstos eran dueños y rectores de todo lo que pasaba en sus extensas zonas agrícolas que, así como hoy, mirados desde sus palacios, se pierden en lontananza. Dichos "señores" dejaron sus huellas y no permitieron sino hasta el año 1987 que la humanidad se entere cómo vivieron.

Sonajera de oro con la presenci de un dios alado
Estatuilla de oro que parece representar a un vasallo inclinándose ante su señor.
El recinto central y la cámara real
La excavación en el nivel central posibilitó el hallazgo de un recinto de 1,30 por 2,80 m donde había: 1150 piezas de cerámica con restos de alimentos, cuatro coronas de cobre, huesos de llamas y el esqueleto de un hombre. Al este de la pirámide se halló un relleno cuadrangular, delimitado por adobes cortados. Al ser excavado en uno de sus lados, apareció el esqueleto de un joven guardián, portando un escudo de cobre sobre el antebrazo. Sus pies estaban amputados, para que tenga "la obligación de permanecer para siempre en su puesto". Era el singular indicio de que se hallaría una tumba intacta. En efecto, la tumba era un recinto de 5 m por lado, techado con 17 vigas paralelas que soportaban antaño los sedimentos exteriores. Para proteger un ataúd de madera se habían colocado ocho ribetes metálicos, que delimitan un espacio de 2,20m por 1,25m. "Bajo la tensa atmósfera -dice el Dr. Alva- que reinaba en el ambiente, quedamos todos estupefactos cuando apareció el perfecto y enérgico rostro en miniatura de un hombrecito de oro. El arqueólogo Luis Chero, mi asistente inmediato, convino conmigo para llamar al personaje que veíamos resucitando de su largo reposo: Señor de Sipán". Los objetos que se contaron y seleccionaron fueron los siguientes:
- Dos pares de orejeras de oro y turquesa, a ambos lados del cráneo.
-Tres lanzas agudas y discos de cobre en la parte central del esqueleto, donde se halló también un lingote de oro sólido.
- Sandalias de cobre que cubrían los pies del señor.
- El fardo funerario había sido cubierto con mantos de algodón y recamado con finas placas de cobre dorado. A su alrededor se hallaban muchas conchas de spondylus procedentes del golfo de Guayaquil.
- Sobre los huesos de la cara, se encontró dos ojos, una nariz, un protector del mentón, narigueras y otros adornos del cráneo, todos ellos hechos de oro y piedras semipreciosas.
- Once pectorales estaban hechos de cuentas cilíndricas de concha roja, blanca y anaranjada, los que cubrían el pecho, las piernas y el torso del esqueleto.
- Habían cientos de cuentas de turquesa en los brazaletes del señor.
- Estaban puestos sobre el pecho 20 frutos metálicos de maní, de los cuales 10 eran de oro y 10 de plata. Los primeros estaban a su lado derecho.
- Un lingote de oro en la mano derecha del esqueleto y otro de cobre en la izquierda. La derecha sujetaba también un cetro de oro, con un alto relieve donde se ve el degollamiento de un guerrero enemigo. Su mano izquierda sostenía un cetro de similar configuración, pero fabricado de cobre.
- Dieciséis discos convexos de oro descansaban directamente sobre el pecho.
- A la altura de la garganta, se hallaba un collar con 71 esferas de oro en degradé. Más abajo, sobre el vientre, había un cuchillo de oro a la derecha y uno de cobre a la izquierda.
- Los huesos del señor estaban astillados o desintegrados. Los arqueólogos procedieron a armarlos y endurecerlos con capas de resina acrílica.
- Debajo del esqueleto apareció una gran diadema semilunar de oro. Es:"... una hoja de 62 cm de
ancho y 42 cm de altura que sólo aparecía en la iconografía mochica, relacionada a los personajes de la más alta investidura, que acaparan honores y ofrendas".
- Debajo del camastro había dos sonajas semicirculares de oro, con la mitológica figura de "El Degollador".
- Se encontró también una de las joyas más espectaculares: un protector coxal de oro de 45 cm de alto y 790 gramos de peso.
- Otro protector similar era de cobre.
- Este rico señor de 35 años de edad no había sido enterrado solo. Lo acompañaban dos mujeres jóvenes de apenas 20 años, sus esposas o favoritas y que, probablemente, fueron enterradas vivas. Además había dos esqueletos de varones, uno de los cuales era el de un guerrero y tenía entre sus piernas el esqueleto de un perro. Más alejados, se encontraban los restos de una mujer, de un niño de diez años y dos llamas.
- En cinco hornacinas que había en tres de los lados de la cámara real, se hallaron 212 vasijas de cerámica con restos de alimentos: "la comida para la vida futura".

Cetro de Poder del Señor de Sipán
Collar de oro con figurillas de maníes encadenados con piedras preciosas
Mascarilla de oro. Representa a un hombre con colmillos de jaguar
Mascarilla de oro con incrustaciones de plata y lapislázuli en los ojos
Nuevos hallazgos: tumba del sacerdote
La tumba de un sacerdote mochica fue la segunda cámara funeraria en ser encontrada. Se trataba de un personaje de menor linaje, el que había sido enterrado en la compañía de un guardián, de cuatro personas más y de un perro. El doctor Alva dice sobre dicho hallazgo que: "... tal parece que estamos rescatando los integrantes de la élite que podrían constituir una llave para conocer esta compleja sociedad".

El viejo Señor de Sipán
En el lado sur de la pirámide se ha excavado otra tumba intacta, a 6 m. de profundidad, ligeramente más pequeña que la anterior. Se encontró un esqueleto, 54 objetos de oro y otros ornamentos de cobre y piedras semipreciosas. Entre los objetos de oro, sobresalen un collar con la representación de 10 arañas de oro, otro con 10 felinos, 10 sonajeras o "chalchalcas" y varias narigueras. Fue sepultado junto a una mujer joven y a una llama. Debió antecederle, en dos o tres generaciones, al Señor de Sipán.

Significado etnohistórico del Señor de Sipán
Los restos del Señor de Sipán nos han trasladado a 1700 años atrás, aproximadamente. El valor de sus joyas y otros artefactos encontrados en su tumba es incalculable. Pero, mucho más rico es haberlo hallado en su primigenia tumba, porque ello permitirá desentrañar el modo de vida de los mochicas, una de las grandes culturas preincaicas. Por su importancia actual, el Señor de Sipán ya ha sido trasladado a varios sitios del mundo. Estuvo en Alemania para su restauración y en Estados Unidos, estuvo de museo en museo para ser observado, estudiado y admirado. Para que dichas visitas tengan la solemnidad del caso, es acompañado por una condecoración impuesta por el gobierno peruano, lo que significa un reconocimiento actual a uno de los grandes pobladores del pasado.  Los restos del Señor de Sipán descansan en el recién inaugurado (2002) Museo Tumbas Reales de Sipán de Lambayeque, donde se ha hecho una réplica de su tumba original. 

Orejeras de oro y turquesas con representación del guerrero mochica
Plato hondo adornado con estatuas que representan a pescadores
El fiel compañero de la nobleza preínca
En las antiguas tumbas andinas, los arqueólogos han encontrado las momias de los nobles siempre acompañadas de todo aquello que les podía “servir en el más allá”. Por supuesto, el noble era enterrado con más cosas cuanto más rico había sido en la tierra. Por ejemplo, los reyes, como el Señor de Sipán, fueron enterrados con sus mujeres, guerreros,cola larga”, de color blanco o negro con manchas marrones. Se le puede comparar con el actual “perro chusco”. Tenía un promedio de vida de doce años. Era de colmillos grandes, básicamente carnívoro y se alimentaba de los restos de los animales que se cazaban. Justamente, por su carácter agresivo, fue utilizado para la caza, principalmente de venados.Había sido adiestrado para acorralarlos. Luego, sus amos se encargaban de matar la presa con flechas y cuchillos.
El perro vivió junto al hombre andino desde los primeros asentamientos humanos. Durante el Precerámico el perro fue domesticado por los primeros cazadores del animales, joyas, ceramios, textiles, etc. Menos cosas se han hallado en las tumbas de los nobles de jerarquía inferior. Pero, el esqueleto del perro siempre ha sido un distintivo común. El tipo de perro que principalmente Ande y se desplazaba junto a sus amos en búsqueda de presas. Al período Poémape pertenecen los esqueletos de perros hallados en las tumbas de la nobleza de la cultura Cupisnique. Las huellas de perros en barro fresco encontradas en las excavaciones de las tumbas en el valle de Saña pertenecen al período Purulen. Las primeras representaciones del perro en esculturas pertenecen a la cultura Moche, donde ya se había constituido como “guardián y compañero de nobles y sacerdotes”. Pero, en épocas posteriores, este “perro de cola larga” fue reemplazado por el “perro sin pelo” o “perro chino”. Sus funciones cambiaron y se le utilizó más en el hogar que en la cacería criaron los nobles de la época preincaica es el llamado “perro de cacería.

“Perro de cola larga”, tipo de perro más común en el antiguo mundo Andino
Los perros de Sipán fueron de origen andino
“Las personas se equivocan al afirmar que el perro del Señor de Sipán no tuvo pelo. El famoso perro sin pelo nunca fue utilizado para la cacería porque careció de casi todos los molares y premolares. Ello lo convertía en un animal casero, comenta Ermano Maneiro, juez internacional de perros de raza de la Federación Cinológica Internacional. Maneiro comprobó esto cuando en Poémape un grupo de arqueólogos encontró el esqueleto de un perro, cuya forma le llevó de seis a siete meses identificarla. Al final, se descubrió que sí tenía pelo. Es muy difícil decir cuál de ellos, “el que se encontró junto a la tumba del Señor de Sipán o el llamado sin pelo”, es el más antiguo, pero los dos existieron en la época preínca. Sobre el origen de esta raza hay varias teorías. Una de ellas afirma que apareció junto con la migración de personas que viajaron con sus perros de Asia a América a través del estrecho de Bering. Lo que sí se puede afirmar es que aparece en ceramios de distintas culturas preíncas como Vicús, Mochica, Chimú y sobre todo Chancay con influencia Tiahuanaco” (Lucero Yrigoyen M.Q.).

 JULIO VILLANUEVA SOTOMAYOR  
"Biografías -Señor de Sipán"

domingo, 3 de marzo de 2013

La Sexualidad en el mundo Prehispánico

La calificación del "antiguo Perú’’ es ambigua, generalizada e imprecisa en cuanto al ámbito sexual nos referimos. Ya que no se llega a un punto de concordancia en cuanto al fin que persiguen las ideologías y prácticas de los diversos pueblos que habitaron en la antigüedad el Perú; siendo tomados a veces por obscenos, paganos, pornográficos y degenerados. Es comprensible el uso de estos calificativos por personas cuyo pensamiento se ve influenciado por sus creencias y estilos de vida, y que no logran diferenciar las normas que rigen la sociedad actual de las costumbres que predominaban en los llamados ‘’tiempos antiguos’’.



De este modo no se puede aplicar o tener  prejuicios en contra de las sociedades que llamamos primitivas o antiguas sin antes analizar el por qué de sus acciones y preguntarnos ¿Qué enseñanzas se puede sacar de ellas? Y ¿Puede esta enseñanza servir al hombre de hoy o al de mañana? En base a estas interrogantes que abren temas polémicos, como lo es siempre el de la sexualidad (en especial tomada en sociedades antiguas como la peruana) buscamos hallar, sino respuestas, referencias que ayuden a entender esto que podría, sino debiera, considerarse un arte y parte de la cultura de un pueblo,  y no simple pornografía.
Los puntos a tratar son los siguientes:
I Parte: Sexualidad en el antiguo Perú. Tipos de fuente:
a) Las crónicas, 
b) Obras escritas por arqueólogos, antropólogos e historiadores en base a material diverso y restos arqueológicos.
II Parte: Cronología y estadística de las representaciones erótico-sexuales en el Perú Antiguo.
III Parte: La cultura visual Moche. Contexto ideológico.
IV Parte: Variantes en el acto sexual Moche. Las cinco fases del arte Erótico-sexual Moche. Actividades homo eróticas en la cerámica Moche.
V Parte: La prostitución entre los antiguos peruanos y el servinacuy o Matrimonio a prueba.

I. sexualidad en el antiguo Perú.
La vida de los antiguos peruanos estuvo seguramente inspirada y regulada por sus observaciones de la naturaleza. Su pensamiento concreto se enriqueció al intentar dar explicación a los hechos que recogían con todos sus sentidos y que imitaban y seguramente perfeccionaron. Así pues las manifestaciones sexuales están presentes en períodos diversos de la cultura pre-hispánica, en especial en su cerámica, variando desde la simple presentación anatómica de los genitales externos, de ambos sexos, hasta la ilustración detallada de relaciones sexuales practicadas en modalidades variadas.
"Son muy variadas las interpretaciones acerca de las manifestaciones sexuales en el arte prehispánico. Las opiniones varían desde un franco rechazo hacia lo que algunos consideran o consideraban una ‘’degeneración’’, que justificaba, según ellos, el duro término de "pornografía’’. ‘’Manifestaciones en la cerámica prehispánica’’. Miranda C. Hernán. 1993:141).
El doctor Pedro Weiss, eminente investigador de las enfermedades del antiguo peruano, decía sabiamente: ‘’no es razonable explicar o interpretar hechos antiguos en base a criterios modernos’’ (expresado en conferencias). Esta sagaz observación invalida una interpretación de las manifestaciones sexuales con criterios éticos y religiosos que no eran vigentes en la época en la que estas sociedades vivían. El sano consejo del doctor Weiss nos libra del error de aplicar interpretaciones y creencias modernas a prácticas ocurridas hace dos mil años. De acuerdo con el doctor Cevallos Quiñones (‘’Área y fase de la cultura Moche’’ 1985:102) y tomando el caso de una de las culturas más representativas en este tema, como es la cultura Moche, podríamos afirmar que: ‘’los ceramios incluidos los que representan cuadros eróticos eran parte del ajuar funerario, puesto que son encontrados en tumbas.



Si este tipo de manifestación artística tenía algún significado ofensivo e inmoral no se entendería por qué razón pudieron haber sido colocados junto a los restos de un ser querido, en un trance marcado por el dolor y la reverencia’’.  En cuanto al carácter e intención de los ceramios con expresiones eróticas, va disipándose la serenidad de los juicios, a medida que vamos aceptando que los símbolos y valores de los pueblos pre-colombinos fueron distintos a los de nuestro tiempo, en que algunas doctrinas de principios muy rigurosos llegaron a asociar las manifestaciones sexuales con el pecado y la condenación.
Otro planteamiento por parte del escritor Eugenio Alarco (‘’El hombre peruano en su historia’’. Cáp. 10) dice lo siguiente: ‘’Debemos recordar que la mayor parte de las culturas, entre las que se encuentran la hebreo-cristiana, han considerado y siguen considerando las relaciones sexuales, no como una de las cosas naturales y buenas de la vida. Entre nosotros esto no ocurre, solo con los selváticos. Los actuales aymaras de Chucuito, los pastores quechuas de la puna de Paratia, en Puno, los indígenas de Chavin de Huantar y sin duda muchos otros piensan que dichas relaciones son algo natural y placentero y no deben de ser materia de conflicto’’. Así logramos apreciar que para muchos escritores, historiadores, arqueólogos y hasta médicos; el acto sexual y la sexualidad en pleno no representaban (en la antigüedad) ni representan (hoy en día) comportamientos degenerativos y pornográficos, sino todo un acto de manifestaciones naturales y hasta artísticas que eran parte del desarrollo social de las comunidades.

Las fuentes. Tipos:

Las fuentes, los elementos, los vestigios, el material, que permiten analizar y deducir hechos, costumbres, conductas de la vida sexual de los antiguos peruanos, son de los siguientes tipos:
a) Las Crónicas. Documentos escritos, recogidos y dejados por los españoles, mestizos e incluso indios.  La crónica es por naturaleza un género vernáculo que brota de la historia. La crónica castellana tenía, sobre todo, como característica propia, una tendencia ascética y moralizadora. (‘’Los cronistas del Perú’’. Porras B. Raúl. 1962). Las crónicas, si bien son documentos indicadores, informadores, tal vez anunciadores, sin embargo son discutibles y, en general, pueden y deben ser cuestionados a la luz de investigaciones y descubrimientos posteriores a ellas, también actuales y con seguridad futuros. Como lo afirma Rafael Larco Hoyle: ‘’las crónicas son páginas que nos transmiten informaciones superficiales e incompletas de la vida sexual de los antiguos peruano (…) escritas algunas narraciones a partir del año 1557 no podemos tomarlas como piedra angular para conocer lo que sucedió en días de violencia y sojuzgamiento de un pueblo que solo conocía una escritura ideográfica y que, en el testimonio oral, por fuerza habría de ser, sino hermético, al menos poco locuaz. Son los cronistas, a veces, más dados al estilo ampuloso del texto que a la belleza de la realidad (…) ’’. (Ensayo sobre las representaciones eróticas del Perú pre-colombino’’. Larco H. Rafael. 1966).

Pero no todo lo escrito en las crónicas puede ser desechado. Son cartas de navegación que deben ser tomadas como indicios a partir de los que hay que profundizar la investigación complementaria aunque fuera simplemente por cotejo. "Si bien por una parte las crónicas son un valioso documento de información para poner en claro muchos aspectos de la complicada y variada trama de la vida del antiguo Perú; por otra, en lo referente a los aspectos religiosos y sexuales en particular, creo que la mayoría de ellas están ‘’contaminadas de prejuicios’’ por razones de carácter cultural, como los de orden ideológico, filosófico, moral, ético, etc. Del lugar de los que provienen los cronistas, todos ellos en su mayoría totalmente ajenos para comprender la naturaleza y esencia de esta nueva cultura radicalmente diferente a la suya’’. 
(Concepción de la sexualidad en el Antiguo Perú’’. Vergara M. Enrique. 1993:149).



Los cronistas del Perú Antiguo son numerosos y difieren entre ellos por varios aspectos: el tiempo en que escribieron, el lugar en el que lo hicieron, la profesión que ejercieron o la ideología que defendieron. Por eso no es fácil obtener conclusiones que puedan ser consideradas definitivas. Y si esto es así para los aspectos generales es aún más difícil y complicado para los de la sexualidad en especial. Veamos con mayor detalle la opinión de uno de los primeros cronistas sobre la vida sexual del poblador peruano precolombino. 
Pedro Cieza de León, llega al Perú en 1548, según Porras Barrenechea encarna un espíritu de paz y civilidad, es el primer cronista que emprende la historia peruana, indígena y española’’. (La sexualidad en el Perú pre-colombino’’. Cáceres V. Artidoro. Pág. 25).
Don Pedro Cieza de León editó su ‘’Crónica del Perú’’ a partir de 1553. Veamos algunos aspectos relacionados con la sexualidad de los antiguos peruanos, encontrados en su obra. En el Capítulo X de la segunda parte se describe: ‘’de cómo el señor, después de tomada la borla del reino, se casaba con su hermana la Coya, que es nombre de reina; y como era permitido tener muchas mujeres, salvo que entre todas la Coya era la legitima y la mas principal’’. Uno de los temas en el que muchos cronistas se detienen es en el de las uniones incestuosas entre hermanos. Se dice que habría sido Túpac Inca Yupanqui el primer monarca que se unió a su hermana, aduciendo que debiendo adorar ambos cónyuges al mismo abuelo, la unión era perfecta.


b) Obras escritas por arqueólogos, antropólogos e historiadores en base a material diverso y restos arqueológicos.
Una fuente muy valiosa para conocer la sexualidad de los peruanos precolombinos lo constituye la arqueología o mejor aún los restos arqueológicos. Objetos metálicos muestran cuerpos humanos desnudos en los que los genitales son detallados en forma prevalente e importante. ’Estatuillas como la Venus, llamada de Frías, que se conserva en al museo de Brüning de Lambayeque, son obras de arte con armonía perfecta y que, siendo huecas en su interior, seguramente tenían aplicaciones a uso ritual o curativo al poder ser llenados con algún líquido de propiedades específicas para la fertilidad por ejemplo’’ (La sexualidad en el Perú pre-colombino’’. Cáceres V. Artidoro. Pág. 73). Son también importantes los tejidos, que tienen dibujos con representaciones de la vida sexual de animales y seres humanos de época pre-colombina.Otros restos arqueológicos con contenido sexual lo constituyen las esculturas en piedra, algunas de grandes dimensiones, como las que se encuentran en la región de Huaraz, procedentes de la cultura Chavín. Son piedras con neta diferenciación sexual, con genitales masculinos o femeninos y símbolos asignados a  ambos sexos, como los que se encuentran en las columnas de la puerta de ingreso al templo principal de Chavín de Huantar.

Federico Kauffmann Doig (El Perú arqueológico -1976), gran estudioso del comportamiento sexual en los antiguos peruanos, plantea la posibilidad que las tumbas o torres funerarias ‘’chullpas’’, tengan forma peneana y representen, a una modalidad de culto fálico. Pero los mejores, más abundantes, claros e inobjetables restos arqueológicos de naturaleza sexual son las piezas cerámicas o ‘’Huacos’’. Existen centenares de ceramios de tipo erótico o sexual, repartidos en museos o colecciones privadas. En todos estos lugares se encuentran los huacos que muestran el tema de la sexualidad y una clara, evidente y pedagógica enseñanza de las costumbres sexuales de los antiguos peruanos. Las manifestaciones eróticas en la cerámica preínca parecen haber florecido en la llamada época de Auge o Clásica. Es interesante anotar que el refinamiento en la cerámica sexual llega a su máxima expresión o apogeo al terminar esa época de auge’’. (‘’La sexualidad en el Perú pre-colombino’’. Cáceres V. Artidoro. Pág. 88).


Ahora se puede leer o iconizar o interpretar el contenido simbólico o representativo de estos objetos arqueológicos: caricias, besos, representación de genitales, manipulación genital, masturbación, posiciones cóitales variadas, homosexualidad y hasta intento de amputación peneana que pudiera señalar un gesto de transexualismo, prácticas sexuales urogenitales, escenas de partos, de coitos grupales y de animales, entre otras representaciones, señalan el conocimiento y la riquísima práctica sexual de los antiguos peruanos. Algunos ejemplares presentan enfermedades y otros en los que uno o más sujetos tienen rostros cadavéricos apuntan tal vez a un intento moralizador o docente. Hay también evidencias con carácter místico religioso y otros que representan órganos sexuales aislados como cántaros o vasijas y algunos verdaderos sustitutos genitales y talvez ‘’consoladores’’ femeninos y/o masculinos.

II. Cronología y Estadística de las representaciones erótico-sexuales en el Perú Antiguo.
Dentro de un cuadro cronológico de las Culturas Antiguas Peruanas, Pre-inca e Inca, se han manifestado valiosas representaciones artísticas en relación a temas con motivos sexuales. ’Por ejemplo, los patrones estilísticos de la gran época Chavín (1200 A.E.) no son tan realistas en sus representaciones, aun así con un esfuerzo agudo y novedoso Patricia J. Lyon (Ñawpacha Nº 16) ha señalado en la temática Chavín, la ‘’vagina dentada’’. Con la presencia de la invasión de la cultura Huari en el siglo VII de nuestra era, estas ideas y sus representaciones plásticas, desaparecen. Al menos no se registran la frecuencia durante la cultura Moche en sus fases I, II, III especialmente. Con la independencia regional y la caída del imperio Ayacuchano se intenta un retorno a las creencias locales y su libre expresión, y es en la metalurgia y cerámica de la cultura Chimú (1200 – 1470 A.E.) cuando se manifiestan nuevamente las escenas y representaciones fálicas. Es decir, sobrevive con dos siglos de paréntesis, esta tradición mágico-religiosa aunque claro, el reinado Chimú habría perdido el conocimiento de las fórmulas de asociación de tierras, horneado y oxido para pintar que tuvieran los Mochica; sus representaciones se manifiestan en cerámicas negras desproporcionadas y carentes de plasticidad y el realismo Mochica’’. (Concepción de la sexualidad en el Antiguo Perú’’. Vergara M. Enrique. 1993:149).
En cuanto a porcentajes de estas representaciones se trata y tomando como muestra una de las culturas con mayor número de representaciones sexuales, como es la Cultura Mochica nos referimos a la estadística dada por P. H. Gebhard (1973), citado en repetidas oportunidades por Kauffmann Doig.
En referencia a este autor se dice: ‘’encuentra una cantidad relativamente grande de vasijas Moche (22%) representando el acariciamiento y manoseo genital… el mismo autor señala que al repasar la cerámica Moche de tema sexual encuentra ocho posiciones cóitales, y agrega: la mujer de costado y el hombre también, detrás de ella, pero parcialmente (29%), la penetración vaginal o anal por detrás (9%), la mujer supina y el hombre arrodillado o agachado entre las piernas de ella (9%), la mujer arrodillada o a gatas y el hombre agachado o parado detrás de ella (18%), la mujer prona, echada boca abajo y el hombre prono también, sobre la espalda de ella, o detrás de ella agachado entre las nalgas (18%), el hombre supino con la mujer encima de él agachado o sentado (3%), ambos sentados cara a cara (2%).

El autor sólo refiere a la porcentualización en la cultura Moche y solo refiere coito vaginal o anal’’. (La sexualidad en el Perú pre-colombino’’. Cáceres V. Artidoro. Pág. 89-90). 
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