jueves, 28 de junio de 2018

Cultura Ychma o Sociedad Ichma

Ichma o Ichmay (otras variantes: Ychma, Ychsma) es el nombre de un señorío o entidad estatal de la época preincaica del Antiguo Perú. Floreció en la costa central del Perú, en parte del actual departamento de Lima, entre los años 900 y 1470 de la era cristiana, en los periodos conocidos como el Horizonte Medio y el Intermedio Temprano. Aunque sus expresiones culturales no conformaron una unidad de estilo, se ha extendido la denominación de cultura ichma. Su principal centro ceremonial fue Pachacámac, en la costa central de Perú, donde se elevaba un templo en honor a la deidad del mismo nombre. Sus habitantes fueron excelentes agricultores en los valles Lurín y Rímac, que dominaron durante tres siglos. Además, desarrollaron la pesca y el comercio, en gran escala. El señorio Ishma era gobernado por una casta sacerdotal que residía en el templo de Pachacámac, el dios de los terremotos.



Esta deidad era muy famosa y temida, recibía ofrendas, sacrificios humanos y peregrinos que llegaban desde los confines del mundo andino. Al siglo XV el Imperio Inca anexó pacíficamente al reino Ishma, pero respetó el culto al dios Pachacámac, cuyo templo siguió siendo el oráculo más famoso del antiguo Perú; sin embargo, en 1533 llegaron los españoles, dirigidos por Hernando Pizarro y Miguel de Estete, quienes lo saquearon y lo destruyeron en gran parte. 

ETIMOLOGÍA
Ichma (o Ychsma, que según María Rostworowski es la forma correcta de su pronunciación) era el nombre original de la divinidad adorada en Pachacámac, en el idioma de la gente de la costa peruana o yunga;Pachacámac es un vocablo compuesto de origen quechua, que fue impuesto por los incas, y que significa el hacedor del mundo. Según una interpretación, la palabra ichma designaba también al colorante extraído del achiote (Bixa orellana), el cual da una tonalidad rojiza. 

Según Antonio de la Calancha, ichma era sinónimo de llimpi, nombre aplicado al azogue y a su color bermellón, utilizado como maquillaje en diversos rituales que el cronista califica de hechicerías. En cualquiera de los casos, es evidente que dicho color tenía un especial significado religioso para los ichmas. Las paredes de los templos de Pachacámac estaban pintadas de ese color.

UBICACIÓN GEOGRÁFICA
El Señorío ichma abarcó los valles medio y bajo de los ríos Lurín y Rímac, en la costa central de la actual provincia de Lima, en parte del territorio donde antaño floreció la cultura Lima. Efectivamente, las fuentes etnohistóricas hablan de una etnia ichma que dominó dichos valles hasta la época incaica;sin embargo, los datos arqueológicos disponibles muestran diversos estilos en la cerámica y variadas expresiones en la arquitectura, por lo que debemos asumir que el término ichma agrupó en realidad a varios curacazgos que tenían características distintas. Hay quienes sostienen que por el sur, los ichmas llegaron hasta el valle de Mala. Sin embargo, aún no han sido definidos los límites del estado ichma. 

LA CAPITAL 
Todo este conjunto político tenía como centro a Pachacámac, ya para entonces un antiguo centro administrativo-ceremonial, el cual fue ampliado grandemente con la construcción de las llamadas pirámides de adobe con rampa. Este santuario era sede de una divinidad muy venerada por su oráculo, cuyo prestigio desbordaba los límites del señorío ichma. Hacia allí acudían en romería los habitantes de los valles costeños e incluso los de las serranías, para hacer consultas al dios. El ídolo del dios estaba tallado en madera y resguardado en una pequeña cámara. Su prestigio habría de mantenerse a lo largo del periodo Inca, prolongándose hasta la conquista española. 

PRINCIPALES CENTROS
  • En el valle de Lurín: Pachacámac, principal centro ceremonial. Otros poblados: Maracuyá, Pampa de Flores, Jacinto Grande, Mal Paso, Molle, Manchay Alto, Huaycán, Chontay y Avillay. 
  • En el valle del Rímac: Armatambo; Maranga (en el sector llamado la ciudadela de tapia, donde destacan las huacas de Tres Palos, Cruz Blanca, San Miguel, La Cruz, La Palma); Mateo Salado; Mangomarca; Fortaleza de Campoy; Huaca Huantille; Huaca San Borja, entre otros. 


ORGANIZACIÓN POLÍTICA
El Señorío de Ichma dominaba a diversos curacazgos ubicados en los valles de Lurín y Rímac. Dichos curacazgos eran los de Sulco (Surco), Guatca, Lima, Maranca (Maranga) y Callao. Formarían una especie de confederación, aunque sobre ello no se tiene información suficiente. 

ORGANIZACIÓN SOCIAL
Al igual que otros señoríos de la costa central peruana, la masa de la población estaría dividida de acuerdo a su especialización: pescadores, agricultores, comerciantes, artesanos. En la cúspide de la pirámide social estaban, obviamente, los señores o nobles que conformaban la clase dirigente. 

ORGANIZACIÓN ECONÓMICA
Las principales actividades económicas eran la agricultura, la pesquería y el comercio de los productos excedentes. Aprovecharon y mejoraron la excelente red de canales o acequias heredada de la cultura Lima, con la que ganaron extensas áreas para el cultivo. El valle de Lima era muy fértil y daba las subsistencias a una crecida población. Los grandes recintos ceremoniales, además de su función religiosa, servían como grandes almacenes de productos alimenticios y como centros de fabricación de productos suntuarios. 

CONTEXTO HISTÓRICO
Hacia el 900 d.C. el Imperio Huari entró en franca decadencia. En su lugar surgieron expresiones culturales regionales, que inauguraron una nueva etapa en la historia andina. En los valles de Lurín y el Rímac, en el actual departamento de Lima, surge el llamado Señorío ichma o Ichimay. Los grandes poblados de la época anterior, situados en zonas alejadas de la costa (como Cajamarquilla), fueron abandonados para dar preeminencia a nuevos asentamientos más vinculados al litoral, como Pachacámac y Armatambo. También Maranga, la otrora capital de la cultura lima, volvió a tener importancia, elevándose un complejo de pirámides al sur del antiguo asentamiento. 

Al norte del señorío ichma se extendía el señorío de Collique que dominaba el valle del Chillón y la zona de Carabayllo y llegaba hasta Quivi (Quives actual). Es posible que se haya forjado una alianza entre ambos señoríos para contener las constantes invasiones de etnias de la sierra, como la de los yauyos y chacllas. Lo cierto es que hacia 1470 d.C. se produjo la irrupción de los incas, supuestamente bajo al mando del príncipe Túpac Yupanqui (el Sapa Inca era entonces Pachacútec), quien anexó toda esa región a la órbita del Tahuantinsuyo. Sin embargo, las autoridades locales se mantuvieron, previo juramento de obediencia al Inca del Cusco, y el santuario de Pachacámac mantuvo su prestigio e importancia, siendo ampliado por los mismos incas, aunque estos impusieron su propio estilo arquitectónico, elevando un templo del Sol y un Acllahuasi. 

La población del Señorío de Ichma debió ser muy grande; sólo en el valle bajo del Rímac debieron vivir más de 150 000 personas, pues según las crónicas, los incas organizaron la región en tres hunos; cada huno abarcaba a diez mil familias, según la meticulosa organización decimal inca. 

ARTE

Arquitectura 
Pirámide con rampa de Pachacámac, típico de la cultura ichma. Importantes expresiones arquitectónicas de los ichmas son sus pirámides truncas construidas con adobes, aunque algunas están sostenidas por una base de piedra. En todas ellas se distingue un común patrón religioso. Estos monumentos tienen básicamente dos características: 
  • El uso masivo del tapial, es decir de grandes adobes o adobones de barro apisonado, dejándose de lado la anterior técnica de los pequeños adobes o adobitos típicos de la cultura lima. 
  • La presencia de grandes rampas de acceso. 

En el sitio de Pachacámac se han identificado 15 templos con rampas. En Maranga, situado en el valle de Lima, destacan las pirámides o huacas de La Palma y Tres Palos. La pirámide con rampa de Huaquerones parece también seguir el mismo patrón. Dichas construcciones no solo cumplían funciones ceremoniales o religiosas, sino que también servían como almacén de productos alimenticios (maíz, ají, etc.) y como alojamiento de los artesanos que producían piezas de cerámica y tallas de madera, actividades realizadas en los sectores adyacentes a las pirámides. Tras la conquista inca las pirámides truncas con rampa cayeron en desuso y se impuso el estilo constructivo de los conquistadores. 

Cerámica 
Las construcciones ichmas se hallan asociados con cerámica con iconografía propia, que ha sido poco estudiado por los investigadores. «La cerámica ichma típica es de pasta gruesa y de color rojo claro, decorada algunas veces con combinaciones negro-blanco y blanco-rojo, con un ornamento escultórico llamado “cara gollete”, es decir, un rostro estilizado decorando el cuello o gollete de la vasija. Se incluyen motivos con figuras antropomorfas, ornitomorfas, ictiomorfas y zoomorfas.»



LECTURA: "Los tesoros ocultos de la Huaca Bellavista"

Trabajos arqueológicos en huaca Bellavista, en Santa Anita, revelan entierros de personajes de la élite de la cultura prehispánica Ichma, vestigios de la ocupación inca y restos de chinos del siglo XX. El distrito de Santa Anita tiene 28 años de fundado. Sin embargo, la evidencia de ocupación continua de la zona se remonta a varios siglos atrás. 

Así explica al Diario Oficial El Peruano la arqueóloga Roxana Gómez la importancia de los trabajos de puesta en valor de la huaca Bellavista, la más importante de la cultura Ichma en esta zona. Según comenta la especialista, directora del proyecto de recuperación del sitio prehispánico, el objetivo principal es que los vecinos de la huaca conozcan la historia de su localidad. Durante los trabajos arqueológicos se ha descubierto una serie de objetos que revelan las múltiples facetas que desempeñó este espacio a lo largo del tiempo. 
Entierros Gómez cuenta que se han encontrado varios entierros de la época ichma. Algunos de los cadáveres eran de niños. Por el ajuar funerario –joyas con aplicaciones de spondylus, delicadas piezas de tejido, cerámicas–, la arqueóloga supone que la mayoría pertenecía a la élite. Otro detalle que revela Gómez es que en el lugar también se encontraron objetos pertenecientes a la ocupación inca, como por ejemplo aríbalos. 



La arqueóloga manifiesta que el complejo tuvo un fin religioso-administrativo. Hace notar además que desde allí se domina la toma del canal de Surco, y está cerca del canal de Late, por lo que tiene una ubicación estratégica. La arqueóloga cuenta que esta huaca fue abandonada en la época del virrey Toledo. Sin embargo, tuvo eventuales usos. Por ejemplo, a inicios del siglo XX, los obreros chinos que no podían ser enterrados en el camposanto por no ser cristianos eran sepultados en las huacas. En la parte alta de este complejo se han encontrado hasta siete de estos entierros.

FUENTE: andina.com

jueves, 18 de enero de 2018

La historia del primer alcalde de Lima

Juan Luis Orrego Penagos (Historiador)

La aventurera vida de Nicolás de Ribera. Vino con Francisco Pizarro y fue uno de los famosos trece de la isla del Gallo.
En sus casi tres siglos de dominio hispano, Lima o la Ciudad de los Reyes tuvo doscientos ochenta y siete alcaldes, que gobernaban durante un año con un suplente, a semejanza del cabildo de Sevilla. De esa larga lista, el único que sobrevive en la memoria de algunos limeños es Nicolás de Ribera, apodado El Viejo, primer alcalde en 1535, año de la fundación española. Repitió la gestión en cuatro oportunidades más: 1544, 1546, 1549 y 1554.


Nicolás de Ribera "El viejo"


UN DAMERO
Su historia no queda allí. Sabemos que junto a Diego de Agüero, y bajo las indicaciones topográficas de Juan Tello, Ribera fue uno de los “trazadores” de la nueva urbe. A ellos se debió que Los Reyes fuera diseñada en forma de una cuadrícula o damero, como los campamentos romanos. Debió ser complicado adaptar las 117 manzanas que proyectaron por la prexistencia de adoratorios, caminos y canales prehispánicos. Decidieron arrimar la plaza cerca del río, no al centro del damero, y solo 62 manzanas fueron cuadradas.
Asimismo, parece que Ribera fue determinante para elegir el primer nombre de la ciudad, pues escribió en un documento que cita José A. del Busto: “se intituló la ciudad de los rreyes porque fue el día de los rreyes quando salieron a ello”. La original nomenclatura, pues, se debió a la decisión de erigirla el 6 de enero, festividad de Reyes. 
El siguiente aporte de Ribera a la ciudad es más complejo, pues fue su autoridad o vecino por casi treinta años, hasta su muerte en 1563. Tuvo que afrontar las amenazas de las huestes de Manco Inca así como los pleitos entre pizarristas y almagristas. Recibió al primer virrey, Blasco Núñez de Vela, pero no aceptó su autoridad y se opuso a la abolición de las encomiendas, pues había recibido una repartición de indios en Pisco.




ASPECTO RURAL
La Lima de don Nicolás debió tener un aspecto hosco, con la picota enclavada en la Plaza de Armas con las cabezas decapitadas de los caudillos rebeldes. Una ciudad todavía rural, con senderos arbolados que daban ingreso al damero, con huertas y jardines floridos, ruidosas acequias y casas bajas, de adobe, sobre las que asomaban las bóvedas de los templos, como la primitiva catedral, con sus sencillos campanarios.

EL PRIMER VECINO
Nuestro personaje nació en 1492 en la villa de Olvera (Cádiz). Cuando pasó a Indias se asentó en Panamá. Allí conoció a Pizarro y a Almagro, y pronto se enroló en la empresa del descubrimiento del Perú. Estuvo en el primer viaje como tesorero del rey y en el segundo formó parte de los trece de la isla del Gallo que se negaron a abandonar a Pizarro.




A su fama de lealtad con la “hueste perulera”, se añadió la de conciliador, especialmente en las disputas entre Pizarro y Almagro. No estuvo en la captura de Atahualpa, pero llegó con Almagro a Cajamarca en 1533. De gobernador de Jauja bajó a la costa y fundó un pueblo de españoles en Pachacámac y otro en Sangallán, cerca de Pisco, llamado “Lima la Vieja”. Presenció la ceremonia de fundación de la Ciudad de los Reyes, aquella mañana calurosa del 18 de enero, y fue escogido su primer burgomaestre.
El solar que le correspondió se ubicó al costado de la plazuela de Santo Domingo. La fachada de su casona daba a la calle de la Veracruz, hoy segunda cuadra del jirón Conde de Superunda, frente al convento de los frailes dominicos. Luego vivieron allí sus descendientes, los condes de Santa Ana de las Torres, quienes encargaron labrar la portada de piedra y tallar los balcones de cajón, que todavía existen, aunque muy remozados. A su muerte se le sepultó en la primera Catedral, en una capilla adquirida por él y su esposa, Elvira Dávalos y Solier. Cuando se hizo la nueva catedral, sus restos fueron trasladados a la Capilla de Santa Ana, en la nave de la Epístola. Antes de morir fundó, el 13 de mayo de 1556, el Hospital de Naturales de Ica.

FUENTE: EL COMERCIO